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Borja Sémper y el largo y necesario viaje del PP de vuelta al centroderecha

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Borja Sémper
Borja Sémper, en una imagen de archivo | Wikipedia

Borja Sémper, que ingresó con 17 años en las Nuevas Generaciones del Partido Popular, abandona a los 44 las filas conservadoras. Entró en política deslumbrado por la figura de Gregorio Ordóñez, teniente alcalde de San Sebastián. No le amedrentaron ni las amenazas que recibía ni los días de luto en aquella Euskadi del hacha y la serpiente. “Hoy, 25 años después, puedo decir con una amplia sonrisa que me voy en circunstancias muy diferentes a las que entré en política”. Sémper, presidente del PP de Gipuzkoa y portavoz en el Parlamento Vasco, y uno de esos ‘versos sueltos’ dentro del PP, se va apartado de los órganos de decisión y debate de este nuevo PP, que pugna en dureza con el discurso de la ultraderecha de Vox. Y no ha sido el único en irse.

Recuerdan varios medios de comunicación el último gran desencuentro de Sémper con su partido, concretamente, con Cayetana Álvarez de Toledo, la portavoz en el Congreso, quien acusó a sus compañeros vascos de “tibieza” con el nacionalismo al tiempo que aseguraba que el momento político actual es más difícil que cuando ETA mataba. Atónito, Sémper respondió: “Mientras algunas caminaban por mullidas moquetas, otros nos jugábamos la vida defendiendo la Constitución”.

El PP y la llegada de Vox

Pablo Casado se preparó para las elecciones de abril afilando discurso y uñas. Competir en agresividad con Vox para evitar la fuga de votantes fue una mala empresa. El PP pasó de 137 diputados a 66; la ultraderecha llegaba al Congreso con 24 diputados. El peor resultado de la historia de los populares. Afortunadamente para sus intereses, en noviembre se celebraron nuevos comicios y consiguieron 22 escaños más. En esta ocasión, el líder de los populares optó por un discurso más suave, tildando a los de Santiago Abascal de ser una formación ultra.

Aquella postura no sirvió para parar a Vox, que obtuvo 52 escaños, pero sí para frenar su hemorragia electoral. Cuando el PP olvida su espacio y se empeña en complacer a aquellos que lindan con la ultraderecha, lo acaba pagando en las urnas. De ahí el descontento de todas las personalidades que han abandonado la formación –Soraya Sáenz de Santamaría, José Luis Ayllón, Fátima Báñez, Íñigo de la Serna y Cristóbal Montoro, entre otros–.

Una nueva encuesta realizada durante la investidura da otros cinco diputados más a Vox, que se situaría con 57 escaños, y uno menos para el PP. En la sesión de investidura volvimos a ver a ese Pablo Casado agresivo –“Es hora de volver a cortarse la barba, señor Casado, le dijo Sánchez–, a punto de reactivar la fábrica de los insultos. Está por ver si sus cuerdas vocales aguantan con esta tensión toda la legislatura.

Intenciones dulces, discursos ácidos. En la Junta Directiva Nacional, Casado anunció una “oposición moderada, pero no ingenua”, que no fomente el discurso “desestabilizador, bronco, los escraches o llamar asesino a nadie” y negó la existencia de halcones y palomas en el seno de la formación. “No hay un PP duro o blando, solo hay uno”, advirtió. Y quizá ese haya sido el detonante de la huida del portavoz en el Parlamento vasco. “Creo en los partidos como canalizadores, pero son más sanos si en su seno albergan posiciones que chirrían. Si no lo hacen convertimos los partidos en sectas, en trincheras, en cajas de resonancia que solamente convencen a los ya convencidos”, ha dicho en su despedida.

Sémper, Feijóo y el centro

Mientras el transcurso hacia la moderación anunciado por Casado se materializa, algunos como Borja Sémper huyen del barco. Otros, como Alberto Núñez Feijóo, presidente de la Xunta de Galicia, dicen compartir la estrategia de Casado… con un matiz llamado “discurso propio, aunque haya a quien no le guste”, ha dicho.

Con el malestar de Sémper y la postura de Feijóo queda claro que el PP necesita una nueva hoja de ruta y se desmarque radicalmente de Vox si no quiere ser fagocitado por la ultraderecha, como ya ocurrió en Francia, donde la Agrupación Nacional de Marine Le Pen ha absorbido a la derecha democrática.

¿Casado seguirá la senda de la ultraderecha?

Guillermo Fernández-Vázquez, investigador en la universidad Complutense de Madrid y autor del libro Qué hacer con la extrema derecha en Europa, preguntado por El Confidencial, sostiene que Pablo Casado parece que, “al menos durante los primeros meses de gobierno”, hará una oposición igual de fuerte que Vox en un asunto clave como Cataluña y se mantendrá a la espera de que un escándalo o una salida de tono desinfle a la ultraderecha. “Pero la experiencia de las elecciones de 2008 y 2019 no invita a pensar que esta estrategia sea exitosa. Este tipo de trayectoria estratégica suele incentivar el voto de la izquierda e incluso de los votantes nacionalistas y regionalistas hacia el PSOE”, sostiene Fernández-Vázquez.

El investigador sostiene que “la experiencia reciente de otros países como Holanda, Italia o Francia es que cuando la derecha clásica hace seguidismo de la derecha radical, esto no frena la fuga de votos, sino que la estimula. A medio plazo, sustrae a la derecha clásica tanto de su capital ideológico como de su capital simbólico”. La legislatura acaba de echar a andar. Veremos qué camino escoge el Partido Popular y si se producen nuevas espantadas como la de Borja Sémper… o corrige el rumbo hacia el centro.

Iberia Navidad
Sergio García M.
Periodista. Redactor jefe de Analytiks.

Chapapría, presidente de la AICCP/IC, sostiene que solo “el 25 % de la inversión en infraestructuras debe ser pública”

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