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Un mundo en permanente conflicto (I)

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Un mundo en permanente conflicto (I) 1

El mundo se enfrenta a uno de sus capítulos más oscuros de su historia reciente. El fuerte aumento de las guerras que se están desarrollando en los últimos años supera nuestra capacidad para afrontar las trágicas consecuencias. Desde la crisis global de los refugiados hasta la propagación del terrorismo, nuestro fracaso colectivo para resolver los diferentes conflictos da lugar a nuevas amenazas y emergencias. La política del miedo se ha desparramado sobre las sociedades más pacíficas, inundándolas de polarización y demagogia. Y ahora irrumpe en el escenario geopolítico Donald Trump para añadir su dosis de incertidumbre a la situación. La revista especializada Foreign Policy ha analizado, uno a uno, los conflictos más importantes a los que hay que prestar atención en 2017.

Siria e Irak

Después de seis años de combate, cerca de medio millón de muertos y alrededor de 12 millones de desplazados, el presidente sirio, Basher al Assad, continúa en el poder, aunque hay determinadas zonas que escapan a su control. Los leales al mandatario sirio reconquistaron Alepo el pasado mes de diciembre, después de un desalojo de los civiles con muchas trabas y un alto el fuego, impulsado por Rusia, Turquía e Irán, muy vulnerable. Dicha troika se reunió al poco tiempo en Moscú, sin contar con la ONU ni EE. UU., para “revitalizar el proceso político” que ponga fin a la guerra. Quizá esta sea la mejor vía para reducir el nivel de la violencia en Siria.

La guerra contra Daésh no está, ni mucho menos, al borde de cesar, pero urge la necesidad de asegurar que no se alimentará aún más la violencia y la desestabilización en la región, un caldo de cultivo idóneo para el crecimiento de los yihadistas. El EI ha perdido una buena parte de sus territorios el pasado año, pero, advierte Foreign Policy, aunque sean derrotados militarmente se corre el riesgo de que, si no se abordan los problemas de gobernabilidad subyacentes, reaparezcan este u otros grupos extremistas. Cabe recordar que Daésh emergió tras un fracaso similar en Irak.

[pullquote]Aunque EI sea derrotado militarmente, es necesario abordar los problemas de gobernabilidad[/pullquote]

En este país, Daésh ha socavado aún más la capacidad del Estado de gobernar, causando graves destrucciones, la militarización de muchos jóvenes y traumatizando a la sociedad iraquí. Además, ha convertido a los partidos políticos kurdos y chiíes en facciones rivales y fuerzas paramilitares dependientes de los partidos regionales. Para evitar mayores catástrofes, Bagdad y el Gobierno del Kurdistán necesitan apoyo para evitar el ascenso de los grupos terroristas.

Turquía

El ataque de Año Nuevo sufrido en Estambul, que acabó con la vida de 39 personas, es un claro síntoma de cómo los actos terroristas se están volviendo más habituales en Turquía. Daésh se adjudicó la autoría del atentado, algo poco común en este grupo en territorio tunecino, lo que podría indicar una escalada en su actividad sanguinaria y un cambio en su modus operandi. Turquía se está preparando para una posible muestra de fuerza de EI, lo que repercutirá en la guerra de Siria e Irak. Además, el Gobierno turco continúa en conflicto con el PKK, por lo que el país se encuentra polarizado y bajo permanente tensión.

El conflicto con el PKK continúa deteriorándose desde que en julio de 2015 ambas partes llegasen a un alto el fuego. Desde entonces, la situación se ha tornado aún más crítica: en total, entre militares, fuerzas de seguridad y civiles, han muerto hasta 2.500 personas; además, debido a los enfrentamientos y a las sucesivas operaciones de seguridad, que han asolado varios distritos del sur de Turquía, de mayoría kurda, más de 350.000 civiles se han visto obligados a desplazarse. En diciembre del pasado año, el PKK pergeñó un doble atentado asesinando a 45 personas cerca de un campo de fútbol. En respuesta, el gobierno está encarcelando a representantes del movimiento kurdo. Una respuesta agresiva, a la medida de la preocupación de Ankara por las conquistas de los kurdos en los territorios de Siria y de Irak. Esto, y el peligro que supone el crecimiento de Daésh, terminaron por convencer a Erdogan para enfangarse en el conflicto más complicado de Oriente Próximo.

En casa, las cosas no le van mucho mejor al presidente turco, quien continúa con su represión contra los opositores y disidentes y está realizando presiones para introducir un sistema presidencial con el que aunar más poder. Tras el fallido golpe de estado de julio del año pasado, el gobierno inició una purga de más de 100.000 funcionarios.

