Otros temas

‘Aquarius’, alabada por crítica y público, defiende la pertinencia de entender la vida con autenticidad

0
‘Aquarius’, alabada por crítica y público, defiende la pertinencia de entender la vida con autenticidad 1

Kleber Mendonça Filho ha presentado Aquarius, su segundo largometraje, en la Sección Oficial de la Seminci. Se trata de la película de moda del cine brasileño en estos momentos, en parte debido a la participación, como protagonista, de la famosa e internacional actriz Sonia Braga, afincada en Estados Unidos y que ha participado en célebres películas de Hollywood como Un lugar llamado Milagro o El principiante. En Aquarius interpreta el papel de una crítica musical retirada, que vive en un complejo residencial llamado Aquarius, en la primera línea de playa de la ciudad de Recife. Allí tiene una existencia apacible rodeada de sus vecinos, sus tres hijos, sobrino y nieto pequeño y sobre todo su amplia colección de discos en formato analógico, que ha ido acumulando a lo largo de 40 años de carrera profesional. La aparición de una inmobiliaria interesada en adquirir Aquarius para demolerlo y edificar un complejo turístico hará tambalearse el universo de Clara.

La película pretende explorar el contraste entre lo viejo, que viene representado por lo que ha conocido Clara (la idea de comunidad, de solidaridad, la música analógica), y lo nuevo que viene a representar el individualismo, el consumismo, las técnicas agresivas de ventas, el mundo de la música digital. Es por ello que la presión de la inmobiliaria sobre Clara (molestarla organizando orgías y fiestas salvajes en los apartamentos vacíos, ensuciando zonas comunes) para intentar convencerla de que venda su piso (el último que queda habitado en Aquarius) es una metáfora de la “agresión” que Kleber Mendonça ve en el mercado, cuyo carácter rapaz e insaciable pretende denunciar la película.

aquariusimagencuadrada

El realizador brasileño no parece compartir la visión de Schumpeter sobre el libre mercado como una forma de destrucción creativa, que elimina aquello que no sirve a los intereses y preferencias de la mayoría, en favor de aquellas nuevas iniciativas e ideas que pueden satisfacer las necesidades humanas que son, por definición, potencialmente inagotables. Kleber Mendonça se inclina por una visión conservadora e inmovilista de la realidad. La misma que denuncia Popper en La sociedad abierta y sus enemigos. Para ejemplificar esa defensa numantina de lo tradicional, que el director asocia con lo natural y lo deseable, toma como paradigma la vida de Clara. Una mujer sexagenaria que ha vivido una vida plena en todos los sentidos. Profesional, sentimental y sexualmente.

La película comienza con una vista panorámica de la costa de Recife tal y como se presentaba a finales de los años 70, mientras suena la célebre canción Hoje del compositor brasileño Taiguara. En la primera escena se nos presenta a Clara y a su familia, compuesta por una tía, su hermano, la novia de éste y sus amigos, que celebran el cumpleaños de la tía de Clara, una mujer que ha vivido con libertad y plenitud su vida, siendo la primera mujer graduada en Derecho en la localidad y habiendo decidido no casarse. Ese es precisamente el modelo de mujer que piensa encarnar Clara y que debe defender durante la película. Los años pasan, Clara envejece, pasa por el trauma de un cáncer de mama que le obliga a sufrir una mastectomía, sus hijos crecen y se independizan, enviuda pero sigue apegada a esa forma de entender la vida tan libre y auténtica. Conserva su colección de vinilos y también sus cintas de música.

