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El futuro de los nuevos partidos: ¿qué pasará cuando la democracia se normalice?

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Pedro Sánchez, Albert Rivera y Pablo Iglesias
Foto Javier Barbancho. 30/11/2015.Madrid. Comunidad de Madrid. Debate en el Pais. Pedro Sanchez Psoe,Albert Rivera de Ciudadanos y Pablo Iglesias de Podemos.

El surgimiento de los partidos nuevos es, en los 41 años de funcionamiento del régimen democrático, la principal novedad estructural que  le ha afectado y que obliga a un replanteamiento integral de los procedimientos y las rutinas, después de tres decenios de estabilidad organizativa (con alguna excepción, como el surgimiento y ulterior desaparición del Centro Democrático y Social, de la mano de Adolfo Suarez).

En la primera jornada de la sesión de investidura, Pablo Iglesias espetó a la cara de Pedro Sánchez una cruda evidencia incontestable: si el PSOE no hubiera cometido errores garrafales, Unidas Podemos no existiría.

Este aserto, bien poco cuestionable, equivale a la afirmación de que los grandes partidos constitucionales son en realidad responsables de la mudanza, culpables de que los ciudadanos, al sentirse insatisfecho con la oferta política existente, demandaron nuevas opciones. La demanda genera oferta.

Los errores de PP y PSOE

En efecto, es poco controvertible que los viejos partidos, PP y PSOE, no fueron capaces de prever la crisis, ni de prevenirla como era su obligación, ni mucho menos de gestionarla con el menor coste social posible y sin renunciar a sus respectivos principios, por lo que la ciudadanía, huérfana y sumamente indignada, buscó cauces de representación distintos, dentro y fuera del sistema constitucional.

Sería interminable enumerar los errores que cabría imputar a PP y PSOE antes de la doble recesión, pero quizá el más aparatoso de ellos fue el de acunar amorosamente entre ambos la burbuja inmobiliaria, que adquirió proporciones descomunales —llegaron a construirse en España más de 700.000 viviendas anuales, más que Francia, Alemania e Italia juntas, cuando la demanda real era de menos de 300.000, con incremento anual de precio de dos dígitos— y que fue sistemáticamente negada por todos los responsables económicos, con Rato y Solbes a la cabeza.

Cuando se produjo el estallido de la burbuja, cientos de miles de pequeños inversores quedaron colgados de la brocha, se arruinaron prácticamente todas las inmobiliarias y el desempleo llegó al 25% de la población activa, con lo que la indignación social alcanzó las cotas imaginables.

Y si Rodríguez Zapatero tuvo que adelantar las elecciones de 2012 a 2011, acuciado por el desastre, la confianza que inspiró Rajoy a su llegada fue también perfectamente descriptible.

Partidos políticos y corrupción

Pero no se conformaron los partidos tradicionales con aquel descrédito y se lanzaron por la cuesta abajo de la corrupción.

Poco a poco fue apareciendo la siniestra maquinaria de la financiación irregular del Partido Popular; en tanto el PSOE se encontraba con el aparatoso asunto de los ERE, que fue probablemente un absceso patológico de un intervencionismo excesivo, y mientras el nacionalismo catalán embarrancaba con las confesiones de Pujol, que abrían paso a investigaciones que muestran la eficacia recaudatoria de aquel inicuo 3%, que sirvió para acopiar ingentes fortunas que apenas ahora se están empezando a elucidar en vía judicial.

Con el desastre de la doble recesión y con aquel latrocinio institucionalizado, el modelo bipartidista se desacreditó irremediablemente y así seguiría siendo durante un largo periodo de tiempo.

Fue aquella una oportunidad para las nuevas opciones y para los movimientos más o menos inorgánicos que cuestionaban tácita o explícitamente el régimen del 78 y la propia democracia parlamentaria y ofrecían soluciones asamblearias y populistas.

La movilización social que canalizó la irritación generalizada tomó cuerpo mortal en la gran manifestación de los indignados del 15 de mayo de 2011, cuando el país tocaba suelo y la desesperación se había adueñado de amplios sectores sociales.

Las críticas al PPPSOE —término que identificaba al establishment como maléfica amalgama de los dos grandes partidos— adquirieron gran dureza, y los lemas “no nos representan” y “democracia real, ya” supusieron una desautorización del modelo desacreditado que parecía tocado de muerte en aquella durísima coyuntura. Por fortuna, el desaparecido Rubalcaba, desde el Ministerio del Interior, supo capear aquellas movilizaciones sin que hubiera que lamentar consecuencias irreparables.

