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Brexit, una amenaza imprevisible

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Brexit. Theresa May

Todos los cáculos sobre los efectos del Brexit y la falta de acuerdo apuntan consecuencias negativas, no solo para Reino Unido y los británicos, sino para el conjunto de los europeos. Pero lo que los analistas no explican es la enorme incertidumbre que puede crear en la economía occidental amenazando la estabilidad de la UE.

Un día después de que el Parlamento británico autorizara al Ejecutivo de Theresa May a activar el artículo 50 del Tratado de Lisboa para negociar la salida británica de la Unión Europea, el Gobierno británico ha presentado el libro blanco sobre el Brexit. En él, incide en “el interés mutuo” de Londres y la Unión Europea por mantener un acuerdo comercial “lo más libre y con menos fricciones posible”.

Reino Unido emprendió el 23 de junio de 2016 el camino, lleno de incógnitas colosales, hacia su nuevo lugar en el mundo. La histórica decisión que tomaron en las urnas los británicos abre una brecha, tal vez irrecuperable, para toda la Unión Europa y dará aliento a los movimientos que desafían la política tradicional en todo el mundo occidental.

Ahora, el rumor sobre una posible prolongación de periodo de transicin planea sobre Bruselas y Londres desde que, en los últimos días, la primera ministra británica, se mostrase dispuesta a considerarlo. De hecho, el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, ha dicho que la Unión Europea estaría abierta a ampliar el periodo en caso de que May lo solicite.

La nueva posición deja a la City londinense fuera del mercado único y a expensas de los acuerdos bilaterales que se firmen. La propuesta incluye también concesiones en ciertos temas, como participación en algunas agencias europeas sin derecho a voto o el reconocimiento del papel del Tribunal de Justicia Europeo en algunos asuntos regulatorios.

Aun contando con llegar a un acuerdo en las negociaciones con la UE, la situación política británica se ha enredado bastante y pone en peligro la aprobación del acuerdo. La facción euroescéptica ha perdido dos ministros clave y ya ha señalado que no votará a favor de este tipo de acuerdo, a sabiendas de que, de no aprobarse, el país británico está abocado a una salida “dura” en mayo (su opción preferida) sin período transitorio ni acuerdo comercial alguno. Al partido laborista, ligeramente por delante en las encuestas, le puede interesar una derrota del Gobierno en el parlamento que lleve a elecciones. Y los partidarios de la permanencia están pidiendo un segundo referéndum, esta vez con tres opciones (salida sin acuerdo, acuerdo negociado o permanencia) que podría ofrecer cualquier resultado.

El Instituto Nacional de Investigación Económica y Social dice que un Brexit sin acuerdo costaría a cada persona en Reino Unido 800 libras (unos 894 euros) al año más que el efecto de un “Brexit suave” por el que Reino Unido mantendría vínculos con la UE similares a los de Noruega. El plan de May costaría 500 libras por persona al año más que un Brexit suave.

El impacto en la economía británica podría ser aún mayor si la inversión empresarial cae, lo que agravaría el lento crecimiento de la productividad, o si una caída en la inmigración provoca escasez de mano de obra. Volverían los aranceles sobre el comercio exterior, los controles fronterizos y las restricciones a viajeros y trabajadores. Algunos advierten que habría escasez de medicamentos y otros productos. No hay que alarmarse, pero algo parecido al caos y el tiempo corre inexorable.

El ultraderechista Nigel Farage, exlíder del UKIP le ha escrito una carta a la primera ministra en la que le exige que “no escenifique un juego de resistencia y discusión que lleve al final a una rendición”, porque “la gente nunca nos lo perdonaría”.

La carta, que lleva la firma del exministro de Exteriores Boris Johnson, del exministro para el Brexit David Davis y del ultranacionalista Jacob Rees-Mog, entre otros, intenta mantener las formas pero, al mismo tiempo, es prácticamente una rebelión interna en toda regla. “Exigimos a la primera ministra que deje claro que no vinculará a Reino Unido al purgatorio perpetuo de la pertenencia a la Unión Aduanera, ya sea a través del backstop (la salvaguarda irlandesa propuesta por Bruselas) o a través de cualquier otra ruta”.

El plan de Theresa May consiste únicamente en derrotar por agotamiento al sector euroescéptico de su partido, que solo puede gritar cada vez más alto sus argumentos frente a cada nuevo giro de unas negociaciones que siguen sin despejar ninguna incertidumbre. Algo así, como cuesta abajo y sin frenos.

Leer más: ¿De quién es la culpa del ‘brexit?

analytiks

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