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Así puede cambiar EE. UU. con Donald Trump al frente

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Así puede cambiar EE. UU. con Donald Trump al frente 1

Donald Trump, el paladín de la clase alta, el showman metido a empresario, el misógino y racista que dice ser amigo y defensor de las mujeres y de los latinos (“They’re incredible people. I love them”, llegó a decir de estos últimos), ha conseguido hacerse con las llaves de la Casa Blanca en unas elecciones presidenciales marcadas por el juego sucio del magnate, las polémicas en torno a su figura y un programa político que escandalizó a medio mundo. ¿Pero cómo va a conseguir ser presidente alguien que quiere levantar un muro en la frontera con México? ¿Cómo va a dirigir la primera potencia mundial alguien que quiere vetar la entrada a los musulmanes? ¿A quién se le ocurriría votar a un tipo que alardea de tener la mano muy larga con las mujeres? ¿En serio puede llegar a ser presidente alguien que cree que el cambio climático es un cuento chino? Pues así ha sido, a pesar de que las encuestas –que últimamente no dan ni una– siempre dieron la victoria a la candidata demócrata. De nada sirve ya que medio mundo se lama las heridas por la derrota de Hillary Clinton. Trump es el presente de EE. UU. y el encargado de escribir el futuro de la nación más importante del planeta.

¿De verdad cumplirá con su programa electoral? Esta es la pregunta que se hace medio mundo a escasos días de que Donald Trump haya sido elegido presidente en las urnas. En ANALYTIKS desgranamos qué es lo que el republicano ha dicho durante la lucha por las presidenciales y qué es lo que puede a llegar a hacer sobre el papel en los diferentes puntos de su programa político.

Medio ambiente

El mundo puede ser un lugar peor con la llegada de Donald Trump al poder. Es innegable la importancia de EE. UU., junto con China, en cualquier negociación y acuerdo sobre el cambio climático. Pues bien, el nuevo mandamás estadounidense es un acérrimo negacionista del cambio climático asegurando que este concepto “ha sido creado por China para bajar la competitividad de las fábricas de EE. UU.”. También comentó que “todos los eventos climáticos son utilizados por los mentirosos para justificar mayores impuestos”.

Aunque se pueden cerrar grandes acuerdos sin la firma de EE. UU. (recordemos que hace 16 años, Bush, otro escéptico del cambio climático, se vio obligado a tomar ciertas medidas una vez que se firmó el protocolo de Kioto), lo cierto es que Trump puede paralizar las iniciativas federales de su predecesor, Barack Obama, incentivar las inversiones en el fracking, la actividad petrolera o la industria minera.

Asimismo, para torpedear el rumbo de su país hacia una ruta más sostenible, Trump, según su programa político, tratará de eliminar la Agencia de Protección del Medio Ambiente y las regulaciones que dificultan el crecimiento de las empresas; por supuesto, no promoverá el uso de energías verdes y apostará por las nucleares. De nada sirve que desde la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia (AAAS, por sus siglas en inglés) le hayan pedido que abra los ojos ante la “evidencia” del cambio climático en lugar de dar por buenas las teorías conspiratorias de los escépticos.

Inmigración

El presidente electo, en su primera entrevista televisiva tras saberse vencedor en las elecciones estadounidenses, fue claro y conciso en este sentido: deportará a los inmigrantes que tengan antecedentes penales, una cifra que oscila entre los dos y los tres millones de personas. La sentencia, en palabras del propio Trump sonó así: “Lo que vamos a hacer es tomar a la gente que son criminales y que tienen antecedentes penales, pandilleros, traficantes de drogas, probablemente dos millones, podrían ser incluso tres, y vamos a echarlos del país o vamos a encarcelarlos”.

En dicha entrevista, Trump recordó que la idea de construir un muro para separar a estadounidenses de mexicanos sigue en pie. Aunque sea la frontera más transitada del mundo debido a sus 3.200 km de largo (registra cada día más de un millón de cruces legales de personas) y a pesar de que ya exista una valla que separa ambos países por las zonas urbanas para evitar, precisamente, los ingresos masivos a través de los puntos fronterizos, el republicano sigue firme en su idea de levantar un muro y de que lo paguen los mexicanos.

Además del muro, Trump pretende desarrollar un programa de seguimiento para ayudar a las autoridades a rastrear a los inmigrantes que se queden en EE. UU. una vez que se les haya caducado el visado. De la mano de esta propuesta viene la siguiente: los inmigrantes que aprueben el “examen extremo” para ingresar en el país norteamericano deberán, asimismo, completar un “test ideológico” en el que al sujeto se le cuestionará, entre otros asuntos, por cuestiones religiosas. Por último, también prohibirá la entrada a refugiados sirios y libios a los que ha calificado de “caramelos envenenados”. También prohibirá de forma temporal la entrada de musulmanes al país y vigilará las mezquitas.

