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La guerra de los debates electorales en televisión

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La guerra de los debates electorales en televisión 1

Durante años, ‘el debate’ sobre los debates electorales en televisión centró la atención de los medios, aún más de los partidos y, desde luego siempre, de los llamados expertos en comunicación. Como en tantas ciencias no exactas se aceptaron como válidas teorías de origen distinto y pelaje diverso, no siempre contrastadas y habitualmente veteadas de anécdotas incompletas, lo que, en conjunto, nos traslada a un contexto en el que las tesis se convierten en axiomas incuestionados sin ningún problema.

El el 26 de septiembre de 1960, el famoso debate entre los candidatos Nixon t Kennedy cambió la televisión y la política. El candidato republicano no prestó la más mínima atención al nuevo electrodoméstico que, ya entonces, se había convertido en la vaca sagrada de los hogares estadounidenses. Nixon no quiso maquillarse, vistió un triste traje gris, mientras Kennedy cuidó todos los detalles de su imagen, se presentó seguro y a la vez cercano, lo que finalmente fue determinante para alcanzar la Casa Blanca.

Desde entonces, los líderes políticos del mundo occidental o, mejor dicho, los que pretenden llegar a serlo acuden al ejemplo de aquel debate para fijar sus estrategias de debate ante las cámaras como la piedra filosofal que les abra las puertas del templo.

La clave fundamental de los debates electorales en televisión viene dada por la artificiosidad del medio; es decir, lo más alejado de la naturalidad por mucho que se quiera resumir todo en uno de los consejos más escuchados y manidos: ‘sé tu mismo, actúa con naturalidad’. Toda una afirmación errónea que refleja la facilidad con que los tópicos se han adueñado de esta materia.

En este artículo que ya fue anunciado en el avance de recomendaciones de Analytiks el pasado sábado, no se puede incluir un curso de telefonía dedicado a los aspirantes a salir airosos de los confrontaciones electorales. Tan solo se pretende mantener el argumento de que los debates electorales en televisión no son tan decisivos como se afirma.

Es cierto que la atención de los ciudadanos aumenta acerca de la pugna política cuando llega la campaña electoral y, en este marco, más aún cuando se celebra el debate, pero los expertos en estudios sociológicos saben que la decisión de los votantes no se adopta precisamente en ese momento y, menos aún, que vaya a cambiar en función de lo que oigan. Tal vez, como mucho, haya alguna relación con lo que vean.

Mucho más importante que el discurso es cómo se articula el mensaje, la mirada, las manos; es decir, todo lo que se mueve en la pantalla. En consecuencia, los elementos que acaban conformando la credibilidad. No es que no importe lo que se diga, es decisivo no cometer errores y, sobre todo, transmitir; lo que los expertos denominan como pasar pantalla, que no es otra cosa que llegar, emocionar.

Para esta campaña el único debate en televisión entre Rajoy, Sánchez, Iglesias y Rivera tendrá lugar el lunes 13 de mayo. Vicente Vallés moderará por parte de Atresmedia y Ana Blanco por parte de RTVE. Sin duda, será un debate interesante, la primera vez que se celebra en España entre los primeros espadas de las cuatro formaciones políticas que tienen opciones para entrar en los pactos de los que salga el nuevo gobierno.

Falta saber quién será el ganador, aunque sobre este punto no habrá opinión unánime. En todo caso, desde la jornada del debate hasta el final de la campaña queda un margen suficiente para rectificar posibles errores.

 

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