Mundo

Dos años de bloqueo a Qatar

0
Qatar

El 5 de junio de 2017, un grupo de países encabezado por Araba Saudí –Emiratos Árabes, Bahréin y Egipto— rompía relaciones con Qatar y sometían al país a un bloqueo total que lo convirtió de hecho en una isla. Aquella decisión fue brutal y despiadada, ya que afectó a la sociedad civil de toda la región –incluso a familias divididas y a alumnos de distintas universidades— y forzó una situación de emergencia que violentó derechos sociales, culturales y económicos de diversa índole, teniendo los ciudadanos que abandonar tratamientos médicos, estudios y trabajos. Afortunadamente, la crisis ha ido resolviéndose con imaginación por sus víctimas, que pronto consiguieron comunicarse y abastecerse a pesar del bloqueo. Pero la infamia continúa.

Aquel aislamiento quebrantó toda la legislación internacional, violó los Derechos Humanos y contravino las Cartas y Convenciones internacionales que rigen las relaciones en el seno de la comunidad internacional.  El falaz pretexto que utilizó Riad para justificar la medida fue que Qatar protegía y financiaba grupos terroristas.  Irónicamente, el 2 de octubre de 2018, desaparecía en Estambul el periodista de origen saudí Jamal Khashoggi, crítico con el régimen de su país, cuando entraba en el consulado de Arabia Saudí en dicha localidad turca.

Las autoridades de Turquía y el propio presidente Erdogan han asegurado que Khashoggi fue asesinado por el aparato de inteligencia saudí, y la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos, CIA, ha mantenido que el príncipe heredero de Arabia Saudita, Mohammed bin Salman, ordenó personalmente el asesinato del periodista, como antes había hecho con otros adversarios políticos. Desde entonces, el régimen saudí es un apestado en las cancillerías de todo el mundo, y la guerra cruel que mantiene en Yemen, donde ha provocado una gran catástrofe humanitaria, completa el repudio que suscita Riad.

Las verdaderas razones del bloqueo son en realidad políticas y más de fondo: tras las medidas de presión está el recelo que despierta la estrategia política qatarí, basada en la apertura política y la defensa de las libertades del pueblo árabe durante la Primavera Árabe, que fue una explosión jubilosa de voluntad democrática. El Gobierno de Qatar apostó entonces por el diálogo y la negociación como medio para solucionar el conflicto, y ha reiterado frecuentemente su voluntad de seguir haciéndolo en el marco de unas relaciones pacíficas y respetuosas.

Dos años de bloqueo a Qatar 1

Qatar se hace fuerte

Mientras el bloqueo ha tratado de estrangular al pequeño país, Qatar ha ido ganando respetabilidad, por el procedimiento de mantener una vasta política cultural y de cooperación social con el mundo árabe que facilita a los jóvenes el estudio y la inserción laboral, el medio más seguro para evitar que las generaciones emergentes del mundo islámico, faltas de oportunidades, presten oídos a los requerimientos de los fanáticos.

Además, ha reforzado la cooperación internacional y ha fortalecido las relaciones bilaterales con los países amigos y aliados mediante la firma de acuerdos en diferentes ámbitos (por ejemplo, la Comisión Europea y el Estado de Qatar han firmado el primer acuerdo de aviación entre la Unión Europea y un país del Golfo).

Y en la crisis iraní, provocada por la denuncia del acuerdo nuclear por los Estados Unidos, que ha restituido las sanciones a Teherán, Qatar está desempeñando un papel tendente a la distensión y al diálogo, lo que convierte a Doha en la capital diplomática de la región.

Lo más plausible de la respuesta qatarí a la presión de sus vecinos ha sido que, como resultado del asedio y el bloqueo económico, ha acelerado la ejecución de iniciativas y leyes para facilitar la inversión, desarrollar el sistema bancario y comercial, consolidar los derechos de los trabajadores y desarrollar nuevas industrias y servicios (por ejemplo, está en marcha una iniciativa de fabricación de automóviles eléctricos que suministrará  un millón de vehículos  al año).

Prueba de la normalidad reinante ha sido la no alteración de las obras programadas para la infraestructura de la Copa Mundial de Fútbol del año 2022, cuyos estadios e instalaciones y dotaciones están ultimándose, o la inauguración del Puerto Internacional Hamad, que se ha convertido en un polo logístico de referencia en el Golfo Pérsico, catorce veces mayor que la anterior terminal marítima de Doha.

Asimismo, según el Fondo Monetario Internacional, pese al bloqueo impuesto a Qatar, los ciudadanos y residentes de nuestro país mantienen el primer lugar del mundo en PIB per capita, por lo que no se ha reducido el nivel de bienestar, que es consecuencia de una atinada gestión de la economía qatarí. Como ha escrito un embajador de Qatar en un país latinoamericano, «el asedio ha multiplicado y diversificado las relaciones políticas, comerciales y culturales de Qatar para con el mundo y ha permitido que todas las Naciones del planeta posen su vista sobre nuestro país, apegado a la No Violencia, abierto al diálogo y a la solución pacífica de controversias y muy especialmente respetuoso y exigente del Principio de Soberanía y Autodeterminación de los Pueblos».

Gestos de distensión

En las últimas semanas, aunque el bloqueo permanece, ha habido algunos gestos de distensión, como los contactos establecidos entre el primer ministro de Bahréin y el emir de Qatar, o como la invitación formulada por el rey de Arabia Saudita al emir de Qatar a las cumbres de la Liga Árabe,  la Organización de Cooperación Islámica y el Consejo de Cooperación del Golfo celebradas en La Meca el 30 y el 31 de mayo. Con todo, el conflicto sigue abierto, y sus efectos se mantienen. Continúa la vulneración de los derechos humanos de los ciudadanos qataríes por parte de estos países que siguen el dictado de Riad.

El Próximo Oriente es todavía, lamentablemente, un foco de inestabilidad, por razones estructurales e históricas bien conocidas, y aunque no hay soluciones milagrosas, la comunidad internacional debe velar porque los países de aquella región avancen hacia el respeto al Derecho Internacional bajo el paraguas legal y político de Naciones Unidas, cuya Carta de Derechos Humanos y demás normas de alcance económico, político y social constituyen un basamento eficiente para la paz global.

En este contexto, la sociedad quatarí, constituida en un Estado moderno que ha emprendido un camino inequívoco de apertura y democratizacón, se percibe a sí misma como una comunidad abierta, libre y global en la que se apoya la libertad de expresión y en la que se avanza a grandes pasos hacia la igualdad de género con un papel cada vez más destacado de la mujer en todos los sentidos.

Dos años de bloqueo a Qatar 1

Antonio Papell
Director de Analytiks

Ciudadanos en Cataluña: un error llamado 155

Entrada anterior

Eugenio Noel, el escritor sin paz

Siguiente entrada

También te puede interesar

Comentarios

Dejar un comentario:

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Más en Mundo