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Conquistar los cielos

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Iglesias y Errejón. Conquistar los cielos
Errejón e Iglesias (d), durante la presentación de Podemos en 2014 | Foto: Podemos

Conquistar los cielos 1Hay imágenes que quedan en la retina y acaban pasando a la historia. Es fácil ahora recordar la famosa foto de la tortilla, en la que un grupo de jóvenes andaluces retozaban a orillas del Guadalquivir, en los pinares de Puebla del Río, en 1974, justo antes de disponerse a conquistar los cielos. De la tortilla dieron el salto en apenas 8 años a los restaurantes de cinco tenedores y al poder vestido de socialdemocracia. La rebeldía inicial de los primeros años fue evolucionando paulatinamente hasta que casi hizo irreconocibles a sus protagonistas.

Todo el mundo cambia y esa evolución es no solo lo normal, sino incluso deseable. Ya lo dijo Willy Brandt “quien a los veinte años no es comunista es que no tiene corazón y quien a los 60 años sigue siéndolo es que no tiene razón”. Tal vez por eso, en la foto de la tortilla, Felipe González estaba ya sentado anticipándose a sus amigos, incluido Alfonso Guerra, que miraban atentos y divertidos, mientras esperaban alguna señal de liderazgo. El camino quedó claro cuando Isidoro dijo aquello de “hay que ser socialistas antes que marxistas”.

Especialmente cuando la ingenuidad juvenil debe enfrentarse a las tareas de gobierno, se madura a gran velocidad ante los retos que exigen aprender a toda prisa las claves la realidad. Por ello, después de prometer un referéndum para salir de la OTAN, se acabó convocando para permanecer, lo que significaba cumplir la palabra dada, pero en el sentido contrario.

Iglesias y Errejón

Conquistar los cielos. Iglesias y errejón

Iglesias y Errejón de jóvenes

Ahora nos ocurre algo parecido con Iglesias y Errejón, pero a mayor velocidad porque la vida se acelera cada vez a un ritmo más endiablado y la amistad entre ambos se ha roto sin pasar por el poder, después de pisar solo la moqueta del Parlamento. Parece que se han olvidado de los principios demasiado pronto estos dos nuevos líderes de los desprotegidos, lo que se conoció en la revolución francesa como “los sansculottes”, el estado llano que se alzó contra la tiranía. Realmente Iglesias y Errejón no responden al modelo de unos “sin calzón”, ellos han podido ir a la universidad y parecen llevar una vida acomodada, especialmente desde que el primero se hiciera con una casa con jardín y piscina en la sierra madrileña, vigilada día y noche por la Guardia Civil. La compra de la para muchos mortales inalcanzable residencia se sometió a escrutinio de las bases y recibió aprobación, pero rompió el idilio con el líder.

La imagen de estos dos revolucionarios juveniles nos traslada con cierta nostalgia a un tiempo vivido de los mejores años en los que soñar con la conquista de ideales de justicia e igualdad.

Se habían presentado en público como portavoces del movimiento de los indignados del 15-M para recoger las demandas de los desesperados a los que la crisis había marginado y dejado sin futuro. La estrategia era sencilla, alcanzar el poder y cambiarlo todo a gran velocidad. Prometieron lo imposible rechazando el régimen del 78 para deslegitimar el modelo de la Transición y el valor de la Constitución.

Cuando llegaron por primera vez al Parlamento, las rastas o los bebés en algún escaño, nos traía una iconografía irreverente que, pasado el tiempo, hacía imposible algún entendimiento más allá de la moción de censura.

El bloqueo permanece

Pasado el tiempo, el bloqueo es la clave de la vida política sin poder formar un gobierno estable que se ponga a trabajar mientras todos los protagonistas se acusan unos a otros de la incapacidad para el acuerdo, lo que provoca el desencanto de los ciudadanos que aumenta la desconfianza en la política.

Llegados a este punto, las voces autorizadas del socialismo parecen manifestar su regodeo con la llegada de Errejón para restar votos a Podemos y a su controvertido líder. El fin del bipartidismo nos llevó al surgimiento de 4 partidos que ahora se han convertido en 6, lo que hace cada vez más difícil el trabajo de predicción de los estudios demoscópicos.

La llegada de Errejón a la política nacional es la gran novedad, sobre todo por el morbo de enfrentarse a su antiguo amigo y compañero, para algunos como una maniobra que puede ofrecer a Pedro Sánchez la posibilidad de formar gobierno con un socio que le deje dormir tranquilo.

Falta determinar la fórmula de coalición, en la que entrará Compromís. Habrá que decidir el nombre, la marca y, lo que es más importante, el mensaje. Para explicar su proyecto, Iñigo Errejón ¿utilizará ideas de Podemos? ¿Quién será su principal contrincante en los debates televisivos, si es que es invitado. Seguro que TVE cuenta con él.

Iñigo Errejón parece ser una solución para Pedro Sánchez, un presidente que quiere dormir tranquilo, motivo por el que cambió el colchón de la Moncloa y que no quiere tener en el gobierno a ministros de Podemos pero sí quiere contar con el líder de Más Madrid. ¿Habrá encontrado el presidente en funciones la clave para alcanzar un acuerdo que le permita un acuerdo estable? El 10 de noviembre lo veremos. Bueno, seguramente, algún tiempo después.

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