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Netanyahu inicia la ‘era Trump’ tras el divorcio con Obama

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El presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, quien tomará posesión de su cargo el próximo 20 de enero, se ha propuesto zurcir las relaciones con Israel, deterioradas durante el mandato de Barack Obama. El descosido del idilio entre ambos países culminó el pasado viernes 23 de diciembre con la aprobación de la resolución 2334 del Consejo de Seguridad de la ONU, con la connivencia de Obama -y el voto favorable de España-, en la que se condenan los asentamientos israelíes en territorio palestino, a los que denominan una “flagrante violación” de las leyes internacionales que ponen en peligro el proceso de paz entre ambos estados. La aprobación del texto enfureció al derechista líder israelí, Benjamin Netanyahu, que puso en marcha toda su artillería diplomática para mostrar al mundo su rechazo.

La expansión de las colonias judías en Cisjordania pone en serio peligro la solución de los dos Estados. El Acuerdo de Oslo, firmado en 1993 con la intención de crear un ente palestino junto al israelí en un plazo de cinco años, ha muerto. En Cisjordania, según datos del Instituto de Investigaciones Aplicadas de Jerusalén (ASIJ, por sus siglas en inglés), hay 1196 asentamientos judíos y 232 puestos avanzados. En la actualidad, viven casi 800.000 colonos judíos en los territorios palestinos y prevén que en 2020 la cifra ascienda hasta el millón.

La resolución 2334 no desalojará a los colonos israelíes. Tampoco les obligará a aceptar la solución de dos Estados. Y, por supuesto, tampoco derrumbará el muro que separa a israelíes de palestinos, ni zanjará el bloqueo a Gaza. La abstención de EE. UU. en la votación de la ONU es un gesto de Obama de cara a la galería, pues en la práctica no servirá de mucho, solo para denunciar lo que ya se sabía y caldear aún más el ambiente en una región del mundo ya de por sí volátil. “Es una vergonzosa maniobra antiisraelí”, dijo Netanyahu. A pesar de la difícil relación entre Obama y Bibi, Washington siempre ha permanecido al lado de los israelíes durante las dos legislaturas del demócrata. Es más, ambos han trabajado hasta la fecha por las aspiraciones políticas de Palestina en las instituciones internacionales y han firmado un acuerdo histórico por el que se le otorgan a Israel 38 millones de dólares para fondos militares, el mayor paquete de ayuda de la historia de EE. UU., según informa el Monitor de Oriente.

[pullquote]Obama siempre ha defendido los intereses israelíes: otorgó 38 millones para fondos militares[/pullquote]

Sin embargo, la derrota diplomática en el Consejo de Seguridad de la ONU crispó los nervios del primer ministro israelí, que amenazó a los países que apoyaron la medida al asegurar que pagarían un precio económico y diplomático por ello. Dicho y hecho. Netanyahu tardó poco tiempo en coger el teléfono para convocar a los embajadores de Israel en Nueva Zelanda y Senegal, dos de los cuatro países auspiciantes de la resolución, y redujo en 7,5 millones de euros los fondos que aporta a instituciones de la ONU. En cuanto a España, presidente de la sesión del pasado viernes, al igual que ha ocurrido con los otros doce países que votaron a favor de la resolución, Israel ha presentado una protesta enérgica y ha pedido a sus ministros que no viajen a estos destinos.

Comienza la ‘era Trump’

La relación entre Washington y Tel-Aviv ha sido bastante torticera para Bibi en este tiempo que Obama ha estado de inquilino en la Casa Blanca. El premier israelí denuncia que el presidente saliente ha actuado en contra de su propio compromiso anunciado en 2011 y el de todos los mandatarios estadounidenses desde la época de Jimmy Carter. “El último presidente que quiso dictar a Israel las condiciones para un acuerdo definitivo fue Carter, un presidente hostil que incluso ha dicho que Hamás no es un grupo terrorista”, ha asegurado el primer ministro israelí.

[pullquote]Trump quiere trasladar la embajada de Tel Aviv a Jerusalén[/pullquote]

Por ello, Netanyahu ansía la llegada del magnate al Despacho Oval. Necesita de alguien que le baile el agua de nuevo. Y, para ello, nadie mejor que un reaccionario como Donald Trump, capaz de desconfiar de la ONU, de los organismos internacionales y de cualquier resolución que se acuerde. El republicano puede ser el presidente más proisraelí de la historia si atendemos a la nota de uno de sus asesores sobre Israel en la que asegura que la relación EE. UU. – Israel es irrompible, que la construcción de asentamientos no es un impedimento para la paz y desecha la solución de dos Estados en la situación actual. Además, también ha elegido como embajador en el país a un ultra que ha financiado los asentamientos en Cisjordania.

Trump ya ha dado varios pasos que indican qué senda va a seguir su relación con Israel. Primero, designó al abogado David Friedman, simpatizante de la derecha política israelí y defensor de la colonización en Jerusalén Este y en Cisjordania, para que represente a EE. UU. ante el país. Por otra parte, ha declarado estar convencido de la necesidad de trasladar la embajada estadounidense de Tel Aviv a Jerusalén, cuyo estatuto, advierte el secretario general de la Organización de Liberación de Palestina (OLP), debe formar parte de las negociaciones entre Israel y Palestina. La Administración de Obama siempre se ha mostrado contraria a reconocer Jerusalén como la capital de del Estado israelí. El conflicto más prolongado de Oriente Medio cuenta con un nuevo protagonista, más incendiario que cualquiera de sus predecesores. La ‘era Trump’ se manifestará con una retórica beligerante y demagoga, pero en la práctica poco o nada cambiarán las cosas.

Sergio Garvas

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