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Medicina antiterrorista: ¿qué se puede hacer para detener a Dáesh?

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Medicina antiterrorista: ¿qué se puede hacer para detener a Dáesh? 1

El terrorismo yihadista ha mudado de piel: si antes buscaba perpetrar grandes atentados, capaces de segar cientos de vidas de una sola tacada, ahora le sirve con el goteo contante de asesinatos –y su repercusión mediática gracias a las redes sociales– que puedan perpetrar los lobos solitarios. Desde finales del siglo pasado, Europa se ha visto expuesta a varias oleadas de esta clase de terrorismo: la primera recayó sobre una organización argelina, el Grupo Islámico Armado (GIA) y las siguientes fueron promovidas por Al Qaeda y, recientemente, Dáesh (también conocido como Estado Islámico). Con estos ataques las distintas organizaciones demuestran que el viejo continente sigue estando a su alcance. Ayer era Al Qaeda quien lideraba el proyecto de una yihad global, hoy lo hace Dáesh. Y da igual que se acabe con los líderes de las organizaciones, el terrorismo seguirá vivo si no se toma el problema desde el principio: la radicalización.

Para contrarrestar las dinámicas de radicalización se confeccionó la Estrategia Europea de Lucha contra el Terrorismo (ver), basada en cuatro pilares u objetivos: prevenir la formación de nuevas vocaciones terroristas; proteger a personas e infraestructuras del riesgo de posibles atentados; perseguir a los responsables de actividades terroristas para conducirlos ante la Justicia; y responder adecuadamente a los atentados, minimizando su impacto y prestando la mejor atención posible a sus víctimas.

Combatir la radicalización es un asunto harto complejo y, como casi en cualquier otra materia, se necesita de una gran labor de investigación previa para saber qué mueve a una persona a optar por esta vía. “Estas dinámicas”, asegura Luis de la Corte Ibáñez, profesor de Psicología social de la Universidad Autónoma de Madrid, en Estrategias para derrotar al Dáesh y la reestabilización regional (ver), el número 180 de los Cuadernos de Estrategia del Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE), “son fenómenos dependientes de factores contextuales y de ciertas variables de tipo estructural”. Entre estos, el experto apunta hacia la existencia de ambientes sociales donde prevalece un sentido compartido de injusticia, exclusión y humillación; la intersección entre esa clase de ambientes propicios a la radicalización y la gestación de trayectorias vitales que predisponen a sus protagonistas a la militancia en organizaciones terroristas.

[pullquote]No existe una única causa que sirva como precepto para la radicalización[/pullquote]

Sin embargo, no existe ninguna causa susceptible de operar como único principio motriz de los fenómenos de radicalización que llevan a estos individuos a participar en actos terroristas, ni tampoco ningún factor cuya intervención pudiera asegurar la culminación de tales procesos, sino más bien una variedad de factores capaces de contribuir a ellos. Algunos, según señala Ibáñez en el estudio, son los siguientes: antecedentes históricos de violencia política, bajo cuyos efectos la confrontación con las instituciones se convertiría en una opción preferente para ciertos colectivos; en algunos casos y bajo determinadas condiciones, los lazos de parentesco y amistad pueden llegar a funcionar como auténticos catalizadores con capacidad para impulsar el escalamiento de los procesos de radicalización; y las influencias contextuales, sociales y personales que contribuyen al inicio y la progresión de experiencias de radicalización pueden variar de forma significativa de individuo a individuo, dando lugar a itinerarios o trayectorias sumamente diversas.

No todas las personas que experimentan un proceso de radicalización comparten un mismo origen ni responden a un único perfil social. Además, pueden señalarse variaciones notables respecto a las motivaciones relevantes en cada caso (racionales, emocionales e identitarias). Además de la ideología del sujeto (que pretende utilizar la violencia para conseguir sus fines), también existen otras ideas y premisas que no aparecen en el informe del grupo de expertos de la Comisión Europea, como la consideración de las experiencias de radicalización yihadista como síntoma pero también efecto de los problemas de integración experimentados por inmigrantes musulmanes de primera, segunda o tercera generación; la existencia de algunos entornos especialmente propicios a la radicalización y el reclutamiento con fines terroristas, como mezquitas y lugares de culto susceptibles de ser penetrados por elementos extremistas; y, por último, la influencia del contacto con personas integradas en redes sociales vinculadas a asociaciones islamistas o creadas en torno a predicadores radicales u otras figuras carismáticas.

