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Sexo y preocupaciones: lo que esconde un ordenador de una mujer del Estado Islámico

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Sexo y preocupaciones: lo que esconde un ordenador de una mujer del Estado Islámico 1

La mujer belga de un miembro del Estado Islámico (Dáesh) jamás pensó que su vida –al menos la que discurre por las vías de lo digital– en la capital siria del grupo terrorista iba a salir a la luz. Algunas noches, ella estaba ocupada buscando recetas de cocina; otras, descargando películas, como Piratas del Caribe; siguiendo el minuto y resultado de su equipo, el Ajax… o incluso viendo porno. Esta huella digital bien la podría haber dejado cualquier joven europeo y no pasaría nada, pero no ha sido así: quien estaba a los mandos de ese ordenador era la mujer de un miembro del Dáesh, desde Raqqa, la capital del califato en Siria.

Los datos han sido obtenidos de un disco duro tomado por miembros de Ahrar al-Furat, un grupo de resistencia clandestino que lucha contra los radicales en su territorio, después de que capturasen a la mujer, ahora prisionera de las Fuerzas Demócratas Sirias (SDF). Un intermediario ha puesto la información a disposición del diario The Daily Beast.

El ordenador, decíamos, pertenecía a una mujer belga de descendientes marroquíes y muestra las contradicciones a las que tiene que hacer frente una persona de origen europeo que decide someterse al yugo y a la doctrina yihadista. Contradicciones, por otro lado, con las que conviven los más de 500 ciudadanos belgas que han viajado a Siria e Irak para unirse a las filas del Estado Islámico.

Pero, ¿qué aportación tiene este hallazgo? Información sincera, limpia; el rastro en lenguaje binario de lo que una persona hace en su intimidad y cuando nadie le ve. Es una información muy diferente a la obtenida a través de interrogatorios a los desertores de Dáesh o los yihadistas capturados. La mujer, según cuenta el medio, en ningún momento perdió la fe en el califato, incluso en los momentos más cercanos a la derrota en Irak y Siria. Al contrario, aumentó las búsquedas de información sobre la guerra de Afganistán con el objetivo de reafirmar su radicalización.

Pero el disco duro contenía algo más: un terabyte de pornografía. Entre los títulos hallados, películas como ‘Disfruta del sexo la primera vez’ o ‘Haz que él sea tu profesor’. También se han registrado varias visitas continuas a la web pornográfica RedTube. Pero junto a los miles de datos pornográficos también había otro tanto de lecciones de clérigos yihadistas vinculados a Dáesh y Al Qaeda, literatura religiosa asociada al grupo extremista y repetidas búsquedas sobre el libro de texto de los himnos del Estado Islámico.

Esta mujer, a pesar de vivir en Raqqa, también visitaba de manera repetitiva diarios digitales occidentales con el objetivo de buscar información sobre las actividades del Estado Islámico en Europa (los atentados en Barcelona y Cambrils, por ejemplo). También se mantenía en contacto con otros islamistas radicales residentes en Bélgica. La mujer no parecía tener en mente abandonar Raqqa ni la causa yihadista, pero el 24 de agosto se encontró la siguiente búsqueda en internet: “me gustaría dejar el ISIS”. Esa misma tarde tecleó “¿Qué hacen las YPG [Unidades de Protección Popular, por sus siglas en turco] con los terroristas del ISIS?”, al parecer era consciente de que su captura era inminente.

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