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Dos velocidades o meter el turbo

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Dos velocidades o meter el turbo 1

La incertidumbre del momento se centra en que Europa puede acabar convirtiéndose en la historia de un fracaso en lugar de un proyecto de éxito. La respuesta de los principales líderes de la Unión es una optición de riesgo, las dos velocidades.

Las cuentas no salen, primero porque el viejo continente no es capaz de crear ilusión a sus ciudadanos. Sigue siendo el Dorado para los países de todo el mundo, incluso para algunas de las grandes potencias, a pesar de lo cual el futuro que se adivina en el horizonte ha dejado de ser optimista. Pudo parecerlo hasta que a orillas del Támesis se decantaron por el brexit.

Mucho ha llovido desde que en una pequeña ciudad situada en ambas orillas del río Mosa, en el extremo sur de los Países Bajos, entre Bélgica y Alemania, Maastricht fuera la sede en la que se firmó un tratado de gran calado para el viejo continente. Fue un hito importante y el resultado de un complejo encaje de bolillos, un difícil equilibrio. Francia y el resto de países medianos y pequeños aceptaron la unificación de Alemania a cambio de que esta se comprometiese de forma irrevocable con la integración política europea. Es decir, se aceptaba una Alemania más fuerte y unida, eso sí, siempre que no pudiese ser un peligro para sus vecinos. Toda una apuesta de futuro que funcionó y acabó dando estabilidad al continente como antesala para lanzar el euro como gran reto.

Hace apenas cuatro años, la Unión Europea era todavía una entidad feliz, pero el desgaste de la crisis económica estaba dejando secuelas muy duras. La consecuencia inmediata acabaría generando la ira de toda una nueva generación de eurófobos, sobre todo en el Reino Unido.

El presupuesto anual de la UE asciende a 145.000 millones de euros, una suma elevada en términos absolutos, pero que apenas representa el 1% de la riqueza que generan al año las economías de la UE. Un presupuesto destinado a mejorar las redes de transporte, energía y telecomunicaciones entre países de la UE, proteger el medio ambiente a escala europea, aumentar la competitividad mundial de la economía europea y ayudar a los científicos e investigadores europeos a unir sus fuerzas más allá de las fronteras.

[pullquote]La clave reside en las posibilidades para avanzar en la integración europea[/pullquote]

El cambio de Administración en Estados Unidos acaba de introducir una preocupación añadida, como dijo recientemente Anthony L. Gardner, anterior embajador del país en Bruselas, “la nueva Administración es un contraste total con la política que republicanos y demócratas han defendido durante décadas”.

En todo caso, ahora la clave reside en las posibilidades para avanzar en la integración europea. En 1974, el entonces canciller Willy Brandt acuñó la idea de “varias velocidades” para el avance europeo. Su tesis indicaba que las diferencias económicas, culturales y sociales entre los países eran tan profundas que era necesario potenciar una integración diferenciada, de cada uno a su ritmo. En 1994, en un documento interno de la CDU, el ahora todopoderoso ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble, volvía a la idea del líder socialdemócrata, ante las dudas sobre la capacidad operativa sin un shock como el de la reunificación germana, y proponía una vía filosóficamente complicada pero más práctica, las dos velocidades. A la vez, líderes como Sarkozy o Van Rompuy han respaldado la misma propuesta.

La realidad es que en Europa existe lo que se conoce como “cooperación reforzada”. El Tratado de Ámsterdam, en 1997, abrió la puerta, y el de Lisboa aumentó las posibilidades, incluyendo por ejemplo la Defensa común. Es suficiente, en teoría, con que nueve países estén de acuerdo para intentar impulsar ellos solos una mayor integración común, si el resto no se quiere sumar, siempre y cuando se respeten los límites legales de los Tratados. Es un mecanismo diseñado para superar parálisis, pero la historia revela que no funciona de manera óptima.

Con la nueva situación de inestabilidad en su punto candente, la UE tiene que reaccionar. Lo ha hecho el ex primer ministro británico, pero sin demasiado eco. Y ahora lo hace el presidente de la Comisión Europa, que presenta su esperado Libro Blanco que contempla cinco escenarios posibles para que la Unión Europea avance tras la salida británica.

Juncker propone alternativas y no apuesta por una sola porque quiere evitar que sea percibido en las capitales como una imposición. Por ello, parafraseando a uno de los padres del Tratado de Roma, Robert Schuman, ha afirmado “Europa no se construirá de golpe, o de acuerdo a un solo plan. Se construirá sobre logros concretos, que generarán de facto la solidaridad”.

[pullquote]”Europa se construirá sobre logros concretos”[/pullquote]

El escenario primero, titulado “Seguir adelante”, propone continuar como hasta ahora sin grandes cambios. El segundo, “Nada excepto el Mercado Único” propone priorizar la profundización del Mercado Único respecto al resto de iniciativas políticas. El tercer escenario, el que Juncker y Merkel parecen apoyar, se llama “Los que quieran pueden hacer más” y propone una suerte de Europa de varias velocidades. El cuarto se titula “Hacer menos de forma más eficiente” y el quinto, “Hacer mucho más juntos”.

El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, ha declarado que “hace 60 años, los padres fundadores de Europa optaron por unir el continente con la fuerza de la ley y no mediante la fuerza de las armas. Podemos estar orgullosos de lo que hemos logrado desde entonces. Nuestro día más sombrío en 2017 seguirá siendo mucho más alegre que cualquiera de los vividos por nuestros antepasados en el campo de batalla. Ahora que celebramos el 60º aniversario de los Tratados de Roma, es el momento de que una Europa unida de 27 Estados perfile una visión para el futuro. Es el momento del liderazgo, la unidad y una determinación común”.

[pullquote]”Es el momento de que Europa perfile una visión para el futuro”[/pullquote]

El Libro Blanco analiza de qué forma evolucionará Europa en el próximo decenio, desde la repercusión de las nuevas tecnologías en la sociedad y el empleo, a las dudas que suscita la globalización, los problemas en materia de seguridad y el ascenso de los populismos. Plantea la disyuntiva a la que nos enfrentamos: ser barridos por estas tendencias o asumirlas y aprovechar las nuevas oportunidades que traen consigo. El peso demográfico y económico de Europa disminuye mientras otras partes del mundo crecen.

En 2060, ninguno de nuestros Estados miembros de la UE representará ni siquiera el 1 % de la población mundial. Ahora, se propone pasar revista a lo logrado en estos sesenta años de la Unión y también analizar su futuro con 27 miembros, el comienzo de un proceso para decidir sobre el futuro de su Unión, para lo que se organizará una serie de Debates en las ciudades y regiones de Europa a modo de reflexión sobre el desarrollo de la dimensión social europea, la profundización de la Unión Económica y Monetaria, el aprovechamiento de la globalización, el futuro de la defensa europea y de las finanzas.

Los ciudadanos de Europa quieren soluciones concretas a los problemas importantes que asedian a la Unión. Quieren algo más que promesas, resoluciones y conclusiones de cumbres. De todo eso ya han visto y oído demasiado. Los europeos quieren decisiones comunes que vayan seguidas de una implementación rápida y eficiente.

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