Cómo prevenir

Considerando los anteriores fenómenos de radicalización violenta, los modelos europeos de contrarradicalización establecen una serie de objetivos y líneas de actuación, diferentes en cada país aunque todas ellas convergen respecto a las cuestiones y formas de actuación que consideran prioritarias o imprescindibles. Uno de los elementos centrales en los planes de prevención reside en el interior de cada uno de los países europeos, “una pauta que se explica por lo limitado de las capacidades y recursos disponibles y por la lógica prioridad que cada Estado otorga a la gestión de sus problemas internos. Pero esa prioridad es también expresión de una preocupación preferente por el terrorismo que pueda ser promovido por personas radicalizadas dentro de Europa, convertido en tendencia predominante con el paso de los años en claro contraste con el escaso número de tentativas terroristas protagonizadas por individuos no residentes y extranjeros radicalizados antes de su entrada a uno u otro país europeo”, explica el experto.

En Francia se habla mucho de los guetos en los que viven, alejados de la sociedad, miles de musulmanes. Ese abandono es un síntoma del fracaso de las políticas de integración respecto a las minorías musulmanas, algo que ha desembocado en elevadas tasas de desempleo y otras desventajas económicas y sociales que afectan a las comunidades islámicas, problemas todos ellos que pueden funcionar como estímulo para el inicio de procesos de radicalización violenta. Esta asociación parece “especialmente evidente” en el caso de los jóvenes pertenecientes a las llamadas ‘segundas’ y ‘terceras’ generaciones, cuya mayor dificultad para asumir la condición europea que les corresponde por nacimiento podría explicar el predominio de ese mismo perfil entre la mayoría de los sujetos radicalizados en Europa. Por consiguiente, “los modelos y programas europeos de contrarradicalización se plantean como objetivo primordial la superación de los problemas de integración, generalmente a través de políticas y medidas destinadas a incrementar las oportunidades económicas, de empleo y educativas de los musulmanes”, recoge el estudio.

[pullquote]El abandono de las minorías pueden servir de estímulo para el inicio de procesos de radicalización[/pullquote]

En esta idea de no dejar de lado a las minorías musulmanas los gobiernos deberían dar mayor visibilidad y protagonismo a las voces moderadas del islam y a sus representantes, a fin de que su mensaje prevalezca sobre el de los extremistas. Para que esto se lleve a cabo correctamente habrá que identificar correctamente a los representantes y portavoces de las corrientes islámicas moderadas y que estos quieran colaborar con las distintas instituciones.

Otra premisa de los programas de contrarradicalización sugiere que la acción directa sobre colectivos y escenarios concretos ha de estar basada en conocimiento y experiencia de primera mano sobre esos mismos blancos de intervención, algo que demanda la implicación de, por una marte, autoridades, gobiernos y administraciones locales; y, por otra, personas y colectivos que se hallen inmersos en los escenarios que los yihadistas intentan infiltrar o colonizar. Una de las actuaciones que recalca Ibález en el escrito es “la implementación de planes o programas de ‘policía comunitaria’, destinados a promover la colaboración ciudadana para prevenir problemas de seguridad en entornos urbanos acotados, mediante el aumento de la presencia y accesibilidad de las fuerzas locales del orden y la creación de lazos de confianza con la población”.

Por último, la comunicación. Casi todas las estrategias de prevención incorporan líneas de acción dirigidas a combatir la ideología y la propaganda yihadista. El valor atribuido a dicho objetivo ha ido aumentando conforme al progresivo reconocimiento de la importancia del componente ideológico como ingrediente de los procesos de radicalización. En los inicios, las contramedidas asoptadas en el ámbito de las comunicaciones tenían un carácter meramente represivo, pero poco tiempo después se reconoció la imposibilidad de interrumpir permanentemente esos flujos comunicativos. Por ello surge la necesidad de promover nuevas acciones orientadas a prevenir los efectos de radicalización derivados de la recepción de la propaganda yihadista.

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