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Solo un leve giro social

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Gobierno y Podemos firman un acuerdo sobre Presupuestos

La derecha ha recibido los presupuestos del nuevo gobierno como si se tratara de una proclama revolucionaria, y la realidad es mucho más modesta. De hecho, estamos en presencia de la alternancia más suave de cuantas se han sucedido en la etapa democrática, de la que supuso la llegada de Felipe González en sustitución de Leopoldo Calvo Sotelo, o la de Aznar tas derrotar a Felipe González, o la de Zapatero cuando sucedió a Aznar. Y, por supuesto, que la de Rajoy cuando se sentó en el sillón de Zapatero.

El proyecto de cuentas públicas que el gobierno ha enviado a Bruselas, y cuya suerte es todavía incierta porque tan sólo cuenta con los apoyos insuficientes del PSOE y de Podemos, refleja dos criterios definitorios esenciales: por una parte, el PSOE aplicará sus convicciones ideológicas progresistas con extrema moderación y dentro, por supuesto, de los márgenes de la pertenencia europea, sin poner en riesgo la estabilidad ni adoptar decisiones demasiado radicales que perturben el proceso de crecimiento en que estamos inmersos después de la gran crisis y que resulta vital para deducir el desempleo a magnitudes más manejables (aunque el 14% que se prevé al fin de la legislatura, si se concluye íntegra, no es ni mucho menos tranquilizador todavía). La Moncloa socialista es consciente, en fin, de que todavía la pulsión en pro de la igualdad no puede permitirse el lujo de amenazar la actividad económica

Por otra parte, la actitud de Podemos al secundar una propuesta tan templada refleja la maduración de Pablo Iglesias y de su organización, tras un notorio cambio de actitud. Como se recordará, este mismo partido, cuando todavía quería conquistar los cielos, frustró una alianza tripartita con el PSOE y C’s tras las elecciones de 2015 que hubiera facilitado la salida del PP del poder, y que exhibía un programa no muy distinto del que ahora ha asumido.

Una cuestión de números

Lo sustancial de la propuesta gubernamental es una subida significativa del salario mínimo para empezar a poner fin a la pobreza laboral (trabajadores que no logran atravesar el umbral de pobreza con su exiguo salario), medidas sobre pensiones, incremento de las partidas para dependencia y otras atenciones sociales, educación gratuita a niños de 0-3 años, incremento del presupuesto para vivienda y medidas sobre alquiler, reforma de los bonos eléctrico y gasista… En definitiva, según las cifras oficiales el impacto en los Presupuestos de las medidas de ingreso que afectan a la Administración General del Estado será de 4.489 millones de euros. Y se prevé una recaudación de 5.678 millones de euros con las medidas de la reforma fiscal y lucha contra el fraude acordada con Podemos, sin incluir los ingresos por cotizaciones. Además, el presupuesto incluye un ajuste estructural de 0,4% del PIB para reducir el déficit al 1,8% del PIB en 2019

Cálculos aproximados sobre el cuadro macroeconómico remitido a Bruselas ponen de manifiesto que las empresas costearán unos 5.500 millones de euros, lo que viene a ser la cuarta parte de lo que actualmente se recauda en concepto de impuesto de sociedades (se establecerá una tarifa mínima y habrá impuestos digital, financiero y sobre el gasóleo), ya que el IRPF no se tocará en más del 98% de los casos (es absurdo decir que la reforma afecta a las clases medias). Y la presión fiscal, que es del 38,5% —ocho puntos por debajo de la media de la UE— subirá hasta el 39,1%.

Quiere decirse, en definitiva, que el debate presupuestario versa sobre magnitudes del gasto y de los ingresos que no alcanzan siquiera el 1% del PIB, y que con este cambio de tendencia se pretende compendiar el paso de un modelo neoliberal —que ha sido incapaz de aproximar en términos de equidad la era poscrisis a la etapa precrisis— a otro levemente socialdemócrata, progresista. A la vista de este peso relativo de las medidas, el catastrofismo con que la derecha ha acogido las tímidas reformas se vuelve sencillamente absurdo. Que el PP nos diga que estamos al borde del abismo por esta causa, después de haber padecido todos los españoles una colosal burbuja inmobiliaria que Rodrigo Rato dejó en herencia a Pedro Solbes, parece una broma. Entre otras razones, porque, por definición, una democracia consolidada como la nuestra soporta a la perfección y sin conmoverse una alternancia política, siempre que los actores se comporten con racionalidad y moderación.

Es, por lo mismo, pintoresco que la derecha política lance anatemas sobre el discreto proyecto presupuestario, y ha sido sencillamente inaceptable que Casado haya viajado incluso a Bruselas para prevenir a las autoridades comunitarias del desmán que aquí se tramaba. En todo caso, el desprestigio no está siendo para España –todo el mundo conoce bien a Nadia Calviño— sino para quien va a Europa como quien va a un mitin en cualquier arrabal.

Iberia 350
Antonio Papell
Director de Analytiks

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