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Ucrania ha de ser admitida en Europa

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Ucrania ha de ser admitida en Europa 1

El pasado lunes, en pleno conflicto entre Rusia y Ucrania que ha desembocado en la invasión armada de este país por las hordas de Putin, el presidente Volodímir Zelenski solicitó a la Unión Europea la entrada “inmediata” en el club comunitario. Horas después de que Zelenski reclamase a la UE una vinculación rápida mediante un procedimiento “especial”, estampó su firma en una histórica carta durante un acto en el que también estuvieron presentes el presidente del parlamento ucranio y su primer ministro, Denis Shmihal. Este último declaró poco más tarde que, después de años en los que los ucranianos han demostrado que son “parte integral” de la comunidad europea, “es hora de ponerlo sobre un papel”. Shmihal apeló también al procedimiento “especial” al que aludía Zelenski, complicado de llevar a la práctica.

Un largo conflicto

De hecho, el largo conflicto que mantienen Moscú y Kiev se recrudeció en 2014, cuando Ucrania y la UE firmaron un acuerdo de Asociación, que incluye un Área de Libre Comercio Amplia y Profunda, a instancias del Gobierno ucraniano, que no fue ratificado y que se convirtió en la mecha que encendió las protestas del Euromaidán contra la pretensión de Putin de incorporar a Ucrania en la Unión Euroasiática que pretendía crear. Aquellas manifestaciones fueron sumamente violentas y dejaron un centenar de muertos en Kiev. El 21 de febrero de 2014, se llegó a un acuerdo para poner fin a la crisis, auspiciado por los ministros de asuntos exteriores de Alemania, Polonia y Francia y en presencia de un representante presidencial ruso. El acuerdo establecía que se adelantaría la próxima elección presidencial en Ucrania, que la constitución del país adoptaría una orientación más parlamentaria y menos presidencialista y que se establecería un nuevo gobierno de coalición. Además, los promotores de la violencia serían castigados.

El resto de la historia es pintoresca: tras ese acuerdo, Yanukovich se escabulló y marchó a Rusia y el parlamento de Ucrania cumplió lo establecido, con el apoyo incluso de buena parte de los partidarios del presidente huido. Se formó un nuevo gobierno de coalición y se convocaron nuevas elecciones.

Para Rusia, aquellos hechos constituyeron un golpe de estado, pero las aguas se calmaron provisionalmente en Ucrania, mientras en el Kremlin se abría una crisis por el fracaso de la operación diseñada por el entorno de Putin.

El propio presidente ruso ha reconocido que tras aquel naufragio tomó la decisión de apoderarse por la fuerza de Crimea, reivindicada desde siempre por lo más granado del nacionalismo ruso con argumento historicistas y caducos.

Todas las provocaciones de Putin

El golpe de mano de Crimea fue seguido por otras escaramuzas provocadas por Putin, primero en la parte sur de Ucrania, estableciendo una entidad llamada Novorossiya, que fue neutralizada por el ejército y la policía ucranianos, que vencieron a los “hombrecillos verdes” (soldados rusos sin insignias ni identificación). Y algo después, en el este del país, cuando se formaron las repúblicas populares separatistas de Donetsk y Lugansk, en la región de Donbas; unas entidades conflictivas y opacas que han mantenido viva hasta el presente una especie de guerra civil que ha costado unos 14.000 muertos.

Pero a pesar de la anexión de Crimea y de esos mordiscos a la integridad territorial de Ucrania, los intentos anexionistas de Putin fracasaron. Los ucranios celebraron nuevas elecciones, legales y convincentes para la Unión Europea y la comunidad internacional, y Ucrania comenzó a reactivar su economía, mientras proseguía la decadencia rusa.

El resto de la historia es conocido. La OTAN y los Estados Unidos consideraron Europa una región estable hasta los acontecimientos del Maidan y las actuaciones de Moscú en ese contexto. En 2013, los Estados Unidos ya no tenían un solo carro de combate en Europa. Pero a partir de entonces, Putin comenzó sus marrullerías, que desembocaron en el mal cálculo actual: algunos analistas norteamericanos recuerdan ahora que después de la salida tormentosa de Kabul, que fue un desdoro para los EEUU, el asesor de seguridad de Putin, Nikolai Patrushev, insinuó que la debilidad americana tras aquel penoso fracaso podría ser una oportunidad para Rusia de recomponer los equilibrios europeos.

Por más que, para entonces, la OTAN se había desplegado ya por todo el flanco oriental de la Unión Europea.

Putin, en un callejón sin salida

Es definitiva, Putin debía pensar que Ucrania era una fruta madura que caería con facilidad, y seguramente creyó que unas escaramuzas militares en la frontera le permitirían adueñarse del país. Es claro que no esperaba la reacción económica y social de occidente, ni la tibieza de China, ni la evidencia de que se ha metido en un callejón sin salida que puede costarle la adhesión de sus conciudadanos y en última instancia la presidencia rusa.
Es difícil que Putin dé el brazo a torcer, por lo que el sacrificio de Ucrania será brutal y toda la comunidad internacional no tendrá más remedio que mantener sine die el aislamiento de un sátrapa que está laminando arbitrariamente un país en lo que ya empieza a asemejarse a un crimen de lesa humanidad.

Y la evidencia de que el abuso de Rusia sobre Ucrania no justifica una intervención de la OTAN, porque Ucrania no está en la Organización, debería compensarse con un gesto solemne de carácter europeísta, termina de convencer a Putin de que no flaquearán las condenas occidentales.

Un gesto extraordinario por parte de la UE

Nada podría haber mejor en este sentido que un gesto extraordinario de incorporación provisional de Ucrania a la Unión Europea, sin perjuicio de que no se consume la integración hasta que el país cumpla los requisitos requeridos (los famosos criterios de Copenhague y las condiciones económicas). No se puede olvidar que el Tratado de la Unión, en su capítulo referido a Defensa y Seguridad, establece en el punto siete que “si un Estado miembro es objeto de una agresión armada en su territorio, los demás estados miembros deberán prestarle ayuda y asistencia con todos los medios a su alcance, de conformidad con el artículo 51 de la carta de las Naciones Unidas. Ello se entiende sin perjuicio del carácter específico de la política de seguridad y defensa de determinados estados miembros”.

Y sigue diciendo: “Los compromisos de la cooperación en este ámbito seguirán ajustándose a los compromisos adquiridos en el Marco de la organización del tratado del Atlántico Norte, que seguirá siendo, para los estados miembros que forman parte de la misma, el fundamento de su defensa colectiva y el organismo de ejecución de esta”.

Putin debe acabar convencido de que la presión occidental no cederá y de la vida de Rusia será muy dura mientras Occidente mantenga el rostro actual de una gran severidad.

Antonio Papell
Director de Analytiks

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