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Presupuestos y política

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Por muy importante y caliente que sea el debate parlamentario, la piedra de toque clave de la vida política reside en aprobar la Ley de los Presupuestos del Estado. Así es en las democracias occidentales y así ha sido en nuestro país desde que se promulgara la Constitución del 78 e incluso antes, cuando se pusieron las bases de la Transición con Ley para la Reforma Política del 77 que permitió las primeras elecciones tras 40 años de Dictadura.

En varias ocasiones se han prorrogado los del año anterior, pero la gran verdad es que sin presupuestos no hay política. Especialmente en el escenario actual, la importancia de las cuentas públicas es decisiva y el principal test para saber si la legislatura tiene vida.

Un gobierno en minoría está obligado a pactar si quiere tener al menos unos presupuestos que prorrogar en el futuro. De hecho, a partir del uno de enero, los actuales en vigor tendrán que prorrogarse hasta la aprobación de los definitivos para el año próximo.

En esta situación, a pesar del ‘no es no’ repetido hasta la saciedad de Pedro Sánchez, el PSOE va a tener motivos para facilitar las cuentas de Montoro. En caso contrario, los barones socialistas tendrán dificultades financieras en sus autonomías, lo que precisamente fue crucial para la caída en desgracia del anterior secretario general del PSOE en el tumultuoso comité federal del pasado mes de octubre.

Montoro lo sabe y reúne el Consejo de Política Fiscal y Financiera para asegurar que “no habrá adelantos sin Presupuestos”.

Antes del comienzo de la crisis o cuando esta comenzaba a mostrar su peor cara, el entonces presidente Zapatero preguntaba a su ministro de Economía, Solbes, “Pedro ¿es que no hay dinero para hacer política?” Y en efecto, no había dinero, por eso el déficit llegó a situarse por encima del 11% del PIB.

Por ello el ejecutivo de Mariano Rajoy se afana estos días en crear un clima de diálogo y conseguir que no prosperen las enmiendas a la totalidad de las cuentas públicas. Si así fuera, con toda probabilidad, iremos de nuevo a votar antes del verano.

Contando con el beneplácito de Albert Rivera que querrá dar continuidad a las 150 medidas pactadas para la investidura, el PP necesita además de Coalición Canaria, el apoyo del PNV con cuyo grupo se negocia a toda máquina, incluso para que el AVE llegue a las principales ciudades vascas con el proyecto de la famosa Y, al que durante tantos años se opuso la organización terrorista ETA.

De momento, el ministro de Fomento, Iñigo de la Serna, anuncia que el gobierno central acepta la propuesta defendida por el ejecutivo vasco y los ayuntamientos de las tres capitales para revisar los proyectos iniciales de Adif y estudiar el soterramiento de la nueva plataforma vasca en Bilbao y en Vitoria.

El gobierno de Madrid desatascará al llamado ‘nudo de Bergara’ al liberar las adjudicaciones realizadas hasta ahora para avanzar en un nuevo proyecto para lo que constituye el punto más problemático de la Y vasca, eje que será pactado entre el gobierno central y el ejecutivo de Vitoria, cuyo partido, el PNV, apoyaría los presupuestos del Estado.

Pero no es el único apoyo posible, el presidente intenta contar con el PSOE, de forma que su inicial posición en contra de los Presupuestos para 2017 pueda cambiar, lo que facilitaría que el Gobierno logre su objetivo de sacarlos adelante, pese a que la matemática parlamentaria no es favorable. “No doy por perdido nada, y no doy por ganado nada, y además es lo que voy a hacer a lo largo de toda esta legislatura: toca hablar, toca dialogar y, si es posible, toca entenderse. Por mí, no va a faltar”.

Rajoy afirma taxativamente “intentaré aprobar los Presupuestos. Ésa es mi obligación”. Con su habitual manera de hacer política, el presidente explica la razón de esa posición: “no es bueno estar sin Presupuestos, y porque es lo que le conviene a España”.

Así, a pesar de los nubarrones que se pintaban antes de la Investidura, todo apunta a que haya Presupuestos y, en consecuencia, Legislatura, al menos durante el año que está a punto de comenzar. Apostar a más largo plazo, además de una imprudencia, es, en este caso, una temeridad.

 

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