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La decadencia de los sindicatos de clase ¿Será verdad la renovación?

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La decadencia de los sindicatos de clase ¿Será verdad la renovación? 1

El 42 Congreso de la Unión General de Trabajadores, que ha supuesto la jubilación de Cándido Méndez después de 22 años ininterrumpidos al frente de la organización, ha llegado en un momento de grave decadencia de los sindicatos, cuya afiliación ha caído a mínimos históricos. Entre 2009 y 2015, las cuatro principales centrales de España -CCOO, UGT, CSIF y USO-, que representan en torno al 80% de los trabajadores en la negociación colectiva, han perdido 584.788 personas, según los últimos datos disponibles. El sindicato que más ha perdido es CCOO: sus afiliados han caído un 24,4% desde los 1.203.307 registrados en 2009 a los 909.052 al final de de 2015. A continuación, UGT sufre una sangría de 276.617 miembros, desde 1.205.463 en 2009 a los 928.846 en 2015. Y en los últimos siete años también han disminuido los afiliados de CSIF (-6.622) y USO (-7.249). De los 25 países europeos analizados, España ocupa el puesto número 24 en afiliación sindical, sólo por detrás de Francia. No estamos, por lo tanto, en la mejor de las posiciones, al contrario que en los países nórdicos, donde más de 70% de los trabajadores están afiliados a un sindicato, frente al 19,8% de España.

El declive proviene de los propios errores de los sindicatos y del esfuerzo político por minar su papel en la negociación colectiva, cuando no de la negación de la negociación colectiva misma.

En lo tocante a la primera causa, los errores, el capítulo es amplio. En primer lugar, el modelo sindical español e<s controvertible. Lo explicaba el especialista Carlos Sánchez hace ya unos años: “En España, la acción sindical se articula a través de los comités de empresa, y en segunda instancia de las secciones sindicales, lo que ha provocado que la presencia de los sindicatos en los tajos (salvo en las grandes empresas) sea residual. Si el trabajo sindical lo hace el comité de empresa, la mayoría de los trabajadores no tiene ningún aliciente para afiliarse, y todavía menos estímulos para pagar una cuota, lo que sin duda alguna explica la baja tasa de afiliación española. Máxime cuando al contrario que en los países del norte de Europa, las centrales no tienen el carácter de empresas de servicios y de apoyo al trabajador, lo que permite al cotizante acceder en mejores condiciones a unas vacaciones, a un seguro privado o, incluso, a una vivienda. Por decirlo de una manera directa, los convenios colectivos, que son la pieza angular del sistema de relaciones laborales en España, le salen gratis al trabajador, que se beneficia igualmente de las cláusulas o de las subidas salariales al margen de si está o no está afiliado”.

 

“Antón Saracíbar, durante años dirigente de UGT, planteó en los años 80 la posibilidad de cambiar el modelo de representatividad sindical, pero el fiasco PSV, la cooperativa de viviendas del sindicato, enterró esos sueños de caminar hacia un sindicalismo de servicios, lo que hubiera dado mayor autonomía económica a las centrales, que en coherencia con los aumentos de afiliación hubieran tenido mayor capacidad económica. Ahora, buena parte de sus recursos están ligados a decisiones de los poderes públicos, y eso resta credibilidad a la acción sindical”.

Cándido Méndez, a su llegada en sustitución de Nicolás Redondo, tuvo que reparar a su llegada el gran estropicio de la cooperativa PSV; más tarde, los sindicatos han estado involucrados en el escándalo de los EREs y en el de los cursos de formación; asimismo, han tenido que pechar con otros incidentes de corrupción como el de las tarjetas black en Cajamadrid y el protagonizado por el asturiano Fernández Villa… Todo ello ha redundado en la expulsión de los sindicatos de la actividad de formación…, con la consiguiente merma de ingresos.

En lo referente al papel social y político de los sindicatos, es conocido que estas organizaciones deben optar entre tres objetivos alternativos: la maximización del empleo, la maximización del tipo medio de salario o la maximización de los ingresos totales de los sindicados. Si eligen el primer objetivo, el empleo máximo sólo se conseguiría para un salario medio indeseablemente bajo; si eligen el segundo, el máximo salario implicaría un crecimiento del volumen de empleo demasiado reducido; sólo si eligen el tercer objetivo es posible lograr el crecimiento de la afiliación, indispensable para mantener la representación institucional (recibir fondos públicos, intervenir en la gestión de los planes de pensiones, en la legislación sobre seguridad laboral, en los organismos consultores de la Administración, etc.) y para mantener en régimen de monopolio la negociación social en la firma de convenios colectivos.

Naturalmente, este papel queda muy disminuido cuando, como es el caso, la normativa laboral posterga la gran negociación salarial, elimina la ultraactividad y da primacía a los convenios de empresa sobre los de sector. Por eso, los sindicatos no sobrevivirán si no se revierte en parte la última legislación laboral, pensada para combatir la crisis y generar a toda costa empleo, aunque sea a través de una gran devaluación salarial.

Los sindicatos son actores sociales que equilibran la relación interna entre capital y trabajo del mercado. Y si se piensa que la negociación colectiva es un derecho básico del trabajador para negociar sus propias condiciones laborales, habrá que apostar por la vitalización de tales organizaciones, a las que corresponde un indudable papel en la armonía del sistema productivo.

Iberia 350

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