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Quien a buen neofascista se arrima…

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Puigdemont deshojaba la margarita de su destino –“¿Declaro o no declaro la independencia? ¿Acato o no acato el 155?”– mientras se escurría sigilosa y torpemente en nuevos jardines. No contento con haber traicionado a los suyos, a los que confiaron en él, el expresidente catalán decidió huir a Bruselas a pedir asilo político. Quien le tendió la mano fue el secretario belga de migración y Asilo, Theo Francken, un neofascista cuyo partido aboga por la independencia de la región belga de Flandes.

Aquí hablamos de las malas compañías de Puigdemont y de los apoyos que había recibido su causa independentista. Más tarde, el mandatario catalán y sus adláteres dieron un paso más al buscar cobijo bajo el ala más ultra de Bélgica. El expresidente ha sido criticado hasta por el viceprimer ministro belga, Kris Peeters: “Cuando uno apela a la independencia, ha de quedarse junto a su pueblo”. Por su parte, Francken, diputado del Congreso belga por la conservadora y nacionalista Nueva Alianza Flamenca (N-VA), es un xenófobo convencido al que los nuevos tiempos le han dado visibilidad y los votos de una sociedad asfixiada le han aupado al poder.

El nombre de Francken comenzó a escribirse en tinta binaria en noviembre de 2016, cuando se negó a otorgar visados a una familia siria de Alepo con dos hijos de cinco y ocho años, después de que una familia belga de Namur, al sur del país, aceptara su acogida. Por este motivo, el diputado, que dijo que “Amberes ya se había mostrado suficientemente acogedora con los refugiados”, fue multado con 4.000 euros diarios. Finalmente, el Consejo de lo Contencioso de Extranjería belga le dio la razón y le retiró la multa. Un año antes, recuerda el diario La Voz de Galicia, Francken envió una carta a los iraquíes residentes en Bélgica en la que les invitaba a regresar “voluntariamente” a su país, ya que, les recordaba, la Administración belga había congelado las demandas de asilo de la región de Bagdad.

Y si los amigos de mis amigos son mis amigos, mal va Puigdemont. El nacionalista Francken, nada más incorporarse al Gobierno belga, en 2014, asistió al aniversario de Bob Maes, fundador de la Orden de Militantes Flamencos y conocido colaborador con el régimen nazi durante la II Guerra Mundial. Esta es una organización de extrema derecha creada en 1949, vinculada a ataques paramilitares contra inmigrantes y militantes de izquierda antes de desaparecer a finales de 1980, según informa Europa Press.

Francken, uno de los políticos más populares de Bélgica según los últimos sondeos, tuvo que retractarse a mediados de septiembre tras prometer una “limpieza” de inmigrantes de las calles. Esta salida de tono le valió un tirón de orejas del primer ministro belga, quien dijo en público que no se expresó de forma “adecuada”. Poco tiempo después, Francken precisó que no se refería a “una limpieza de gente, sino de problemas”.

Además, según cuenta Ignacio Cembrero en El Confidencial, cuando Francker era solamente diputado colgó en su página de Facebook un artículo de The Economist en el que ensalzaba la aportación de la inmigración a las economías de Occidente. En su muro, él se preguntaba cuál era el verdadero valor de la inmigración marroquí, argelina y congoleña. Pues este es el personaje que está de parte de Puigdemont.

Sergio Garvas

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