aquariusbien

Ese contraste con la moderna forma de entender la vida, mucho más individualista, materialista y tecnificada es lo que quiere mostrar el director en una escena del principio de la película donde Clara es entrevistada por una nueva generación de periodistas que se maravillan por el hecho de que mantenga ese apego por lo analógico. Como ella apunta, no es enemiga de lo moderno y lo digital, sólo que esto último no trasmite vida ni autenticidad, no cuenta nada sobre quien lo posee (Clara les enseña un viejo disco de John Lennon con un recorte de periódico de la época en su interior). Junto a esta idea primigenia, que resulta original y bastante bien perfilada, la película plantea otros temas que alargan el metraje en exceso y que sólo buscan capitalizar la exposición de Sonia Braga en la gran pantalla. Temas como los conflictos intergeneracionales (heridas familiares entre Clara y su hija, que sintió un cierto abandono en su infancia), el sexo después de una mastectomía (las dificultades de Clara para tener confianza en su atractivo sexual) o la ambición como destructora de la bondad natural de las personas (ejemplificada en el personaje del joven directivo de la constructora que quiere ir más allá de lo ético y convencer a Clara para que venda). Al final, el guión acaba siendo demasiado desordenado y lleno de clichés. Sólo el buen hacer de Sonia Braga logra salvar la coherencia de la película, que a pesar de todo resulta interesante. Un aspecto muy destacado de la cinta, especialmente para el público no brasileño, es la oportunidad que brinda al espectador de conocer algunos de los mejores temas de la música popular de aquel país, con canciones de Roberto Carlos, Maria Bethania, Gilberto Gil o el mencionado anteriormente Taiguara.

Consecuencias de la primavera árabe en Túnez

Inhebek Hedi es el debut en el largometraje del brillante y prometedor director tunecino Mohamed Ben Attia que para esta película ha contado con la inestimable colaboración de los cineastas belgas Jean-Pierre y Luc Dardenne. La historia que cuenta la película pretende ser una aproximación a la nueva generación de su país que afronta los desafíos derivados de la llamada primavera árabe, que ha supuesto cambios políticos de calado en Túnez. El protagonista de la película es un chico de 25 años, Hedi (calma en árabe) que trabaja como vendedor de coches en la rama de empresas de Peugeot de su ciudad. Está prometido a Khedija, una chica tan sumisa y obediente a los deseos familiares como él. Ambos viven presos de los convencionalismos sociales y de las ataduras familiares, que hacen que no sean dueños de sus respectivas vidas. Mientras que Hedi va a cambiar esa situación al conocer a la monitora turística Rym, de la que se enamora en uno de sus viajes de empresa, Khedija no puede cuestionar la rígida educación recibida, que consiste en prepararse para ser una esposa sumisa y una madre sobreprotectora. La aparición de Rym, una chica muy occidentalizada y espontánea, aparta a Hedi de los dictados de su familia. Tanto de su protectora madre, que ha condicionado su vida entera, como de su hermano, un exitoso ingeniero emigrado en Francia.

La película resulta muy interesante porque la historia que cuenta tiene el trasfondo de los cambios sociales operados en Túnez en los últimos años. La sociedad tunecina se ha quitado de encima el proteccionismo extremo de un gobierno autoritario. También es Túnez uno de los países más occidentalizados de cultura islámica; no obstante, perviven instituciones rígidamente conservadoras como los matrimonios concertados y las tradiciones prenupciales. Por ello, la historia de Hedi podría ser la historia de cualquier joven de una zona rural del país, que al conocer a una chica más occidental y abierta empieza a cuestionar su sistema de valores y comienza a tomar decisiones por sí misma. La película tiene ese toque realista y apegado a la sociedad del momento. También destaca por la construcción de los personajes, que combina síntesis y profundidad al mismo tiempo. No necesitamos demasiados diálogos o un metraje muy amplio para conocerlos (economía narrativa). Pequeños gestos o silencios sirven para construir la psicología básica de cada uno de ellos.

Interesante también resulta el contraste entre los dos modelos de feminidad que conviven en Túnez y que están personificados en Khedija, que representa el modelo tradicional, conservador, y Rym, que representa la visión occidental. Mientras que la primera ha sido educada para casarse y tener hijos, Rym es una mujer independiente que toma sus propias decisiones, que tiene relaciones sexuales prematrimoniales y que vive la vida al día. Hedi es el punto de enlace entre esos dos mundos y el personaje que transita de un matrimonio concertado a una relación libre y llena de interrogantes. Lo más interesante de la película es el desenlace, totalmente consecuente con la línea argumental: el anhelo de libertad. Hedi tiene que decidir por sí mismo qué quiere hacer: volver a la vida que ha conocido (obediencia y sumisión) o el riesgo de tomar sus propias decisiones. Opta por esto segundo sin que ello conlleve un final feliz al uso.

Luz verde al CETA: qué puede ganar o perder Europa con los tratados de libre comercio

Entrada anterior

Rajoy, hacia su segunda legislatura

Siguiente entrada

También te puede interesar

Comentarios

Dejar un comentario:

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Más en Otros temas