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Alierta deja Telefónica

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Cesar Alierta decidió ayer marcharse por sorpresa, aprovechando el actual vacío de poder en el Gobierno de la nación, para que quede claro que se trata de una decisión personal porque, con su gestión, se había ganado el derecho de retirarse a su antojo, de planificar su sucesión y de ejecutarla cuando creyera conveniente. Desde hace semanas, quienes le conocen habían dado a entender que, después de una gran pérdida familiar, su estado anímico no era el mejor, por lo que seguramente la noticia ha sorprendido a menos de los imaginables.

Alierta fue personaje clave del último tramo de la privatización de empresas públicas orquestado con desigual fortuna por José María Aznar, quien primeramente puso al frente de Telefónica a su compañero de pupitre Juan Villalonga, en uno de los errores más resonantes del expresidente. En julio del 2000, César Alierta, quien ya entonces era considerado uno de los empresarios más capaces –había sido director del área de Mercado de Capitales en el Banco Urquijo de Madrid, así como presidente de la Asociación del Mercado de Valores y de Tabacalera- llegaba al cargo, en el que ha hecho de la multinacional española una de las principales compañías del mundo, con un liderazgo claro en Europa y en Latinoamérica. Su ímpetu personal le ha situado al frente del Consejo de Competitividad, que agrupa a los principales ejecutivos de grandes empresas españolas, una institución con gran influencia política que ha contribuido a impulsar buenas decisiones en el pasado reciente.

Alierta deja su asiento ejecutivo cuando ya está perfectamente encarrilado el tránsito de la compañía de telecomunicaciones hacia una compañía que también es productora y propietaria de contenidos, con lo que se cierra el ciclo de las nuevas tecnologías, que es el que deben abarcar los grandes operadores. El sucesor de Alierta, José María Álvarez Pallete, ha efectuado un gradual ascenso hasta llegar a consejero delegado, pero ha sido el presidente de Telefónica de España, Miguel Gilpérez, el autor de la convergencia, es decir, de la unificación de la telefonía de voz, los datos y el entretenimiento audiovisual. Fusión, el producto estrella de Telefónica, marca un futuro en crecimiento en que las nuevas tecnologías se despliegan en un continuum a través de la fibra óptica y del 5G. Y ya está en marcha un plan de digitalización integral de la compañía que concluirá en 2020.

Alierta no se marcha del todo de la compañía en que ha permanecido casi 16 años: continúa en el consejo de administración, se dice que para proteger a sus leales y asegurarles un futuro a medio plazo. Seguirá presidiendo la Fundación Telefónica, y haciendo por tanto responsabilidad social corporativa y filantropía, que es lo que le agrada. De hecho, Telefónica ha sido un bastión cultural durante su mandato. De su papel propiamente empresarial ya se ocuparán otros de opinar: quede de momento la constancia de que se marcha un gran empresario, tras recorrer un trayecto brillante en el mundo de la socioeconomía.

Antonio Papell
Director de Analytiks

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