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Por qué en España fracasan los grupos de extrema derecha

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tentación autoritaria

El creciente aumento del apoyo electoral en Europa a partidos antieuropeos, xenófobos y antiglobalización, como el Frente Nacional de Marine Le Pen, en Francia, está relacionado con tres tipos de factores: económicos (paro y disminución del Estado de bienestar), políticos (desprestigio de la clase política y corrupción) y la inmigración. En España, estos tres elementos están presentes y, sin embargo, y a diferencia de muchos países de Europa, estos partidos no florecen ni reciben un gran apoyo. Una reciente investigación del Real Instituto Elcano muestra por qué.

La cultura política de los españoles es especialmente favorable a la Unión Europea, a la globalización y a la convivencia con individuos de otras culturas, según se desprende de la reciente investigación realizada por el RIE dentro del proyecto europeo coordinado por el think tank británico Demos sobre los temores de la población y la extensión de estas formaciones en Europa. Aquí puede ver el informe completo.

España sabe mucho de los tres factores mencionados anteriormente. En cambio, los ciudadanos, según la investigación, no culpamos ni de la crisis, ni de los elevados niveles de desigualdad y desempleo a la Unión Europea, como sí hacen en otros países: solo el 10 % de los españoles quiere abandonar la UE, frente al 22 % de los franceses, el 16 % de los aleanes o el 25 % de los suecos. Por otra parte, hay una minoría del 35 % a la que le gustaría ver una mayor integración europea. Y tampoco culpan de ello a los inmigrantes, que se han convertido en otros países en el chivo expiatorio del malestar social.

¿A qué se debe esta diferencia? El estudio sostiene que esta peculiaridad puede deberse a la experiencia vivida bajo el régimen franquista, cuya exaltación de los símbolos nacionales y sus continuas referencias a la identidad nacional son recordadas y rechazadas. En palabras de la autora del estudio, Carmen González Enríquez: “Un largo pasado autoritario y nacionalista actúa en el presente como una vacuna contra los partidos de extrema derecha. España y Portugal compartieron durante cuatro décadas una experiencia similar de nacionalismo, catolicismo y autoritarismo corporativista; y ambos países han sido inmunes hasta ahora a esta oleada de partidos populistas de derecha, a pesar de la grave crisis económica y política que han sufrido”.

En cambio, sí que se observa cierta preocupación en relación a la inmigración: un 74 % de la población considera que el número de inmigrantes en España es demasiado alto, y un 41 % declaran que probablemente votaría a un partido que defendiera posturas anti-inmigratorias. El 77 % considera que los trabajadores españoles deberían tener prioridad en el mercado laboral, lo que sugiere que los temores hacia la inmigración tienen relación con el alto nivel de desempleo. Sin embargo, solo una pequeña minoría (4 %) señala a la inmigración cuando se le pregunta por los problemas importantes del país.

La extrema derecha ha fracasado estrepitosamente en España desde la transición a la democracia y no ha conseguido ni un solo diputado desde 1979: su mensaje y sus protagonistas se ven como demasiado cercanos al pasado franquista. Sus éxitos se limitan a varios municipios donde han explotado las tensiones producidas en la convivencia con algunos grupos de inmigrantes. El hecho de que esta convivencia se haya mantenido en España sin fricciones importantes pese al impacto de la crisis económica puede considerarse un gran éxito de la sociedad española.

analytiks

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