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Túnez vuelve a la calle siete años después

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Túnez vuelve a la calle siete años después 1

Derrocaron al dictador, alcanzaron la democracia y les prometieron esperanza. Siete años después de la Revolución de los Jazmines, preludio de la Primavera Árabe, que culminó con la caída de Zine El Abidine Ben Ali, los tunecinos se encuentran en una situación muy parecida: sienten que, más que un cambio, lo que se ha producido es un lavado de cara de un régimen que no permite avanzar a sus ciudadanos. La esperanza, tras estos siete años, ya se ha gangrenado en Túnez, y ahora los ciudadanos han vuelto a la calle –empezando por las regiones más desfavorecidas– para recordar que siguen ahí y que no han sido escuchados.

La plataforma ‘¿A qué esperamos?’ (Fesh nastanneu?), creada el pasado 3 de enero, pero cuya popularidad entre la juventud ha crecido rápidamente,  convocó una protesta en el centro de Túnez con motivo de los aumentos de los precios recogidos en la Ley de Presupuestos de 2018, que, según informan varios medios, trata de imponer medidas de austeridad que aumentarían el coste de vida, el desempleo y la precariedad de los servicios públicos. La segunda noche de protestas acabó con un manifestante de 43 años muerto. Sobre las causas del fallecimiento hay distintas versiones: los manifestantes dicen que murió atropellado por la policía; los agentes, que murió de un fallo respiratorio.

Con el Ejército desplegado en las calles para controlar los enfrentamientos entre manifestantes y agentes, son los activistas y movimientos sociales los que están llamando a la calma y pidiendo a los manifestantes que salgan a la calle de forma pacífica. Hasta el momento, el número de detenidos ronda los 800. Esta es la oleada de protestas más grave contra el Gobierno que dirige Yusef Chahed, en coalición con Nidaa Tunis (conservadores laicos), En Nahda (islamistas) y los independientes, según escribe Rosa Meneses en El Mundo.

La misma periodista recuerda que enero suele ser un mes de movilizaciones sociales contra el alza de los precios, “pero esta vez las protestas ponen en jaque a las autoridades, a pocos meses de las elecciones municipales, las primeras desde la revolución”, que deberán celebrarse en mayo.

Los jóvenes tunecinos que ocuparon las calles para echar a Ben Ali han conseguido mayores libertades, pero sus vidas no han mejorado. “El pueblo quiere la caída del presupuesto!”, se escuchaba en la calle estos días atrás. “El presupuesto condensa los problemas del país: el encarecimiento de los productos básicos, el paro y el deterioro de las administraciones públicas. Por eso, nuestra principal demanda es su retirada”, declara a El País Wael Nauar, uno de los fundadores de Fesh nastanneu? Sin embargo, las protestas esconden otro malestar. “Esta manifestación es también contra la represión policial. Simplemente, por haber escrito algunos comunicados y haber llamado a manifestaciones pacíficas, 50 de nuestros activistas han sido encarcelados”, denuncia un funcionario del Ministerio de Educación.

Los jóvenes que acabaron con la dictadura de Ben Ali tienen ahora más libertad, pero sus vidas no han mejorado en términos materiales. “El problema”, explica el periodista tunecino Mohamed Krichen, “es que las dificultades económicas van acompañadas de un clima político asfixiante y tedioso, que, a su vez, va de la mano de una desesperación general ante el conjunto de la clase política del país y ante unos medios de comunicación privados que no han conseguido sino desesperar a la gente con todo lo que tiene que ver con la revolución, trivializando la vida política y dando cancha a cuestiones y personalidades triviales. El problema también es que Túnez, que hace frente a una situación económica difícil en una coyuntura regional e internacional extremadamente complicada, no encuentra a quien se ponga de su parte para que su experiencia funcione, quien ayude al país a ser de verdad un modelo de cambio democrático exitoso en sus deberes políticos y en unos proyectos de desarrollo que logren que respire una sociedad congestionada”.

Después de siete años con un déficit público anual cercano al 10 % del PIB para hacer frente a la caída de las inversiones extranjeras y el turismo, la deuda supera ya el 70 % y amenaza con precipitar al país en la bancarrota. Los ciudadanos y parte de la izquierda no están dispuestos a que sus condiciones de vida empeoren. Por ello buscan que su voz sea escuchada en las calles. De momento, el Gobierno anunció un aumento de las ayudas a las familias más necesitadas, que pasarán de 150 dinares (50 euros) a un máximo de 210 dinares (70 euros), en función del tamaño de la unidad familiar. Se calcula que el coste total de la medida será cercano a los 70 millones de dinares (23,5 millones de euros), y que se beneficiarán de ella 120.000 familias, informa El País.

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