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Cuando Brasil despertó, Bolsonaro ya estaba allí

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Bolsonaro

Jair Bolsonaro no es nuevo para los brasileños. Acostumbrado a ser un apestado de la política, este exmilitar siempre ha defendido la tortura y no ha ocultado su homofobia ni su machismo. Así, con una trayectoria sembrada de declaraciones bochornosas, lleva más de tres década de carrera parlamentaria. Como ha sucedido en otros países, el discurso del odio también ha triunfado en Brasil alzando a lo más alto a Bolsonaro. Puede que octubre sea el mes de su coronación.

Repasando las últimas encuestas observamos que si Jair Bolsonaro, del PSL (Partido Social Liberal), no llega a la Presidencia será por un milagro. Desaparecido de los actos públicos desde que recibió una puñalada en el costado, Bolsonaro alcanza el 32 % de intención de voto, según Datafolha.

Bolsonaro no cuenta con el apoyo de un partido grande. No ha pagado campañas de publicidad en televisión y en los debates electorales cuenta con poco tiempo. Pero da igual. El ultra sigue liderando las encuestas. Los tiempos han cambiado y la forma en la que las personas consumen información también. El diario El País ha analizado varios grupos de WhatsApp a favor del candidato donde se publican bulos a su favor, teorías de la conspiración y mensajes para desmentir a la prensa.

El candidato de extrema derecha ha polarizado la política brasileña al máximo. Después de asegurar que no aceptaría una derrota en las urnas (es cierto que más tarde se retractó), miles de brasileños salieron a la calle para mostrarle su rechazo. ¿Qué ocurrió? Que Bolsonaro ascendió de un 28 % a un 32 % en intención de voto, cuatro puntos más. Es la paradoja que dibuja una sonrisa en la cara de este personaje, bautizado en su país como ‘la cosa’. Cuanto más le odian, más popular es.

Según la encuesta de Datafolha, publicada por el diario Folha de Sâo Paulo, su más inmediato perseguidor, el exalcalde de Sâo Paulo, Fernando Haddad, pierde peso conforme llega la fecha clave. El reemplazo de Lula da Silva al frente del Partido de los Trabajadores (PT) pasa de un 22 % a un 21 % en intención de voto. Es la primera vez en la carrera electoral que se estanca.

Con estos resultados, Bolsonaro y Haddad pasarían a segunda vuelta, el 28 de octubre. La peculiaridad de estas elecciones reside en que gobernará el candidato menos odiado de entre los más odiados. El primero es rechazado por un 44 % del electorado; el segundo, quizá lastrado por heredar el legado de Lula, hoy encarcelado, por un 41 %. Geraldo Alckmin, del Partido Social de la Democracia (PSDB, la derecha tradicional), en cuarto lugar en las encuestas, define así la situación: “La mitad de la población no quiere ni radicales de derecha [por Jair Bolsonaro] ni de izquierdas [por Fernando Haddad]”.

Con el resto de candidatos condenados a hacer de veletas, las elecciones se ponen de cara para el exmilitar. En la segunda vuelta, según la encuesta publicado por el diario brasileño, el candidato del PT se haría con el voto de dos tercios de los electores de Ciro Gomes (la izquierda moderada) y la mitad de los que en primera vuelta se decantaron por Alckmin y Marina Silva (ecologista). Pero ni así se evitaría la llegada de Bolsonaro al poder.

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