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Un mundo en permanente conflicto (II)

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Un mundo en permanente conflicto (II) 1
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Hace unas semanas iniciamos un extenso artículo en el que repasábamos los principales conflictos que se están desarrollando en diferentes partes del mundo y su posible desarrollo, al menos a corto plazo. Tras repasar casos como los de la guerra de Siria e Irak, la implicación de Turquía en dicho conflicto y su situación interna, recordamos, asimismo, dos zonas asoladas por la violencia pero alejadas del foco mediático: Yemen y la cuenca del lago Chad y el Sahel. En este artículo ofrecemos la segunda parte y repasamos otros conflictos de palpable actualidad.

República Democrática del Congo

Es la crisis que más posibilidades tiene de acabar pacíficamente. En septiembre del año pasado murieron 53 personas en manos de las fuerzas de seguridad, cuando se celebraron manifestaciones contra el Gobierno de Joseph Kabila, presidente del país desde 2001, año en que asesinaron a su padre (al frente del país desde 1997), ante la posibilidad de que iniciase un tercer mandato, algo prohibido por la Constitución. Las elecciones han sido retrasadas una y otra vez en la RDC –la última vez, en noviembre– por la falta de un censo electoral actualizado y fiable y el alto coste de los mismos, según la versión gubernamental.

La tensión se alargó y alcanzó su punto álgido el día 20 de diciembre. Un día antes, Kabila, al borde de la medianoche, anunció en la televisión pública la composición de su nuevo Ejecutivo. El flamante Gobierno se abrió a ministros de la oposición que colaboraron para montar una parodia de diálogo nacional y darle otra prórroga al mandato, fijando las elecciones en abril de 2018. La población entró en cólera y se celebraron varias protestas antigubernamentales en diferentes partes del país que terminaron con el asesinato de 40 civiles a manos de las fuerzas de seguridad.

Con este telón de fondo, los obispos congoleños se reunieron con el papa Francisco en Roma para desbloquear la situación política congoleña y obtuvieron el compromiso (verbal, pues no se firmó nada) por parte del presidente para convocar unos comicios a finales de este año, a los que no podrá presentarse Kabila.

[pullquote]Hay quien sostiene que el mandato de Kabila es ilegal desde el 20 de diciembre[/pullquote]

Sin embargo, esta solución no complace a todos porque muchos sostienen que su mandato es ilegal desde el 20 de diciembre. Además, en el país africano pocos se fían de los Kabila, a pesar de que contó con el apoyo de mandatarios como Jacques Chirac y George W. Bush, en su día, y del gobierno chino y varios líderes, en la actualidad. Sin embargo, a pesar de esta desconfianza entre ambas partes, el acuerdo mediado por la Iglesia Católica es la mejor oportunidad para el cambio. Postergar las elecciones daría lugar a más violencia. Los poderes africanos y occidentales deberían velar por el cumplimiento de la Constitución en el Congo.

Sudán del Sur

Después de tres años de guerra civil, la nación más joven del mundo –declaró su independencia de Sudán en 2011– sigue siendo el lugar de encuentro de varios conflictos. Los choques entre la población y el Gobierno y los ciclos de violencia étnica alimentan una lucha que ha obligado a casi tres millones de personas a abandonar el país. La alarma es tal en el país que la ONU publicó un informe el 10 de noviembre de 2016 advirtiendo a la comunidad internacional del inminente riesgo de una limpieza étnica y de un genocidio de las dimensiones del que se perpetró en Ruanda.

El joven país lleva en guerra desde 2013, cuando una facción del Ejército de Liberación del Pueblo de Sudán intentó efectuar un golpe de Estado, fruto de rivalidades internas en su brazo político, según un reportaje realizado por El Periódico. El intento de dicho golpe, propiciado por el vicepresidente Riek Machar contra el gobierno de Salva Kiir, ha enfrentado a los nuer contra los dinka, los grupos étnicos de los respectivos partidos, y ha trasladado el conflicto al resto del país, compuesto por más de sesenta grupos étnicos, históricamente enfrentados con los dinka.

En diciembre de 2015, después de que en abril de ese mismo año los rebeldes y el presidente formasen un gobierno de transición, Salva Kiir pidió un nuevo alto el fuego y un diálogo nacional para promover la paz y la reconciliación en el territorio. El acuerdo de paz contaba con el respaldo internacional. El propio secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, celebró esa “nueva etapa” y llamó a las partes “a poner fin a las hostilidades inmediatamente”. Sin embargo, la presunta buena sintonía saltó por los aires en julio de 2016, en Yuba, la capital, cuando estalló una nueva lucha entre las fuerzas gubernamentales y los rebeldes. El líder de la oposición, el antiguo vicepresidente, Machar, huyó del país. Desde ese momento, Kiir ha fortalecido su posición en la capital y en la región en su conjunto, lo que le ha brindado una gran oportunidad para promover negociaciones con elementos de la oposición armada, incluidos los que están fuera del gobierno de transición.