Defensa y seguridad

Trump tiene en su poder al ejército más grande y más poderoso del mundo. Para ellos y su implicación en el mundo también tiene sus planes. El magnate disfrazado de presidente dice que los aliados de EE. UU. deberán pagar por los servicios prestados en materia de seguridad, un mensaje para la OTAN, donde su contribución representa el 75 % de su presupuesto, y países como Corea del Sur. “Haré que nuestros aliados paguen por la protección que les brindamos. Podremos ahorrar miles de millones de dólares (…) Somos una nación deudora y una de las razones es que gastamos mucho en el Ejército, pero el Ejército no es para nosotros: es un cuerpo de seguridad para otras naciones”, ha dicho Trump.

Pero también quiere darle uso a esa fuerza militar y sacar músculo en Oriente Próximo. Entre las promesas de Donald Trump también se halla la de acabar con Daesh. “Vamos a declarar la guerra a Estado Islámico, vamos a borrarlos del mapa”, pero con pocas tropas y con “increíble inteligencia, algo que ahora no tenemos”. En este sentido, también se encuentra la misión de forzar a las naciones de la zona a involucrarse en la lucha contra estos yihadistas y la de atacar los campos petroleros para cortar sus ingresos.

Como todo republicano que se precie, Trump también garantizará que todos los ciudadanos puedan portar armas protegiendo la 2ª enmienda de la Constitución, ampliará el permiso para portarlas a los 50 Estados del país y acabará con cualquier limitación gubernamental sobre el tipo de armas que se pueden vender. Sin embargo, este ‘libertinaje’ armamentístico también esconde una serie de medidas encaminadas a garantizar la seguridad de los estadounidenses: por un lado, se mejorará el sistema existente de revisión de antecedentes para vender armas; por otro, se activaría el famoso protocolo ‘Project File’ mediante el cual se condenaría a cinco años de cárcel sin derecho a libertad condicional a quien cometa un delito con un arma.

Economía

Uno de los puntos que más expectativas genera es saber qué hará un magnate como Trump con la primera potencia económica del mundo. Para empezar, ha amenazado con establecer aranceles comerciales contra China y México, el segundo y tercer socio comercial de EE. UU., respectivamente. El proteccionismo con el que Trump ha llegado a la Casa Blanca no gusta en Pekín, donde ven muy cerca el estallido de una guerra comercial con graves consecuencias para la economía mundial. Bajo su mandato también se cancelarán todos los tratados de libre comercio en los que participe (el NAFTA, con Canadá y México) o en los que esté a punto de participar (el TTIP, con Europa).

Durante la campaña, Trump y los suyos aseguraron que reducirían los impuestos a solo tres tramos (del 12 %, 25 % y 33 %). En cuanto a las empresas, estas pagarán como máximo un 15 % en impuestos (ingresen la cantidad que ingresen), salvo las que externalicen su producción: estas abonarán hasta un 35 %.

Donald también se ha ganado la enemistad del sector financiero debido a su apoyo explícito a la Ley Glass-Steagal. Esta normativa, acordada en 1933, separó la banca tradicional de la banca de inversiones con el objetivo de evitar que la primera pudiera llevar a cabo inversiones de alto riesgo.

Siendo un poco más optimistas, puede que con Trump se acabe la austeridad. La inversión privada está estancada por falta de demanda, lo que ha llevado a él y a su equipo a plantear un plan de inversiones en infraestructuras por valor de un billón de dólares. También pretende subir a 10 dólares por hora el sueldo mínimo federal

Sanidad

A pesar de que en multitud de ocasiones se haya dicho lo contrario, Donald Trump rechaza de facto los recortes en asuntos de Seguridad Social. No quiere, ni ha querido, que millones de ancianos no tengan derecho a jubilación ni quiere que otros tantos se queden sin seguro médico. En este sentido, Trump, durante la primera entrevista televisiva que concedió tras su elección como presidente, dejó la puerta abierta a mantener algunas de las partes más importantes del Obamacare, la reforma sanitaria iniciada por Obama: la provisión que obliga a asegurar a personas con enfermedades previas y la disposición que permite extender la cobertura sanitaria de un adulto a sus hijos hasta los 26 años.

Además, en materia de seguridad, Donald Trump intentará reducir las restricciones a las ventas de seguros médicos, fomentará el uso de cuentas de ahorro de salud y permitirá que los ciudadanos estadounidenses puedan reducirse impuestos por los pagos en la cobertura médica.

Sergio García M.

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