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La soprano Danielle de Niese encandila en el Ciclo de Lied de La Zarzuela

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La soprano Danielle de Niese encandila en el Ciclo de Lied de La Zarzuela 1

Han tenido que pasar varios años para que la voz de la soprano nacida en Australia Danielle de Niese pudiera volver a disfrutarse en España. Muchos recuerdan –recordamos– su excelente interpretación en L’incoronazione di Poppea de Monteverdi, junto al contratenor Philippe Jaroussky y con la dirección musical de William Christie, en el Teatro Real hace un lustro. Uno de los montajes de la temporada 2009-2010 que dejó mejor sabor de boca a quien esto escribe. Pues bien, ayer, por fin De Niese protagonizó –por vez primera– el Ciclo de Lied del Teatro de la Zarzuela. Todo un honor para ella, a tenor de sus palabras al inicio del recital. Y un gusto para los espectadores, que casi llenaron el coliseo madrileño. También lo fue escuchar a su compañero de concierto, Julius Drake, veterano él sí, del ciclo, pues ha participado en nueve ediciones. ¿Qué decir de su exquisita delicadeza al piano?

De Niese, por su parte, derrochó dulzura y sensibilidad nunca exentas de expresividad y empaque. Hay personas a quienes les gusta lo que hacen. A algunas, además, se les nota. Es el caso de Danielle de Niese, que transmite la pasión que siente por su oficio allá donde va. Y en el caso del programa que le ha traído a Madrid, a través de temas amorosos del repertorio europeo: desde Dowland a Bizet pasando por Mozart, Grieg y Poulenc. Varios siglos y estilos musicales que le van como anillo al dedo a una intérprete versátil y desenvuelta que es también –así lo demuestra en las óperas en las que interviene– una estupenda actriz siempre dispuesta a involucrar a la audiencia.

Así, supo transmitir el encanto y la ligereza –aparente al menos– de John Dowland. Con dos preciosos temas suyos –Come again! Sweet love doth now invite y, sobre todo, ese What if I never speede que comienza: “¿Y si nunca vuelo? ¿Debo rendirme, directo a la desesperación, y seguir alimentando tristeza, incapaz de reparar pérdida alguna? ¿O debo cambiar de amor?”, según la traducción de Amelia Serraller– principió el recital y brilló la soprano. A continuación, un aria de Las bodas de Fígaro, en cuyas óperas es especialista y Edvard Grieg con Haugtussa.

La segunda parte estuvo dedicada a los franceses Poulenc –con Fiançailles pour rire o Esponsales de risa– y una selección de cuatro composiciones de Bizet de carácter vivo. Fue con esas canciones más breves y saltarinas, como dice Serraller en el programa, cuando De Niese encandiló más. Y así se lo aplaudió el público.

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