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EE. UU. y la cultura del gatillo fácil: en torno a la idea de portar armas

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Una pistola negra sbre un fondo negro

Tras el tiroteo que acabó con la vida de, al menos, 17 personas en una escuela de Parkland (Florida), el sexto en lo que va de año, vuelve el debate sobre la regulación de las armas en Estados Unidos. Una discusión extremadamente polarizada. Por un lado, se encuentran los partidarios de armar a cuanta más gente mejor, que son los mismos que piden que en las aulas los profesores porten una pistola; por otro, los que piden a los grupos de presión armamentísticos y sus adláteres en el Senado que se paren a pensar por un instante si es normal que los niños y los invidentes puedan tener acceso a las armas. Mientras, en lo que llevamos de año, ya han muerto más de 2.300 personas por arma de fuego y casi 4.000 han sido heridas, según cifras de la ONG Gun Violence.

La Segunda Enmienda a la Constitución de EE. UU. es bastante clara: cualquier ciudadano tiene derecho a poseer y portar armas. La Justicia estadounidense ha ratificado este derecho, pero ha matizado que no es ilimitado y no ha prohibido la regulación de la producción y compra de armas de fuego. El poder de la Asociación Nacional del Rifle (NRA, por sus siglas en inglés) es más fuerte que la realidad. Las masacres cometidas en varios institutos en los últimos años resbalan sobre su conciencia de plomo. A finales del año pasado, el Estado de Winsconsin aprobó una ley que permitía a los menores de diez años portar sus propias armas en los bosques del estado, según explican en El Confidencial.

En 2013, el Estado de Iowa escribió un nuevo capítulo en esta historia. Las autoridades declararon que no podían impedir a las personas invidentes el uso de armas. Según explicó el diario The Des Moines Register, la portavoz oficial del sheriff de Polk Country, “tal y como están escritas las leyes, no podemos negarles los permisos solo por el hecho de ser ciegos”. Aunque es una excepción, ya que en muchos estados especifican que las personas ciegas no pueden portar armas, la organización Disability Rights Iowa señaló que prohibir estos permisos “violaría el acta de derechos de las personas discapacitadas”.

Según una encuesta de 2017 realizada por el Pew Research Center, cerca del 40 % de los estadounidenses dice que guarda un arma en su casa. Además, la tasa de asesinatos o de homicidios involuntarios con armas de fuego es la más alta del mundo desarrollado. En 2016, como resultado de los asesinatos y de los homicidios, se registraron más de 11.000 muertes. Comparado con otros países, el número de fallecidos en homicidios por arma de fuego en EE. UU. ocupa el 64 % del total, mientras que en países como Reino Unido es del 4,5 % y del 13 % en Australia. [El artículo elaborado por la BBC especifica que estas muertes incluyen asesinatos y homicidios involuntarios, y que el FBI separa de estas estadísticas a lo que considera ‘homicidios justificables’, aquellos que incluyen la muerte de un delincuente por parte de un oficial de policía o, en determinadas circunstancias, un ciudadano].

Aunque es difícil conocer la cifra exacta de armas que poseen los estadounidenses, lo que sí que está claro es que es el país del mundo que más ciudadanos armados tiene. Según todos los cálculos, hay unos 270 millones de armas de fuego repartidas por los hogares de EE. UU: 89 pistolas por cada 100 habitantes. El siguiente país en la lista es Yemen, con 55 armas por cada 100 habitantes, según datos de la Small Arms Survey recopilados por la BBC.

En las 91 grandes matanzas que ha registrado Estados Unidos, la edad media de los atacantes es de 34 años.  Stephen Paddock, ese asesino que subió 23 armas a una suite del piso 32 del hotel Mandalay Bay en Las Vegas y disparó decenas de ráfagas de metralla contra el público del festival Route 91 Harvast para acabar con la vida de 58 personas, es uno de los tres atacantes que superan los 60 años. Los otros son William D. Baker (66 años, mató a 5 personas en Illiniois en 2011) y Kurt Myers (64, disparó y mató a cinco personas en Nueva York en 2013). El asesino más precoz es Andrew Douglas Golden, de 11 años, quien tendió una emboscada, junto a su compañero, Mitchell Scott Johnson (13), a otros estudiantes y profesores cuando salían de una escuela de Arkansas. El balance final fue de cinco muertos y diez heridos.

A pesar de estos datos, la opinión de los estadounidenses respecto a la prohibición de las armas ha cambiado a lo largo de los últimos sesenta años: ahora una gran mayoría parece oponerse al veto a la venta de armas cortas, según una encueta de Gallup. Sin embargo, la mayoría de los estadounidenses confiesan no sentirse satisfechos con las leyes y políticas armamentísticas de EE. UU., y muchos de los que no están contentos desean una legislación más estricta. De momento, no se producirán grandes cambios. Trump ya ha declarado que la Asociación Nacional del Rifle “tiene un amigo en la Casa Blanca”.

Sergio Garvas

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