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El PSOE después de Chacón

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Carme Chacón, a quien alguno ha llamado en una simplificación insuficiente ‘icono del zapaterismo’, representó una ambición, hoy notablemente fallida, de mantener la ilusión de la juventud en el progresismo tradicional, en la defensa de unos valores clásicos del socialismo que, aun estando vigentes, requieren una cierta actualización. De cualquier modo, ella se había marchado voluntariamente de la primera línea, quizá en espera de mejores tiempos, pero su trágica desaparición ha provocado inesperadamente un debate sobre el día de mañana del socialismo.

En efecto, el expresidente González, que acudió a la capilla ardiente de la joven política en Ferraz, declaró consternado que “una noticia como esta nos debería llevar a discutir las cosas importantes”. Evidentemente, cuando se asiste a hechos que ponen de manifiesto la fragilidad de la vida y la inexorabilidad de la muerte, todo lo demás tiende a relativizarse, y sólo la trascendencia tiene verdadero sentido.

Pero más allá de este desahogo filosofal, es claro que González estaba realizando también una reflexión política de oportunidad, ligada a las elecciones primarias socialistas que se celebrarán el mes que viene. Podía entenderse que el expresidente criticaba solapadamente el proceso preelectoral y sugería a los tres candidatos que compiten en esta pugna más tino en la elección de las disputas y más altura intelectual en sus propuestas.

Lo cierto es que el debate que está teniendo lugar versa sobre lo más importante que debe decidir el PSOE: su esencia. El dilema suscitado por la llegada de un inédito escenario multipartidista en que el partido socialista tenía que manifestar su posición para que se pudiera formar o no gobierno tras el 26J de 2016 provocó una disyuntiva sin precedentes: la formación de centro-izquierda, que es además el partido que más tiempo ha gobernado en democracia, tuvo que optar entre permitir un gobierno de centro-derecha en minoría e intentar encabezar un gobierno en coalición con el populismo de izquierdas y el independentismo catalán.

Aquel dilema era/es categórico y tiene verdadera entidad ontológica porque, si perdura la actual estructura cuatripartita de la distribución parlamentaria de la representación popular, se mantendrá con el tiempo. Y porque si perviviera en líneas generales la actual aritmética ideológica en el Congreso de los Diputados, la izquierda no llegaría al poder si la citada coalición entre el PSOE y Podemos no se realizase.

En definitiva, las ‘cosas importantes’ que hoy interesan al PSOE, si hay que juzgar por el debate que está teniendo lugar, se resumen en un solo dilema: si, dando por descontado que durante un periodo largo hay que descartar las mayorías absolutas, el PSOE surgido del Congreso de junio ha de apostar por la fórmula de gran coalición ‘a la alemana’, o ha de preferir más bien una solución de gobernabilidad ‘a la portuguesa’. Como es bien conocido, Pedro Sánchez, quien fue víctima de un golpe de mano que lo descabalgó de la secretaría general el pasado primero de octubre, se decanta por esta segunda opción, en tanto Susana Díaz, al frente un conjunto de ‘barones’ territoriales, por la primera, como se desprende de la curiosa afirmación manejada por alguno de ellos: el PP es el adversario pero Podemos es el enemigo”.

Otras ‘cosas importantes’ que el PSOE debe resolver son independientes del matiz ideológico que finalmente se imponga y se relacionan con la imagen del partido, muy deteriorada por determinados deslices –es en este sentido paradigmática la aceptación por parte de González del cargo remunerado de consejero de Gas Natural Fenosa, por ejemplo— y por ciertas derivas que habría que detener. No es de recibo, por ejemplo, que un partido progresista esté en la práctica en manos de un comité territorial de ‘barones’ que defiende intereses de esta índole en lugar de regirse por criterios ideológicos de carácter político y social.

Otra cuestión de calado será la recomposición del partido después de una desleal cuartelada que forzó la salida irregular de un líder que había sido votado por las bases.

En definitiva, “lo importante” que está en juego es el futuro rumbo del PSOE en un nuevo terreno de juego determinado por cambios sociopolíticos que han venido dados por los errores cometidos durante la crisis por las grandes formaciones del bipartidismo que han ostentado todo el protagonismo desde la transición.

El legado de Chacón

Los políticos no pasan a la historia por sus trabajos corrientes: sólo lo hacen si han conseguido provocar un salto cualitativo en la sociedad a la que teóricamente sirven, si han dado un impulso irreversible a una causa innovadora. Los demás, se esfuman en el aire.

Por ello, los halagos que ahora recibe la memoria de Carme Chacón (en muchas ocasiones, de boca de quienes la repudiaron y abominaron en vida), carecen de valor y de sentido, salvo en lo que se refiere a dos irrupciones, dos tomas de posición llamativas y altamente simbólicas, que se han impreso en la retina de las generaciones presentes y futuras. Las que le dan un relieve especial a la figura desaparecida.

Uno de los hitos, el principal sin duda, fue la revista a las tropas a cargo de una Carme Chacón ministra de Defensa embarazada de siete meses y con el aplomo de una gran profesional. Naturalmente, aquella imagen espectacular no hubiera sido posible si el denostado Rodríguez Zapatero no hubiese entendido lo que estaba en juego ni promovido aquella teatralización valiente y provocativa. La causa de la igualdad de la mujer, impulsada con extraordinario esfuerzo por mucha gente desde que ha habido conciencia de su necesidad, dio un salto inconmensurable hacia adelante cuando aquella instantánea dio la vuelta al mundo. En España, se eliminaban los últimos obstáculos conceptuales a la igualdad de género, se arrasaban y excluían todos los argumentos que la reacción pudiera oponer a este objetivo irrenunciable. Y con seguridad aquel gesto pedagógico venció resistencias en todas partes. Fue un servicio impagable a los derechos humanos en el territorio inhóspito de la globalización.

La segunda actitud de Chacón que hoy merece el homenaje perenne de que por definición no es efímero es su posición frente al nacionalismo. Chacón, catalana de Esplugas de Llobregat, charnega por parte de padre (almeriense), se afilió a los 18 años al PSC pero nunca cedió a los devaneos nacionalistas de Maragall y de un sector del socialismo catalán que terminó escindiéndose. Chacón se opuso sistemáticamente a que su partido abrazase a partir de 2012 el ‘derecho a decidir’, e incluso dimitió del escaño por esa razón. Chacón entendió que no es posible ser nacionalista y de izquierdas al mismo tiempo, una evidencia que el progresismo español ha olvidado con mucha frecuencia.

Pérez Rubalcaba tiene razón cuando dice que hay una cierta injusticia –trascendente, humanista, histórica— en estas muertes tan tempranas, cuando quien se marcha tenía aún mucho por hacer y un gran servicio que prestar. En cualquier caso, los símbolos con que Chacón jalonó su vida permanecerán enhiestos a perpetuidad. Las mujeres de este país, los catalanes partidarios de la concordia, los ciudadanos que sabemos apreciar los servicios prestados por quienes se han dedicado al servicio público con verdadera abnegación siempre le guardaremos gratitud.

analytiks

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