[pullquote]Kiir ha fortalecido su posición en la región[/pullquote]

La situación, aseguran desde Foreign Policy, ha mejorado en los últimos meses en Yuba, a pesar de que las luchas y la violencia étnica continúa extendida por todo el país. La diplomacia internacional, por su parte, están centrados en el despliegue de una fuerza de protección regional de 4.000 miembros, algo que puede resultar poco efectivo si surge un mayor brote de violencia. Por su parte, la actual misión de mantenimiento de paz de EE. UU. en Sudán del Sur (la UNMISS, por sus siglas en inglés) necesita una reforma urgente después de haber dejado patente su incapacidad para defender a los civiles después del estallido de violencia en julio del año pasado. Un destello de esperanza en la tragedia del país es el delicado acercamiento entre el país con Uganda y Sudán, lo que podría un día ayudar a conseguir cierta estabilidad en el futuro.

Afganistán

La guerra y la inestabilidad política en Afganistán supone un serio reto a la paz y la seguridad internacional 15 años después de que la coalición liderada por EE. UU. irrumpiese en el país para expulsar a los talibanes del poder en el marco de una estrategia más amplia para derrotar a Al Qaeda. En la actualidad, los terroristas están ganando terreno. Los miembros de la red Haqqani, grupo financiado y armado por la CIA para expulsar, en su día, a los soviéticos del país centroasiático, son los responsables de los principales atentados que se han producido en las principales ciudades y Dáesh se ha adjudicado la autoría de una serie de ataques contra musulmanes chíies, lo que alimenta la lucha sectaria. El número de enfrentamientos armados alcanzó el año pasado su máximo desde que la ONU comenzó a registrar incidentes en 2007. Un mayor debilitamientos de las Fuerzas de Seguridad afganas dejaría sin vigilancia ciertos espacios y abriría la puerta a la llegada de grupos terroristas.

[pullquote]En Afganistán opera la red Haqqani, grupo financiado y armado por la CIA[/pullquote]

Sin embargo, la guerra en la que más se ha enfangado EE. UU. a penas ha sido mencionada durante la campaña presidencial. Las intenciones del ahora presidente, Donald Trump, son confusas, aunque ya se ha mostrado en público su escepticismo sobre la reconstrucción del país. La Administración Trump no tiene visos de ser muy dialogante, y ahora es precisamente lo que se necesita. Según la publicación estadounidense, para llegar a una solución hay que pasar con un acuerdo previo con los talibanes, lo que precisará de una mayor convergencia regional y la participación de China. Por otra parte, el gigante asiático, Rusia y Pakistán han formado un grupo de trabajo sobre Afganistán con el objetivo declarado de crear una “estructura antiterrorista regional” en el que, al menos de momento, Kabul se ha quedado fuera.

México

La tensión existente entre EE. UU. y México, creada por Donald Trump y su idea de levantar un muro para separar ambas naciones, deportar a millones de indocumentados y romper el NAFTA. También ha tildado a los mexicanos inmigrantes de ser unos violadores, criminales y traficantes de drogas. El presidente mexicano, Enrique Peña Nieto, quiso apaciguar los ánimos invitando a Trump a visitar el país en septiembre del año pasado. Error. Además de no conseguir que el magnate rectificase, Peña Nieto irritó a los mexicanos, un pueblo asfixiado por la corrupción, el narcotráfico y una economía que se debilita.

Peña Nieto sabe que México no puede enemistarse con su vecino del norte, la primera potencia mundial. Al parecer, explica Foreign Policy, las élites políticas y empresariales mexicanas están tratando de convencer a Trump y sus asesores para modificar sus puntos de vista. Si desde la Casa Blanca se planifica y se lleva a la práctica una política de deportación masiva, tal y como dijo durante la campaña electoral Donald Trump, se desencadenaría una crisis humanitaria y de seguridad de enormes proporciones.

[pullquote]Peña Nieto sabe que México no puede enemistarse con su vecino del norte[/pullquote]

La injusticia de Trump se cebaría con los que más justicia necesitan. Los millares de personas que abandonan México y otros países de Centroamérica huyen de unas regiones con elevadas tasas de criminalidad y de pobreza. Un estudio realizado en 2016 desveló que la violencia en México y en el Triángulo Norte (Guatemala, Honduras y El Salvador) había acabado con la vida de unas 34.000 personas, más de las que murieron en Afganistán en el mismo periodo. Las deportaciones masivas y la imposición de fronteras solo servirá para desviar la migración hacia canales más peligrosos y beneficiar a las bandas criminales. EE. UU. podría servir mejor a sus propios intereses fortaleciendo su asociación con México para hacer frente a la violencia y la corrupción que asola al país.

 

analytiks

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