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4N: la llave de la Moncloa

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4n Eleccciones candidatos

La cita tiene fecha: el 4N, los cinco grandes líderes de los principales partidos se verán las caras y los españoles se sentarán ante el televisor, en sus casas, para ser testigos del gran debate a seis días de acudir a las urnas.

Es por tanto la gran ocasión de la democracia que va a decidir el resultado de unas elecciones que se tuvieron que convocar ante la falta de acuerdo para llevar a un candidato a la Moncloa.

Hace apenas 15 días ya apuntamos en Analytiks que estos “decisivos” debates, en realidad no son tanto, ni acaban resultando tan cruciales ni resuelven nada porque, como siempre se había dicho, el subconsciente de los votantes ya ha tomado su decisión, o casi, cuando llegan estas grandes citas.

Diga lo que diga el CIS o el resto de institutos demoscópicos, en esta ocasión, la mayoría de ciudadanos aún no tiene seguro a quien votará; mientras en su decisión va a pesar lo ocurrido en Cataluña y en las calles de sus principales ciudades tras la sentencia del procés.

4n: así abordarán los líderes sus intervenciones

Mientras llega el debate y la semana definitiva, los ciudadanos examinan la reacción de unos y otros dirigentes ante la que constituye la mayor amenaza a la integridad territorial de nuestro país, el conflicto catalán.

La gran incógnita del debate es saber cómo abordarán los líderes sus intervenciones y cuál será el sentido de su discurso, en consonancia con su relato, como se dice ahora. Como prolongación del discurso y del relato, el diseño para saber a quien atacarán y qué argumentos utilizarán para convencer o conmover a los ciudadanos.

Evidentemente, a pocos días del debate nadie sabe cómo preparan sus intervenciones los distintos candidatos, pero sí podemos intuir las consecuencias de una postura o la contraria.

El actual inquilino de Moncloa se presentará en el debate del 4N  como el presidente que se ocupa de lo importante y no hace concesiones electorales, un hombre de Estado que representa mejor que nadie a su país. Otra cosa es el expediente que le ha abierto la Junta Electoral Central, precisamente por todo lo contrario.

Los adversarios del presidente tratarán de sacarle de su posición por su actitud pasiva en la crisis catalana, precisamente lo mismo que él denunciaba como ausencia de diálogo de su antecesor. Después de los incidentes violentos en Cataluña que todo el país ha visto en televisión, éste será el tema central que movilice el voto de los indecisos. La sociedad necesita certidumbres y seguridad, busca alguien que lidere una crisis institucional que requiere autoridad y garantizar la unidad de España y la tranquilidad de una gran parte de la sociedad catalana que no quiere la independencia ni que la convivencia permanezca alterada a diario. Parece el mensaje de Vox, que acude al debate por primera vez, pero el presidente en funciones y candidato tendrá que hacer un ejercicio en la cuerda floja para apuntar en esa dirección sin que se le confunda, claro está, con la ultraderecha.

Los alumnos de las universidades catalanas no quieren seguir en huelga, seguramente una imporatante mayoria y, en muchos casos, saben que se juegan su futuro y no pueden perder ni un minuto que perjudique su formación en un mercado duro y dificil que les aguarda y en el que tienen que competir sin fronteras, aunque los independentistas se empeñen en ponerlas para encerrarse en sí mismos. Ante esta situación, los jóvenes catalanes y sus familias no entienden la pasividad de las autoridades ante lo que ven. Los mossos no actúan y si lo hacen son investigados y marcados como contrarios a una república catalana que es una quimera.

En el debate del próximo 4N veremos efectos y juegos de artificio para llamar la atención y romper el discurso de los adversarios. También el presidente preparará sus recursos y tratará por todos los medios de no caer en provocaciones a uno y otro lado. Incluso la presencia del líder de Vox le viene bien por paradójico que pueda resultar. La ultraderecha emergente facilita la imagen centrada del partido socialista y significa la coartada perfecta para no pactar una coalición de izquierdas, sino un acuerdo de centro con el PP para evitar un nuevo bloqueo.

Luchas entre bloques

En la última cita electoral, los líderes de izquierda, Sánchez e Iglesias, no buscaron un enfrentamiento brusco y descalificador, quisieron transmitir cierta capacidad de entendimiento, con paciencia y propuestas para convencer al electorado de la conveniencia de optar por sus listas en lugar de una derecha retrograda y fuera de sitio.

Los efectos para llamar la atención de Rivera no fueron entendidos por el electorado de centro izquierda, lo que seguramente acabó generando que Ciudadanos no captara ningún voto más que aquellos provenientes del PP, a pesar de lo cual, no hubo sorpasso en el centro derecha.

Lo que no sabemos es cómo responderá Pedro Sánchez cuando Pablo Iglesias le pregunte por qué el presidente no podría dormir tranquilo si el líder de Podemos estuviera en el gobierno. Puede haber otras preguntas o acusaciones, pero para los defensores de un acuerdo de izquierdas, la respuesta no es fácil, aunque seguro que Iván Redondo ya ha encontrado la fórmula para que su jefe salga airoso y hasta convincente.

La clave en televisión es generar confianza y transmitir seguridad, lo que consiguió un encantador Kennedy ante un inseguro Nixon en la primera gran contienda política ante las cámaras y que ha creado escuela. La segunda clave es no creerse que es pan comido, como le ocurrió a González frente a Aznar en el 93. El entonces presidente de 3 mayorías absolutas consecutivas se veía a sí mismo como ganador indiscutible y acabó perdiendo.

La cuestión fundamental en este 4N no es solo cómo encontrar la mejor respuesta, sino, sobre todo, cómo transmitir confianza y resultar convincente para no perder votos o, incluso, si se puede, para ganarlos. Si Sánchez descalifica a Iglesias usará un código no verbal que los votantes interpretarán como la imposibilidad, más que probable, para formar una coalición de izquierda con Podemos. Podría producirse con Errejón, pero las encuestas no hacen presagiar un resultado que facilite esa posibilidad.

Por tanto, los signos nos trasladarán la opción de un acuerdo para recuperar la gobernabilidad vía bipartidismo, pero este mensaje subliminal se pretenderá crear como una conclusión para el espectador, no como una obviedad.

Todos habrán ganado

Al finalizar el tiempo y hasta el minuto de oro, los cinco candidatos y sus equipos dirán que han ganado y que sus principales enemigos, o a los que hayan acertado a presentar como tales, carecían de propuestas.

Pablo Casado centrará su mensaje en el debate del 4N en la economía y en los presupuestos vigentes de Montoro que siguen prorrogados. Centrará sus ataques en el presidente, aunque el tono no buscará el cuerpo a cuerpo y su gran preocupación se centra en encontrar la mejor manera para escapar de las acusaciones de corrupción que tanto dañaron la credibilidad de su partido.

Los equipos de los cinco líderes centrarán toda su intención y todo su esfuerzo en demostrar que su jefe es el ganador y si la opinión publicada se decanta por uno de ellos, en efecto, habrá ganado el debate.

Es decir, el debate en sí no es tan decisivo, siempre que no se hayan cometido errores garrafales. Lo verdaderamente importante es crear la sensación de que hay un ganador y ya verán ustedes cómo este es el principal objetivo de los estrategas y las terminales mediáticas de los partidos, apuntarse el triunfo.

Iberia Alexa

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