Otros temas

Agosto y la tele

0
Agosto y la tele 1

Un artículo en agosto tiene doble valor porque debes abandonar durante un rato la piscina o el chiringuito y, además, sin grandes noticias que comentar. Es verdad que la política no ha cerrado el quiosco y se sumerge en los pactos imposibles sin ningún entusiasmo, pero también es cierto que la tele y los Juegos Olímpicos presentan temas atractivos.

Que maravilla la televisión de esta época, te permite escuchar el sonido de las palmadas que los jinetes dan a sus caballos después de una buena actuación. La pantalla te lleva a Río por un momento para ser testigo en directo de proezas atléticas y también humanas, como la protagonizada por la jinete neerlandesa Adelinde Cornelissen que competía en la modalidad de doma, pero prefirió dejar los Juegos antes que poner en peligro la salud de su caballo, Parzival.

En efecto, Adelinde se retiró a la mitad de la competición que le podía dar una medalla al comprobar que su caballo Parzival había caído enfermo. Pensó que era más importante la vida de su caballo que ganar. Había dormido junto a Parzival en los establos para comprobar directamente su evolución después de una picadura de araña brasileña que le había ocasionado una fiebre alta e hinchazón en la cabeza. A pesar de que el tratamiento hacía su efecto, Parzi no estaba del todo bien, “los veterinarios pensaron que la fiebre había bajado y creímos que los tóxicos estaban fuera de su sistema”. Le dieron líquidos, le hicieron pruebas de sangre y pasó por los Rayos-X. Finalmente su temperatura bajó y la hinchazón disminuyó.

Pero la holandesa decidió dejar la prueba para que su caballo no corriera ningún riesgo. Es un gesto bonito y honesto. Los caballos tienen algo especial, son nobles, siempre han luchado junto a sus amos, los hombres, a pesar de que la desconfianza es una de sus condiciones innatas.

La tele de ahora nos permite ver estas hazañas deportivas y las convierte en humanas, mientras la política deja de ser creíble en un marasmo de declaraciones contradictorias que nos impiden saber si habrá gobierno o se repetirán de nuevo las elecciones.

La televisión es un gran invento, ya en 1959 pudimos ver en directo la visita de Ike, que paseó con Franco en coche descubierto por el centro de Madrid. El dictador veía con buenos ojos a Eisenhower porque “por lo menos es un militar”.

En una de las fotos históricas del encuentro se les ve a los dos riéndose con la boca abierta. Franco acababa de contar un chiste a Ike de la época de la independencia:

“A un oficial herido en la cabeza al que van a operar le llega un despacho comunicándole que le han nombrado general. Se sube al caballo para ponerse al frente de sus hombres y el médico le dice que tiene una herida en la cabeza. El militar le contesta que para ser general no le hace falta la cabeza”.

La otra foto que nos queda en la retina es el abrazo en la base de Torrejón entre los dos militares. En el centro está el oficial del ejército de Estados Unidos, Vernon Walters, que llegaría a embajador de su país en Naciones Unidas y a director adjunto de la CIA. Un estratega clave para que en la década de los sesenta y a raíz del encuentro de Franco con Eisenhower, España pasara de ser uno de los países más pobres de Europa a crecer a un ritmo medio del 9 por ciento para convertirse en la décima potencia industrial del mundo. La tele nos convertiría en testigos de excepción.

Pero aquella es otra historia. Nos quedamos con el milagro de la tele que nos permitió ver a Ike en Madrid, la boda del rey Balduino de Bélgica, enamorado de la española Fabiola y hasta los festivales de Eurovisión. Aquella televisión inocente y elemental hizo posible el cambio en España hasta que todos quisieron utilizar la pequeña pantalla en beneficio propio y se convirtió es oscuro objeto del deseo para todo él quería llegar a ser alguien, lo que provocó un uso paranoico del crono como material arrojadizo de la oposición al poder.

Aquella tele, o lo que quedaba de ella, nos permitió ver lo que de verdad pasó el 23F sin necesidad de demasiadas historias. Escuchamos los disparos y vimos la vulgaridad e ineficacia de unos guardias con tricornio mientras el gesto valiente de un joven presidente puso a salvo nuestra dignidad.

La tele siempre ha estado para enseñarnos lo que pasa. Hablamos de la tele en referencia a TVE, que a pesar de todas las dificultades y de muchos defectos, sigue siendo la mejor. Hay quien defiende el atrevimiento y la osadía de sus competidoras. Hay incluso quien pone como ejemplo el modelo de “La sexta”, pero realmente esta sí que es otra historia. Hasta Rajoy le pidió a Évole “elévese, yo destaco lo bueno y lo malo, usted sólo lo malo, don Jordi”.

Ahora sabemos que habrá investidura el 30 de agosto y volveremos a la rutina. Lo que no sabemos es si habrá gobierno, que eso es ya mucho pedir. Y si hay terceras elecciones, el día de Navidad. Seguro que lo veremos en la tele. Parece que el candidato a ser investido presiona a quien se mantiene en su férreo ‘no’.

Iberia Navidad

Lexus e Iberia Plus te llevan a Japón con la Gama Deportiva F

Entrada anterior

La compleja estrategia de Rajoy

Siguiente entrada

También te puede interesar

Comentarios

Dejar un comentario:

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Más en Otros temas