Ciudadanos y Podemos

El resto de la historia es conocida: Ciudadanos, que había nacido en Cataluña para responder a un conflicto específicamente catalán, decidió extenderse a todo el Estado como partido bisagra, siguiendo las huellas del CDS de Adolfo Suárez que tuvo un discreto protagonismo durante los años ochenta y noventa pero que no fue capaz de sobrevivir a su fundador.

Y surgió el populista de izquierdas Podemos, de la mano de Pablo Iglesias y de un grupo de jóvenes y no tan jóvenes universitarios. Podemos consiguió 5 escaños en las elecciones europeas de 2015, 69 diputados en las generales de 2015 y 71 en 2016 (en estas últimas, ya compareció en coalición con Izquierda Unida); el PSOE, por su parte, obtuvo 90 y 85 escaños en 2015 y 2016 respectivamente, por lo que el populismo quedó relativamente cerca del sorpasso.

Podemos comenzó a decaer cuando se integró con IU y pasó a ocupar el nicho de la extrema izquierda, perdiendo sus características originales y la frescura que le proporcionaba su origen espontáneo, y en cierta medida pasó a ser parte del sistema.

Posteriormente, las arbitrariedades de Iglesias, las defecciones sonadas y la quiebra de varias confluencias, han dejado reducido el grupo a 42 escaños en las pasadas elecciones y con clarísima tendencia a la baja.

La relación ente Podemos e Izquierda Unida no es buena.

Ciudadanos, por su parte, que nació como un partido centrista que se definía como liberal y socialdemócrata al mismo tiempo, nació como bisagra mirándose en el espejo del FDP alemán, destinado a pactar con uno de los dos grandes partidos del antiguo bipartidismo para conseguir la investidura y el gobierno de coalición (o de pacto de legislatura).

En línea con esta misión procesal, Ciudadanos pactó con el PSOE un programa progresista de coalición tras las elecciones de 2015, que no prosperó porque Pablo Iglesias se negó a secundarlo, al menos en la investidura, y prefirió que Rajoy siguiera gobernando en funciones para convocar nuevas elecciones.

Posteriormente, Ciudadanos ha cambiado radicalmente de posición, y ahora apuesta por conquistar el liderazgo de la derecha sustituyendo al PP…

Para lo cual —el absurdo es patente— ha hecho cuanto ha podido para fortalecer al PP en todas las instituciones en que la conjunción beneficiaba la formación de Casado. Curiosa manera esta de rivalizar por el control de un sector que consiste en apoyar a ultranza a aquel a quien se desea reemplazar.

Sea como sea, Ciudadanos declina, y lo probable es que el PP resucite de sus cenizas y vuelva a tomar posesión de su hemisferio, lo que reduciría al CDS, cargado de tránsfugas y abandonado por la mayor parte de los militantes de peso, a una dimensión marginal.

El futuro poco boyante de Vox

En definitiva, a las últimas elecciones han concurrido los cuatro partidos ya constituidos, más VOX que comparecía por primera vez, y que, fundado por antiguos militantes del PP, ha rebañado esa extrema derecha posfranquista que nunca se sintió cómoda del todo en el PP moderado. No parece sin embargo que su futuro sea muy boyante, una vez que el PP recupere el pulso y la dimensión.

En este país, no existe el furor antiinmigración que ha alimentado a la extrema derecha en Francia, en Alemania o en Italia.

En este marco, el PSOE ha sacado claramente la cabeza y, con clara tendencia al alza, podría recuperar la hegemonía perdida en su hemisferio, marcando una tendencia que el PP podría aprovechar en su hemisferio simétrico.

De modo que la pregunta es obligada: ahora que el régimen del 78 empieza a recomponerse, ¿serán superfluas las nuevas organizaciones accidentales, nacidas para sustituir a los actores del viejo sistema, o conseguirán sobrevivir a la normalización?

Nadie puede predecir el futuro, obviamente, pero si Sánchez y Casado cumplen las expectativas que han creado, es muy posible que recuperen gran parte del protagonismo que tuvo hasta hace poco la principal bipolaridad PP-PSOE, que ha marcado las grandes pautas del avance de este país.

Antonio Papell
Director de Analytiks

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1 Comentario

  1. …….."Nadie puede predecir el futuro, obviamente,………". Así es. Me ha gustado el artículo.Y el blog y el tino y análisis sosegado de su director, D. Antonio Papell. Hacen falta más análisis como éste en estos tiempos tan "líquidos", como diría el gran Baumann. Parece que lo único cierto es la incertidumbre en general. Un cordial saludo!

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