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Volvemos a 1996, el adelanto electoral que propició la llegada de Aznar

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Elecciones

El domingo 3 de marzo de 1996 se celebraron elecciones generales en España. El presidente del Gobierno, Felipe González, se quedó solo en la empresa de aprobar los Presupuestos de aquel año. Su socio de Gobierno, Convergencia i Unió, rompió el pacto de legislatura. Joaquim Molins, portavoz de los convergentes en el Congreso, seguía las órdenes que desde Cataluña enviaba un Jordi Pujol que no quería aparecer como el sostén de un Ejecutivo marcado por la corrupción. El ministro de Economía, el socialista Pedro Solbes, pasaría a la historia como el primer responsable económico al que le rechazaron los Presupuestos. Aquellos comicios auparon al poder a José María Aznar.

González ganó en 1993 sus cuartas elecciones generales, pero con un número de escaños insuficientes (159) para gobernar en solitario. El socialista negoció y consiguió el apoyo de CiU y PNV para la investidura. Era el inicio de una larga relación entre partidos nacionales y nacionalistas para consolidarse en el poder. Una relación trufada de zancadillas. Como vemos, los mismos que apoyaron a Pedro Sánchez en la moción de censura contra Rajoy son los mismos que este miércoles han preparado su exequia legislativa.

Si González pagó caro haber quedado lejos de la mayoría absoluta en las elecciones de 1993, parecido camino, aunque con mayor debilidad parlamentaria, ha seguido Sánchez. En breve se dará la fecha de la convocatoria de elecciones y asistiremos al alumbrado de un Congreso inédito, con la presencia de cinco formaciones de ámbito estatal (nuestro sistema arrancó con cuatro: PSOE, UCD, Alianza Popular y Partido Comunista). Está por ver si Ciudadanos logra el adelantamiento a los populares a costa de la pérdida de votos en favor de Vox (las últimas encuestas no lo ven así, aunque el desgaste de los de Casado es tremendo).

Pero este paralelismo merece un importante matiz. Sánchez, ha intentado ser el poli bueno y dialogante en Cataluña; mientras, la derecha gemebunda se preparaba en Colón para ser el sheriff del 155. Además, estos ocho meses de legislatura socialista –que coincide ahora con la lectura de la acusación por parte de la Fiscalía contra los doce políticos catalanes que están siendo juzgados en el Tribunal Supremo– han culminado en el intento de aprobar unas cuentas con un marcado carácter social. La última etapa de Felipe González, en cambio, agonizaba entre escándalos de corrupción (los GAL, el secuestro y asesinato de Lasa y Zabala, el caso de los Fondos Reservados, el caso Roldán…), por lo que no era una locura darle la espalda en un momento clave.

Motivos para el adelanto de elecciones

El ‘¡Váyase, señor González!’ ocupó gran parte del discurso que leyó el líder del PP en el Congreso, José María Aznar, en octubre del 95 para defender la enmienda de devolución de su grupo a los PGE: «Si no tienen la confianza de la Cámara, no pueden seguir gobernando, ni ahora ni en marzo», dijo.

González y los suyos veían desfilar a sus señorías por la tribuna para exponer los porqués de su rechazo. Cada portavoz tenía una explicación: para Jon Zabalia, del PNV, la causa era no haber contado con su grupo; para José Carlos Mauricio (Coalición Canaria), porque un gobierno asediado por tantos escándalos era incapaz de gobernar; y para Pilar Rahola (ERC) porque nadie se atrevería a confiar en un país sin Presupuestos.

Este nuevo rechazo y su consiguiente convocatoria de elecciones, anunciada por Pedro Sánchez para el 28 de abril, tiene la firma de PP, Ciudadanos, Coalición Canaria, Bildu, UPN, Foro Asturias, una diputada de En Común adscrita a Unidos Podemos (Marta Sibina, quien critica el bloqueo de los barcos de ayuda humanitaria en el Mediterráneo) y los independentistas catalanes de ERC y el PDeCAT. A favor han votado Unidos Podemos y PNV; el diputado de Nueva Canarias, Pedro Quevedo, se ha abstenido.

¿Repetirá victoria la derecha?

Dos días antes de las elecciones, el 1 de marzo de 1996, el presidente del PNV, Xabier Arzalluz, desde el Pabellón de la Casilla, en Bilbao, advirtió de la llegada de José María Aznar, un líder político apoyado por «gentes que son de temer», y clamó: «Que Dios nos coja confesados si consigue la mayoría absoluta». Aznar obtuvo 156 diputados, buscó un acuerdo con CiU –el Majestic– y con el PNV, no por necesidad de estabilidad parlamentaria sino por el interés de Jaime Mayor Oreja de combatir el terrorismo de ETA desde una visión nacional con el apoyo de los nacionalistas vascos.

Si la historia se repite, una derecha muy dura y con ganas de castigar al independentismo –y, por ende, a Cataluña–, tiene altas posibilidades de llegar al poder. Joan Tarda, el portavoz de ERC en el Congreso, a la vez que defendía la enmienda a los PGE tendía la mano al presidente para una futura legislatura: «Entendemos que es una oportunidad perdida y trabajaremos para que no sea definitiva. Nosotros insistiremos, si ahora no se han dado las negociaciones para un diálogo, trabajaremos para que las haya en un futuro». ¿Será demasiado tarde?

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Sergio García M.

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