Los aliados en Occidente de Turquía necesitan a un socio fuerte en la frontera sur de Europa, pero, aun así, han criticado con dureza la deriva autoritaria de Tayyip Erdogan. Palabras que, en plenas negociaciones sobre la incorporación de Turquía al bloque comunitario, no sentaron demasiado bien. El presidente turco llegó a amenazar con romper el acuerdo de refugiados de marzo de 2016 por el que Ankara se comprometía a evitar que el flujo de refugiados se trasladase a territorio europeo. En la actualidad, más de 2,7 millones de sirios en busca de asilo están registrados en Turquía.

[pullquote]Occidente necesita a una Turquía fuerte al sur de Europa[/pullquote]

Yemen

En marzo de 2017 se cumplirán dos años desde que una coalición internacional dirigida por Arabia Saudí comenzase a atacar al grupo armado de los huzíes en Yemen. Este hito fue el desencadenante de esta guerra, a la sombra del foco mediático. En este país, según un artículo de Amnistía Internacional, se cometen crímenes de guerra y “graves abusos contra los Derechos Humanos”. A los constantes bombardeos aéreos de las fuerzas de coalición hay que añadir la batalla que libran en tierra las facciones enfrentadas: por un lado, los hutíes, seguidores de la secta del islam chií zaidí, aliados con los simpatizantes del expresidente yemení, Ali Abdullah Saleh; por otro, las fuerzas contrarias a los huzíes, aliadas con el actual mandatario, Abd Rabbu Mansour Hadi, y con la coalición dirigida por arabia Saudí. Este conflicto que, según la ONU, se ha llevado por delante a unos 4.000 civiles, está causando una grave crisis humanitaria en una de las regiones más pobres del mundo árabe.

El conflicto, a pesar de que ambas partes rechazaron acudir a las conversaciones de paz de la ONU y de los desafíos que presenta, puede encauzarse si se convence a las dos partes para que acepten una hoja de ruta como base para establecer un compromiso que acabe con las diferencias regionales. En este sentido, es muy importante el papel de Arabia Saudí y los cálculos que realicen grandes potencias como EE. UU. o Gran Bretaña para convencer a Riad de que apoye plenamente el compromiso político adquirido. Un nuevo fracaso tendría consecuencias lamentables. La primera, el fortalecimiento de grupos yihadistas como Al Qaeda en la Península Arábiga y Estado Islámico, que están alimentándose del caos de Yemen.

Cuenca del lago Chad y el Sahel

Los conflictos que se suceden a lo largo del Sahel a penas aparecen en los medios de comunicación, la tragedia se produce en silencio, de puntillas. Yihadistas, grupos armados y redes criminales luchan por el poder de esta región empobrecida, donde las fronteras son porosas y los gobiernos tienen un alcance limitado. En 2016, los yihadistas localizados en el Sahel central lanzaron una serie de ataques mortales en el oeste de Níger, Burkina Faso y Costa de Marfil, demostrando la vulnerabilidad de la región. El protagonismo yihadista se lo dividen Al Qaeda en el Magreb Islámico y al-Mourabitoun, mientras crece una célula que se dice afín a Daésh. Afirma Foreign Affairs que parece “más que probable” que los ataques continúen llevándose a cabo, tanto contra civiles como contra fuerzas nacionales e internacionales.

En Malí se encuentra una de las misiones de paz más complicadas de la ONU: desde 2013, la cifra de personal asesinado en este país asciende a 70. El país afronta una grave crisis en un momento en el que el acuerdo de paz alcanzado en 2015 amenaza con romperse. Además, la ruptura de la principal alianza rebelde en el norte, la Coordinación de los Movimientos de Azawad, ha contribuido a la proliferación de grupos armados y la violencia se ha extendido al centro de Malí. Las potencias regionales deberían aprovechar la próxima cumbre de la Unión Africana en enero para reactivar el proceso de paz y, posiblemente, incorporar a grupos que están excluidos actualmente.

[pullquote]Esta región es muy vulnerable, los gobiernos deberían reaccionar ante la barbarie[/pullquote]

En la cuenca del Chad, las fuerzas de seguridad de Nigeria, Camerún y Chad han dado un paso al frente en su lucha contra los insurgentes de Boko Haram. A finales de diciembre, el presidente nigeriano anunció con gran entusiasmo el fin de estos terroristas; sin embargo, el grupo no ha sido vencido. Una lucha interna ha dividido al grupo, pero sigue siendo resistente y extremadamente violento. La insurgencia de Boko Haram, la agresiva respuesta militar y la falta de asistencia a las personas atrapadas en el conflicto amenazan con crear una espiral infinita de violencia y desesperación. Si los gobiernos regionales no se ponen manos a la obra y reaccionan ante la barbarie es muy posible que las comunidades se alineen para rebelarse en el futuro. Además, los Estados tienen que invertir en desarrollo económico y fortalecer la gobernanza local para frenar el auge de estos grupos.

analytiks

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