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Por desgracia, nadie se equivocó. Las últimas encuestas y los analistas internacionales lo tenían meridianamente claro: Bolsonaro iba a convertirse en el nuevo presidente de Brasil. El exmilitar ha ganado por un 55 % de los votos a su rival, Fernando Haddad, del Partido de los Trabajadores (PT). La democracia brasileña será parasitada por un aspirante a sátrapa moderno.

Una de las claves para esta victoria es el repaso del ultraconservador en el Estado de Sao Paulo a su rival. Aquí, Bolsonaro ha conseguido el 68,13 % de los votos (más de 14 millones) frente al 31,87 % de Haddad (poco más de 6,5 millones). Si ampliamos un poco más el foco podemos sacar la siguiente conclusión: el candidato del PT solo ha podido plantar cara a Bolsonaro en la región nordeste, su nicho habitual de electores. El sudeste y el sur han sido para el líder populista, donde ha obtenido porcentajes cercanos al 70 %.

Comienza una nueva era en Brasil. Una nueva etapa en la que al frente del país se coloca alguien que reivindica la figura del coronel Ustra, símbolo de las violaciones a los derechos humanos entre 1964 y 1985. Jair Bolsonaro será el 38º presidente de Brasil y el octavo tras el régimen militar que gobernó el país desde la década de 1960 hasta 1985. El nostálgico de la dictadura, tras una campaña agresiva, donde la desinformación ha jugado un papel clave, llega a la presidencia del país más grande de América Latina. El rechazo a la corrupción y a los gobiernos del PT (Lula y Dilma), el apoyo masivo de la población evangélica a Bolsonaro y la falta de apoyo de Ciro Gomes, el tercer candidato más votado en la primera vuelta, a Haddad. Muchos analistas coinciden en que estos tres elementos han sido fundamentales para la victoria de Bolsonaro.

La victoria del sexagenario es contundente y no admite una doble lectura. Bolsonaro gana dentro y fuera de Brasil. El 71 % de los electores que han votado fuera del país se han decantado por él. Ciudades como Miami, Atlanta, Boston y Los Ángeles, en EE. UU.; Lisboa, Porto y Faro, en Portugal; Berlín y Fráncfort, en Alemania; y París, en Francia, se han decantado por Bolsonaro.

Y se hizo realidad

No se puede decir que los brasileños no sabían a quién votaban. Sus disparates se han dispersado por toda la prensa, por todo el mundo. Quizá aquí resida una explicación a su victoria. Quizá. Tendrá que pasar tiempo para que lo averigüemos. Con Bolsonaro llega el Brasil colonial y excluyente, el de las oligarquías, el de los ricos, el de los mercados. El tiempo de los pobres se ha acabado. Es hora del ultraliberalismo militar.

Pablo Gentili ofrece en las páginas de El País una mirada trágica sobre el ‘Brasil que queda’. “El congreso brasileño está compuesto por 513 diputados y 81 senadores, distribuidos en 30 partidos. La elección de 2018 supuso la mayor renovación de representantes en tres décadas de democracia. Sin embargo, el poder del parlamento se distribuye no solo en función de los partidos, sino de los intereses corporativos que defienden los diputados y senadores. Tres son las bancadas interpartidarias mayoritarias. Lo eran en el pasado y lo seguirán siendo ahora, con un congreso que eligió también el mayor número de legisladores de extrema derecha de toda su historia”, señala el autor.

Las tres bancadas que menciona Gentili son: la del Frente Parlamentario Agropecuario (con más de 260 representantes, respaldan la deforestación del Amazonas), la ‘Bancada de la Bala (son uno 250 diputados y senadores, la forman militares, policías o defensores de la violencia represiva del Estado) y la ‘Bancada de la Biblia (más de 100 representantes, luchan contra cualquier progreso social, como el matrimonio homosexual o el aborto). “Las tres bancadas”, explica Gentili, “tendrán 610 representantes, en un Congreso Nacional con 594 miembros. Naturalmente, esto se explica porque algunos diputados o senadores pertenecen, al mismo tiempo, a las bancadas del agronegocio, son evangélicos y militares”.

¿Sobrevivirá la democracia?

La formación que ha arropado a Bolsonaro ha sido el Partido Social Liberal. Hasta las últimas elecciones contaban con 8 diputados; a partir del próximo año, con 52 legisladores y tres gobernadores (antes no tenía ninguno).

La democracia brasileña no le otorga poderes divinos a Bolsonaro. Si respeta la Constitución, el parlamento de Brasilia seguirá siendo un importante escenario de negociación, ya que el presidente y su PSL contarán con un porcentaje de escaños que ronda el 10 %, tal y como explica Juan Agulló en elDiario. El código deontológico del partido impide crear alianzas con la izquierda, por lo que se tendrá que entender con el centro-derecha (controlan el 40 % de los escaños). Quizá la moderación encuentre por aquí el sendero.

Pero aún existe un dique de contención contra las medidas más impopulares que pueda impulsar Bolsonaro: el Tribunal Supremo. Criticado por el ultraderechista, esta institución es la única que puede oponerse con efectividad a sus peores planes. Para llevar a cabo sus principales reformas (tres ejemplos: dar inmunidad a los policías para que maten a un presunto delincuente mientras están de servicio, recortar la edad para ingresar en prisión o dar mayores facilidades para obtener armas), Bolsonaro deberá reformar la Constitución. Para hacerlo, tendrá que tocar en la puerta del Supremo, donde no cae especialmente bien.

analytiks

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