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El valor del centro

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Adolfo Suárez y el centro
Adolfo Suárez, durante su visita a Argentina en 1981 | Wikipedia

Parece un eslogan electoral y en efecto lo fue. El CDS de Adolfo Suárez lo utilizó en la campaña de 1986. Además de resumir las virtudes del líder centrista, venía a poner de manifiesto la importancia decisiva para hacer política en España, a través del valor del centro.

Tras aquellas elecciones y después de 4 años de travesía del desierto, Suárez volvía a representar el valor del centro. En aquel momento, el presidente que hizo posible la democracia decía: “Nuestra sociedad se enfrenta hoy a la oportunidad de corregir la forma en que es gobernada, resolver los problemas reales que padece y asegurar el patrimonio alcanzado: nuestras libertades”.

En otras democracias occidentales, la derecha y la izquierda se suceden en el ejercicio del poder sin disputar el espacio del adversario. En nuestro país ha ocurrido algo parecido al alternarse los dos grandes partidos en lo que hemos denominado bipartidismo, pero con la peculiaridad de que todas las fuerzas políticas han intentado siempre ocupar el espacio de centro para pescar un mayor número de votos, en lo que se considera el gran caladero electoral.

El éxito está en el centro

Situarse en posiciones de centro garantiza el éxito en las urnas siempre que se traslade con acierto el mensaje adecuado a la mayoría de ciudadanos.

La incapacidad de los partidos actuales para entenderse ya la apuntaba Suárez en alusión a la prepotencia, la intolerancia o la soberbia política que se traduce en la imposición y carencia de diálogo, para concluir que “no tenemos aún una tradición democrática fuerte que nos haya inculcado a fondo las virtudes de la tolerancia”.

El actual líder del PSOE construyó su marca personal basada en el “no es no” como clave de su ideario de negación del diálogo y llegó a dimitir cuando, tras defenestrarle, algunos dirigentes de su partido se disponían a facilitar la gobernabilidad con una abstención para permitir el desbloqueo y la investidura de Rajoy.

La etapa de gobierno inestable que condujo a la última consulta electoral tras la moción de censura sin lograr la prueba de fuego de aprobar unos presupuestos y los escarceos de acercamiento a los líderes independentistas con el encuentro de Pedralbes y la figura del relator, han dado paso a un giro al centro de Pedro Sánchez para acudir a una nueva convocatoria electoral desde posiciones más centradas.

Nuevas elecciones, resultado similar

Ante la próxima consulta, los institutos demoscópicos apuntan un resultado similar al actual en el que, en principio, la fuerza más genuina del centrismo pierde expectativas, precisamente por alejarse del centro. El partido de Albert Rivera se autoproclamó inicialmente como socialdemócrata para después dejar ese espacio al PSOE al definirse como liberar y acabar compitiendo con el PP por el liderazgo de la derecha, sin negarse de una forma contundente a algunos acuerdos con VOX, el partido emergente de la derecha radical.

El nuevo líder del PP, Pablo Casado, saltó al escenario tras el abandono de Rajoy con un talente decidido a recuperar las posiciones netamente conservadoras y abandonar el eterno viaje al centro de los tiempos de Aznar. El pésimo resultado en las elecciones de abril le ha obligado a medir su presencia con mayor prudencia, de nuevo a posiciones centristas para recuperar el voto perdido.

Por su parte, el líder de Podemos, Pablo Iglesias, lleva a cabo un complejo ejercicio de prestidigitación al convertirse en fervoroso defensor de la Constitución, leyendo literalmente sus artículos en los debates electorales, abandonando los reproches a lo que, en otro tiempo, calificó como miedos de la Transición. Es decir, también en este caso, estamos ante un viraje al centro, tal vez para hacer posible el deseado gobierno de coalición, aunque estaba claro que no era viable. Es más, al actual inquilino de la Moncloa ni se le pasa por la cabeza.

Sánchez, Rivera, Casado e Iglesias, cuatro líderes en busca del centro para ganar las elecciones o, al menos, para liderar la derecha o la izquierda.

Aun reconociendo que el centro es la clave, no es menos cierto que todo este ejercicio de funambulismo y de bloqueo político nos lo podríamos ahorrar si hubiera alguna capacidad de entendimiento.

Aquella Transición

El pacto de la gran coalición ofrecido por Mariano Rajoy nada más perder la mayoría absoluta fue rechazado por Pedro Sánchez, dando paso al mayor período de inestabilidad política desde el inicio de la Transición, un período en el que desde el centro se reconstruyó el espíritu de la concordia para superar los efectos de la guerra civil y la dictadura.

En aquellos años difíciles y apasionantes, tras la muerte del dictador, Adolfo Suárez, al que si algo caracterizó fue la extrema velocidad de sus reformas, supo explicar aquello de ‘‘Elevemos a categoría de ley lo que es normal en la calle’’. También en aquel tiempo, Felipe González resumió su posición con extraordinaria claridad al expresar “Hay que ser socialistas antes que marxistas”. Cada uno tenía su origen y su propia posición, pero los dos estaban dispuestos a entenderse para lanzar al país hacia el futuro.

Los actuales líderes viajan al centro en busca de votos y reconocimiento, pero el centro exige voluntad de entendimiento para alcanzar acuerdos. El pacto no debe ser interpretado como una dejación de principios o como una traición al programa o las bases. El pacto es más necesario que nunca si de verdad se quiere hacer un viaje al centro creíble.

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