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Trump, el sastre de la clase alta

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Donald Trump llegó a la Presidencia de Estados Unidos con el objetivo de romper todo el legado de Obama y diseminar su esencia liberal por todo el país. Tras acabar con la neutralidad de Internet, el mandatario ha puesto en marcha una reforma fiscal a medida de los ricos y las grandes empresas. Un poco más para los que más tienen, ese es el verdadero Make America great again que popularizó el magnate durante la campaña electoral.

Que la reforma fiscal beneficia a las rentas más altas no lo decimos nosotros. Lo dice la Tax Foundation, una organización de corte conservador, que sostiene que el 1 % de las personas con las rentas más altas verá cómo su cuenta de ahorros engorda un 7,5 % durante el año siguiente, mientras que ese aumento en la clase media será de 1,7 %. A largo plazo, según el Tax Policy Center, un think tank más progresista, de aquí a diez años, el 62,1 % de los beneficios de la reforma fiscal estarán en manos del 1 % con mayor renta.

El pasado sábado, el Senado estadounidense aprobó la reforma fiscal más profunda en tres décadas y este miércoles el Congreso ha dado el visto bueno definitivo. El texto final supone un recorte de impuestos que asciende a cerca de 1,5 billones de dólares en dos años. Trump y los suyos han bajado el impuesto de sociedades del 35 % al 20 %, han duplicado el mínimo exento a las familias (de 12.000 a 24.000 dólares en parejas), han situado el tipo máximo para las rentas más altas en el 37 % (por debajo del 39,6 % propuesto por la Cámara de Representantes) y han eliminado las penalizaciones para aquellos ciudadanos que no contraten un seguro médico. Además, la reforma elimina el llamado Impuesto Mínimo Alternativo, que evita que las empresas se desgraven por debajo de un umbral (hasta ahora era del 20 %, según ABC), y el impuesto de sucesiones afectará solo a cantidades superiores a los diez millones de dólares (hasta ahora, la barrera se situaba en los cinco millones).

Pero no todas las empresas están contentas con este nuevo marco impositivo. No al menos las españolas con filiales en EE. UU. La nueva normativa, según Cinco Días, establece penalizaciones para las transacciones financieras entre empresas de un mismo grupo y para la repatriación de los dividendos. José Antonio Bustos, socio del EY Global Tax Desk de Nueva York, asegura al medio que la medida que más preocupa a las empresas españolas es la limitación de los gastos financieros deducibles, que quedan fijados en el 30 % del ebitda (beneficio antes de impuestos, intereses y amortizaciones). A esta medida le acompañará otra que excluye algunas partidas, como cánones, royalties o intereses financieros, que tampoco se podrán deducir en el impuesto de sociedades, explica el diario de Prisa.

Sin embargo, hay quien dice que Trump se ha quedado corto. El liberal Juan Ramón Rallo ha escrito un artículo contra Trump en el que le critica su falta de compromiso: “Estamos ante una ‘reformita’ que no solo se aleja abismalmente de lo que el propio Trump prometió durante su campaña electoral, sino que, para mayor vergüenza, apenas exhibirá un carácter temporal en la mayoría de sus provisiones”. Los hay que siempre quieren más para los que más tienen.

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