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Ciudadanos y el futuro: ¿hay vida después de Albert Rivera?

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Ciudadanos. Albert Rivera e Inés Arrimadas
Rivera y Arrimadas | Foto: Carlos Teixidor Cadenas (Wikipedia)

Un líder, Albert Rivera, que a escasos días de las elecciones aseguraba “no tener apego al cargo”. Una formación, Ciudadanos, que abandonó toda esperanza cuando se abrazó a la épica de “la remontada”, palabro del que uno tira cuando se sabe perdedor y solo le queda la fe. El partido naranja recibió un severo correctivo en las urnas: de 57 escaños, a 10; de más de cuatro millones de electores, a poco más de millón y medio. Entre medias, tan solo seis meses.

El tropiezo de Ciudadanos ha sido tan descomunal como lógico si atendemos a la trayectoria. La asociación cívica Ciudadanos nació, como saben, de un grupo de intelectuales catalanes progresistas hastiados por la deriva que había adoptado el tripartito de Maragall. La plataforma era una respuesta liberal y cosmopolita al nacionalismo institucional que instaló Pujol al retirarse del poder en 2003. Pronto surgió una organización, ya desvinculada del grupo fundacional, cuyo primer líder fue un joven –26 años– Albert Rivera.

Ciudadanos echó a andar en Cataluña y poco tiempo después dio el gran salto a todo el Estado, con el honorable propósito de ser un partido bisagra, con capacidad de vigilancia sobre el bipartidismo y plasticidad para llegar a acuerdos con ambas formaciones. Pretendía, en esencia, que los partidos hegemónicos de nuestro sistema no tuviesen que recurrir a formaciones nacionalistas para configurar una mayoría, a cambio de competencias y dádivas desequilibrantes para el régimen de las autonomías, puesto que se generaban injustas asimetrías.

Ciudadanos y 2016: lo que pudo ser y no fue

Tras las elecciones de 2015 llegamos a un 2016 con un cambio de cromos: del bipartidismo imperfecto al cuatripartito. Albert Rivera (43 escaños) y el PSOE (90 diputados) firmaron un proyecto de gobierno en el que solo necesitaban la abstención de Podemos (69 asientos) para salir adelante. La formación morada, ya lo saben también, impidió que los socialistas gobernasen no prestándose a la maniobra. Aquí comenzó la desorientación de Rivera.

La imposibilidad de formar un gobierno nos empujó de nuevo a las urnas. Rivera obtuvo 32 escaños y decidió apoyar a Mariano Rajoy y a sus 137 diputados. El PSOE saltó por los aires después de que una parte se abstuviese para hacer posible la formación de un gobierno. Rivera olió –equivocadamente, se dijo, y ahora se aprecia con toda claridad– la sangre en la derecha y hacia allí puso rumbo. En el norte de su brújula, el sorpasso al PP. Para ello, debía soltar lastre: eliminó de sus estatutos el término socialdemocracia y se quedó solo con la calificación de liberal.

Giro a la derecha

A cámara lenta hemos comprobado cómo saltaban por los aires todos los puentes con el PSOE, especialmente con Sánchez. Ciudadanos llegó a un acuerdo con Vox y el PP en Andalucía, en las generales de 28 de abril no consiguió sobrepasar a Pablo Casado y en las elecciones municipales y autonómicas de mayo consolidó a los populares allá donde pudo. Toni Roldán, responsable de los programas electorales de Ciudadanos, abandonó el cargo tras el giro de la formación: “Uno no puede tratar de ser lo que no es durante mucho tiempo. Todas las estrategias políticas tienen costes, pero los costes de esta estrategia elegida por Ciudadanos son muy altos para España”.

Aquella estrategia, y su no rectificación pese a las advertencias, expulsaba a todos los seguidores progresistas y a aquellos que les habían apoyado en su lucha contra el nacionalismo identitario catalán desde posiciones moderadas y centristas.

El 10N ha sido la prueba del algodón y la muestra de que, como dijo Jorge Dioni en estas páginas: “Nadie quiere repartir entre tres lo que se puede dividir entre dos”. Rivera apenas retuvo al 32 % de quienes le apoyaron el 28A. Según Sigma Dos, la mayor parte de los electores de Ciudadanos que votó por otro partido otorgó su papeleta al PP o a Vox. Los conservadores templados que votaban a Rivera se pasaron al PP; los más inflamados, a los ultras de Vox.

¿Y ahora qué?

Esta es la pregunta que muchos se hacen en Ciudadanos. El nombre de Inés Arrimadas suena en todas las quinielas, pero es muy dudoso que algún epígono de Rivera pueda dar la vuelta al calcetín. Quien se empeñe en continuar por la senda iniciada por el ya exlíder es muy probable que termine definitivamente con el partido.

Difícilmente pueda el partido empezar a reconstruirse con alguien como José Manuel Villegas al frente, pues ha vuelto a situar al PSOE fuera del constitucionalismo después de que Sánchez firmase un preacuerdo de gobierno con Unidas Podemos. La actual situación da sin duda la razón a todos aquellos que se marcharon del partido previendo la debacle. Quizá haya que hacerles una llave nueva y que sean ellos quienes salven esta casa en llamas.

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Sergio García M.
Periodista. Redactor jefe de Analytiks.

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