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Después del debate, la polarización

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Después del debate, la polarización 1
MADRID 13 06 2016 POLITICA Debate a cuatro en la campana electoral del 26J Mariano Rajoy PP Pedro Sanchez PSOE Pablo Iglesias Podemos y Albert Rivera Ciudadanos FOTO JOSE LUIS ROCA

Si los políticos hubiesen querido verdaderamente que el debate influyera en la opinión pública, lo hubieran ubicado mucho más cerca de la cita electoral, no al principio de la campaña. O, mejor aún, hubieran celebrado una serie de dos o tres debates, para que las posiciones hubiesen quedado mejor fijadas, más sólidamente referenciadas a los ojos de todos. Por el contrario, y seguramente a causa de las dudas de todos ellos en sus propias fuerzas, han preferido que esta liturgia electoral, que en otros países -en las democracias más sólidas- es decisiva para orientar el voto, fuese aquí un elemento poco relevante en la formación de la voluntad popular.

De hecho, según la encuesta del Instituto DIM para El Confidencial, el debate sólo influirá en alguna medida en el voto del 6% de los electores.

Por esta misma razón, la influencia del debate en el resultado será probablemente escasa, aunque esta clase de cábalas no puede evidentemente contrastarse, máxime cuando las conclusiones del mismo son tan mudables por lo subjetivo del juicio global: la encuesta de Metroscopia para El País ha dado ganador a Iglesias (22%), seguido de Rajoy (18%), Rivera (14%) y Sánchez (6%). La encuesta para el Instituto DIM para El Confidencial, obtiene que Iglesias ganó el debate con el 17,6%, seguido a muy poca distancia por Albert Rivera (15,8%) y Mariano Rajoy (15,2%), mientras que Pedro Sánchez ha quedado descolgado de sus rivales (9,9%).El publicado por La Sexta la misma noche del debate, elaborado por Invymark, dio ganador a Iglesias con una ventaja de siete puntos sobre Mariano Rajoy, que quedó en segundo puesto (28,9% frente al 21,8% del presidente en funciones). Las encuestas digitales no científicas que se han publicado han dado ganador Iglesias o a Rajoy, según la tendencia ideológica del medio, y por lo tanto de sus lectores. Sí parece en todo caso que el candidato del PSOE ha quedado notablemente descolgado.

No es difícil deducir de todas estas informaciones e impresiones que

a).-Mariano Rajoy consiguió su propósito de polarizar el debate con Podemos, así como el objetivo de que se desvaneciese en buena medida el planteamiento “todos contra el PP”, ya que había otras rivalidades presentes, y en especial la confrontación Iglesias-Sánchez, en que ambos se jugaban el ser o no ser. En definitiva, el todavía líder de la mayoría salió relativamente indemne y reforzado de la prueba. Lo que no significa que tenga asegurada, ni mucho menos, su continuidad como jefe del Gobierno porque su figura puede obstaculizar las futuras alianzas, como es bien evidente.

b).-Iglesias se benefició del interés de Rajoy en ningunear a Sánchez, y tuvo que enfrentarse a sus grandes contradicciones, que lógicamente fueron destacadas por sus contendientes: su política de gasto nos sacaría de Europa; su afirmación puritana de que no pide dinero a los bancos contrasta con la deuda impagada de 11 millones de euros que mantiene IU, su socio moroso de coalición; su idea de socialdemocracia no casa en absoluto con su propia trayectoria y la de sus aliados, lo que demuestra que la adopción del nombre es un simple acto oportunista y publicitario, etc.

c).-Albert Rivera, que se abrió paso a codazos entre sus vecinos de arco parlamentario, consiguió probablemente mantener su clientela, que proviene preferentemente de desencantados del PP y del PSOE que buscan una defensa radical de los grandes principios democráticos frente a la corrupción y a la ambigüedad. Rivera, perjudicado por el vigente sistema electoral, está obligado a defender su espacio con uñas y dientes hasta que se estabilice institucionalmente. La volatilidad de las bisagras es proverbial (recuérdese lo que pasó con el CDS de Suárez).

d).-Sánchez, por su parte, trató de desacreditar a Iglesias por su comportamiento tras el 20D pero no dio la batalla que cabía esperar para recuperar para su partido la legitimidad socialdemócrata, resaltar los rasgos radicales y excéntricos de Unidos Podemos (la presencia de Anguita y otros personajes del leninismo español), hacer hincapié en la incompatibilidad del programa de Podemos con Europa, destacar la falta de encaje del derecho de autodeterminación en la Constitución española, etc…

En definitiva los corrimientos de votos a causa del debate no parece ser cuantiosos: salvo el PSOE, que no levantó cabeza, las demás formaciones se conformaron con mantener sus posiciones, sus previsiones. Con una particularidad: en buena medida, la clientela de Podemos guarda una relación remota con las propuestas ideológicas de Iglesias, de forma que el debate difícilmente afectaría a la aceptación del candidato por sus bases. Quien apoya a Unidos Podemos apuesta por rechazar a “los de siempre”, al establishment, y opta por lo nuevo sea cual sea su mensaje.

Por esto, a las organizaciones clásicas les valdrá de poco el debate ideológico frente a las nuevas: para vencer e incluso para plantar cara a Podemos han de desembarcar en el terreno de la ética, de la anticorrupción, de la imaginación, de la innovación, del cambio hacia el futuro. El viejo lenguaje, los argumentos tradicionales, no sirven para este fin.

La polarización política. Las tesis de Aznar

Enric Juliana, periodista atento a todos los ruidos, ha rescatado al expresidente Aznar de las hemerotecas: a primeros de junio, en la clausura de un máster, el antiguo líder popular, que no ha sabido refrenar sus arrebatos ni guardar su imagen pero que tiene experiencia y entiende lo que ocurre, recomendó al PP frenar la tentación de polarizar el panorama político porque ello podría tener consecuencias catastróficas para el sistema: daría alas a Podemos, que se nutriría de la agresividad conservadora, y desmantelaría al PSOE, pillado en medio de tan colosal tenaza.

Según Aznar, era preciso, ha escrito Juliana en su tribuna de La Vanguardia, crear las condiciones para un gran pacto constitucionalista entre el Partido Popular, el PSOE y Ciudadanos, con dos recetas: primera: “retomar de inmediato y con el máximo empeño todas las tareas destinadas a vincular, acercar, consensuar, ayudar, incluir, confiar y acordar”; segunda: “Contribuir al acuerdo con los sacrificios personales que hagan falta”. El ‘sacrificio’ recomendado era obviamente el de Rajoy, quien a la postre tendrá muy probablemente que dar un paso al lado para que su partido obtenga los apoyos que necesite para cuajar una mayoría de gobierno.

En realidad, el expresidente estaba sugiriendo una estrategia que diera oxígeno al PSOE, situado en una posición muy delicada. Si el PSOE colapsara, la oposición populista se fortalecería, y la posibilidad de que Podemos formara gobierno a no tardar sería real. Sería en definitiva un pésimo servicio al país, que no facilitaría la estabilidad económica y que complicaría grandemente la gobernabilidad en el seno del marco europeo.

No deja de ser una ironía del destino que haya de ser precisamente Aznar, el inaudito gestor de los atentados del 11M, quien eche algunos adarmes de sentido común en el escenario conservador, que como siempre se consume en la contemplación de su propio ombligo, sin la menor perspectiva.

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Antonio Papell
Director de Analytiks

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