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Siete puntos para entender la difícil vida de los jóvenes árabes

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Siete puntos para entender la difícil vida de los jóvenes árabes 1

De cuando en cuando, las barbaridades que asolan Siria –la última, la masacre con agentes químicos que ha matado a unas cien personas– nos recuerdan que en esta parte del mundo hay un conflicto que no parece tener fin. La guerra ha acabado con la vida de 300.000 personas y ha expulsado de su país, según datos de ACNUR, a cinco millones de sirios. La república árabe (o lo que queda de ella) representa el mayor foco de inestabilidad y violencia de una región en permanente conflicto y en la que se producen la mayor parte de las muertes por combates armados.

El mundo árabe está compuesto por 22 países (el 5 % de la población global), donde se produjeron el 68,5 % de las muertes que se registraron en el mundo por combates armados. Además, de esta zona proviene el 57,5 % de los refugiados del mundo y se realizan el 45 % de los ataques terroristas. El Informe sobre el Desarrollo Humano en el Mundo Árabe, realizado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y centrado en los jóvenes, ha documentado la realidad de esta región (puede descargarlo aquí). Dividimos en 10 puntos lo más llamativo del documento:

1- Los jóvenes no tienen hueco. El 30 % de la población árabe, unos 105 millones de personas, tiene entre 15 y 29 años. Este es el grupo humano con el mayor índice de desempleo del mundo, algo que podría alimentar futuras tensiones sociales y económicas en la región. En 2014, el desempleo juvenil en los países árabes (29,73 %) superaba por más del doble a la media mundial (13,99 %). Por si fuera poco, el futuro no pinta nada halagüeño: el reporte advierte que, si no se promueven políticas para corregir la situación, las economías árabes no podrán generar los 60 millones de nuevos puestos de trabajo que se requerirán para absorber a la nueva población en edad laboral en 2020 y estabilizar el desempleo juvenil.

2- Los conflictos armados es otro grave problema. La región ha presenciado el 17 % de los conflictos en el planeta entre 1948 y 2014; actualmente, once de veintidós países árabes están en guerra y la gran mayoría de la población ha sufrido recientemente conflictos armados, los sufre todavía o tiene muchas posibilidades de verse involucrado en uno. Los conflictos están revirtiendo los escasos progresos económicos realizados anteriormente al destruir recursos, capital y fuentes de trabajo.

3- Escaso desarrollo humano. Los países árabes incrementaron sus avances en el Índice de Desarrollo Humano (IDH) entre 1980 y 2010, aunque los niveles de ingreso no presentaron la misma tendencia. El IDH, que mide el bienestar humano a través de tres áreas: el acceso a una vida larga y saludable, posibilidad de acceder a un alto nivel educativo y, por último, a disfrutar de un estándar de vida decente y digno, experimentó cierto retroceso en 2011, con el estallido de la Primavera Árabe. El crecimiento medio en IDH se precipitó en más de un 50 % entre 2010 y 2014 en comparación con la década anterior.

4- Exclusión social. El informe documenta los grandes obstáculos que la juventud árabe enfrenta para su desarrollo personal, lo que desemboca en múltiples formas de exclusión cultural, social, económica y política.

5- Escasa participación política. El último cinco lustro, la juventud ha emergido como una fuerza catalizadora de cambio en la región. Cada vez son más los jóvenes que se alzan en contra de la exclusión económica, social y política. De hecho, en 2013, las protestas públicas consiguieron movilizar al 18 % de los jóvenes, en contraste con el 10,8 % de los países de renta media alta; sin embargo, mientras que la participación en procesos electorales fue la más baja a nivel mundial, alcanzando solo el 68,3 % en comparación con un promedio de 87,4 % en los países de renta media alta.

6- Sin hueco para las mujeres. En un mundo de por sí dominado por hombres, la región árabe se lleva la peor parte. El informe del PNUD hace hincapié en la profunda discriminación que sufre la mujer por parte de las estructuras religiosas y familiares, medios de comunicación y un largo etcétera que evita que las mujeres puedan desarrollarse en la sociedad y alcanzar todo su potencial.

7- Riesgo de radicalización. Todos estos factores crean una profunda sensación de exclusión y falta de oportunidades que persiste a lo largo de la región. Aunque la inmensa mayoría no tiene ningún deseo de participar en grupos o actividades violentas, existe una minoría que estaría abierta a participar en grupos violentos que impulsen un cambio en su vida. En este sentido, una encuesta realizada el año pasado por ASDA’A Burston-Marsteller (ver) mostraba cómo la falta de trabajos y oportunidades era, para la mayoría de encuestados (24 %), el principal motivo por el que los jóvenes se unían a las filas de Dáesh.

analytiks

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