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Más allá de las FARC (I): guerrillas que cambiaron las armas por los parlamentos

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Las Farc

Las FARC seguirán siendo las Farc. El principal líder de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, Rodrigo Londoño, más conocido como Timochenko, ha asegurado recientemente que una vez que la guerrilla se convierta en partido político, no cambiarán sus fundamentos ideológicos o su proyecto de sociedad para Colombia. La que hasta ahora es la guerrilla más antigua de América Latina –más de medio siglo de vida– desembarcará en política con su mismo ideario revolucionario, buscando “un régimen político democrático que garantice la paz con justicia social, el respeto a los derechos humanos y un desarrollo económico con bienestar para todos”, según dijo Timochenko en la inauguración del congreso que sirvió de base para la transformación en partido político.

M-19

Este viraje de las armas hacia las instituciones, sometido a referéndum y rechazado por los votantes, no es el único que se ha realizado en Colombia. El Movimiento 19 de abril, también conocido como M-19 o ‘eme’, fue la primera guerrilla en pisar suelo democrático. El grupo surgió cuando “las oligarquías pisotearon la decisión de grandes mayorías de nuestro pueblo”, es decir, tras el presunto fraude de las elecciones presidenciales del 19 de abril de 1970, en las que resultó ganador Misael Pastrana Borrero. Entre los actos de esta guerrilla destacan el hurto de la espada de Bolívar, la ejecución del líder sindical José Raquel Mercado tras 64 días de secuestro (fue acusado de haber traicionado a la clase obrera), el robo de más de 4.000 armas al ejército y la toma de la Embajada de la República Dominicana en Bogotá.

Durante el proceso de las negociaciones de paz, uno de los requisitos para abandonar la lucha armada era la creación de una Asamblea Nacional Constituyente. Los integrantes del ‘eme’, y parte de la sociedad, ansiaban cambios constitucionales de calado en pro de una democracia firme, que diese cabida a la creación de nuevas formaciones políticas, diferentes a los dos partidos tradicionales. En las elecciones generales de 1990, el Gobierno se negó a hacer una consulta popular que autorizase el cambio constitucional incluyendo una opción en las papeletas. Sin embargo, varios grupos de la sociedad, especialmente estudiantes, llamaron a incorporar en los sobres una ‘séptima papeleta’ con esta petición. La propuesta obtuvo cierto respaldo entre la población y el ejecutivo tuvo que conformar una Asamblea Nacional Constituyente. El M-19 se desmovilizó un 9 de marzo de 1990. El entonces comandante máximo, Carlos Pizarro, entregó las armas en el campamento de Santo Domingo y más tarde se convirtieron en el grupo político Alianza Democrática M-19.

Algunos miembros consideraron que aquella desmovilización era una traición, de modo que optaron por continuar su lucha armada o unirse a otras guerrillas, como las FARC o el ELN. Mientras tanto, Pizarro se postulaba como candidato a la Alcaldía de Bogotá, donde obtuvo cerca de 80.000 votos, insuficientes para tomar el poder. Volvió a presentarse a unas elecciones, esta vez presidenciales, en mayo de 1990, pero la violencia se entrometió en sus planes. Pizarro fue asesinado el 26 de abril mientras celebraba un acto electoral. AD M-19 no murió con él, pero su luz política fue perdiendo brillo poco a poco hasta dejar de existir formalmente como partido en el año 2000 y muchos de sus miembros buscaron cobijo bajo otras siglas.

FMLN

Otra guerrilla, esta en El Salvador, que viró hacia los cauces democráticos fue el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), que debe su nombre al dirigente comunista Agustín Farabundo Martí. Cinco estructuras políticas dieron vida, en 1980, al FMLN: el Partido Comunista de El Salvador (PCS), las Fuerzas Populares de Liberación “Farabundo Martí” (FPL), el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), la Resistencia Nacional (RN) y el Partido Revolucionario de los Trabajadores Centroamericanos (PRTC). Estas siglas fueron el resultado de décadas de luchas y organización por hacer realidad las demandas del pueblo salvadoreño: democracia, justicia social y autodeterminación nacional, según la página oficial de la formación.

Un año más tarde, las fuerzas guerrilleras clandestinas del FMLN iniciaron la llamada ‘Ofensiva final’, cuyo fin era, además de derrocar la dictadura fascista, establecer un gobierno socialista y revolucionario. La insurrección se llevó a cabo en varios puntos del país, pero resultó un fracaso. En este momento, se produce un punto de inflexión en la formación político-militar: se ven obligados a pasar a la clandestinidad. Desde ahí comenzaron a extender la guerra por todo el territorio y a apropiarse zonas bajo su control o zonas de influencia. El Gobierno negaba que el conflicto fuese una guerra civil hasta que la comunidad internacional así lo catalogó.

La lucha armada desembocó en el diálogo con el Gobierno y la posterior firma de los Acuerdos de Paz el 16 de enero de 1992, en Chapultepec, México. Este tratado puso punto final a sesenta años de dictadura y dio comienzo al nuevo periplo institucional del FMLN, que se fundó como partido político el 1 de septiembre de 1992. Dos años más tarde, el partido se erigió como la segunda fuerza política nacional y obtuvo 15 Alcaldías y 21 escaños en la Asamblea Legislativa. En la actualidad, Salvador Sánchez Cerén es el presidente del país y uno de los principales dirigentes del FMLN.

URNG

En la década de los 80, los grupos guerrilleros más importantes de Guatemala, el Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP), la Organización del Pueblo en Armas (ORPA), las Fuerzas Armadas Rebeldes (FAR) y el Partido Guatemalteco del Trabajo (PGT), fundaron la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG). Pero para entender el historial de violencia en Guatemala hay que situarse en 1954. Aquel año, después de la intervención del golpe de Estado -apoyado por Estados Unidos- que derrocó a Jacobo Arbenz para instaurar una nueva dictadura militar, con Castillo Armas al frente, se produjeron una serie de fricciones entre los movimientos populares y un gobierno sirviente a las élites políticas y económicas del país.
Arbenz fue apeado del poder y las reformas agrarias, que beneficiaban en su mayoría a los campesinos, se paralizaron. Algunos militares y campesinos se unieron para levantarse en armas contra el dictador, pero resultó un fiasco. Así, decidieron trabajar desde la clandestinidad e, inspirados por el triunfo de la Revolución cubana, apostaron por crear los primeros movimientos guerrilleros, que más tarde darían origen al FAR. En 1982, con Efraín Ríos Montt al frente del país, el gobierno hace todo lo posible por quitar el apoyo del pueblo a los insurrectos y el país se sumerge en una espiral de violencia, que se ceba especialmente con los opositores y la población civil.

En 1986 ganó las elecciones Marco Vinicio Cerezo y se iniciaron una serie de conversaciones de paz, con el apoyo de la ONU, entre el Gobierno y la URNG, pero no se llegó a un acuerdo. Hubo que esperar otros diez años hasta que el presidente Álvaro Arzú concretase el acuerdo de paz. Un año más tarde, la URNG se convirtió en partido político. En 2006, se ratificó una propuesta relativa a la necesidad de comprometerse en la conformación de una fuerza amplia, democrática y progresista para la transformación del país. Así se anunció la constitución del Movimiento Amplio de Izquierda (MAIZ), que más tarde se unieron al URNG, dando lugar al URNG-MAIZ.

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