Política

El viejo PSOE frustra al nuevo PSOE

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Comité Federal del PSOE

Las encuestas recientes, incluida la del CIS del pasado 5 de febrero, indican que el PSOE se mantiene, con muy discreta tendencia al alza, con respecto a los resultados obtenidos en las generales de 2016, que fueron inocultablemente bajos. La mencionada encuesta oficial otorga al partido socialista el 23,1 % de los votos, un 0,4 % más que en las legislativas. La última encuesta de Metroscopia, publicada el 10 de febrero, daba al PSOE el 20,1 % y situaba a este partido en tercer lugar, por detrás de PP y Ciudadanos. Y la de GAD3 de febrero para ABC daba al PSOE el 23,7 %, 0,5 puntos menos que en enero. Aunque alguna de estas encuestas pueda considerarse una verdadera maquinación contra el PSOE —el lector sabrá sin duda de qué estoy hablando—, lo cierto es que la importante caída del Partido Popular, que perforó su propio suelo en Cataluña en las últimas autonómicas, no se ha correspondido con una subida del PSOE, como hubiera parecido natural a la vista de que tampoco Ciudadanos se ha beneficiado íntegramente de las pérdidas populares. Además, Podemos no se recupera, lastrado por su disparatada estrategia y por la pésima imagen de su líder. Algo sucede, en fin, para que el PSOE no remonte el vuelo cuando los acontecimientos y los errores ajenos parecen conjurarse para favorecerle.

El comité federal del PSOE del pasado día 17 en Aranjuez aprobó el nuevo reglamento que desarrolla los estatutos de la formación y que da más poder a la Ejecutiva de Pedro Sánchez y a la militancia frente al propio comité federal y a los barones territoriales. Se consolida así la tendencia emanada del Congreso Federal que rubricó la victoria de Pedro Sánchez en las anteriores primarias del mes de mayo, en que el secretario general consiguió el 50,21 % de los votos frente al 39,94 % de Díaz —más de 15.000 sufragios de diferencia— y Patxi López se quedó entonces en el 9,85 % con 14.500 votos. Un periódico de alcance nacional vio así aquella consulta a las bases: “Los 187.949 militantes socialistas se tomaron la revancha del bochornoso Comité Federal del 1 de octubre [de 2016] que tumbó al secretario general y de la abstención del PSOE para que Mariano Rajoy volviera a ser presidente del Gobierno. Entonces, 15 diputados socialistas rompieron la disciplina de voto para no traicionar la palabra dada, según dijeron. Pedro Sánchez dimitió antes de la votación para no contravenir el mandato del Comité Federal. Aquel 29 de octubre se convirtió, aún sin saberlo, en el líder de las bases”.

Pues bien: al comité federal de Aranjuez faltaron cuatro presidentes autonómicos socialistas, entre ellos la andaluza Susana Díaz, así como el asturiano Javier Fernández, expresidente de la última gestora, quien ya no lidera la federación asturiana y, por lo tanto, no es miembro nato del Comité, aunque hubiera podido asistir si lo hubiese deseado.

No parece aventurado insinuar que ese comité federal, que se celebró con frialdad y que supuso la consolidación de las tesis congresuales que establecen una combinación entre democracia representativa y democracia directa en el funcionamiento interno del partido, ha sido la prueba de que continúa la crisis interna, al menos en cierta medida.  La sensación que se ha trasladado a los medios y que estos han recogido con explicitud es la de que todos los actores enfrentados son conscientes de que, de mantenerse la confrontación cara al público, los resultados del PSOE en las elecciones autonómicas y municipales del año que viene serían desastrosos, por lo que no hay más remedio que hacer de tripas corazón y transigir con la actual conllevancia en la que ya nadie grita pero en la que es manifiesto que no existe una verdadera piña ni mucho menos el ímpetu ilusionado de un gran equipo cohesionado y  vibrando todo él en la misma frecuencia. Mala cosa la desconfianza interna para un partido que, como todos, vive de la confianza ajena.

Ahora, para minimizar esta sensación de frialdad y cierre en falso de los viejos disensos así como para “visualizar que la unidad está recompuesta”, Pedro Sánchez, se ha propuesto juntar en marzo en un mismo acto a sus predecesores Alfredo Pérez Rubalcaba, José Luis Rodríguez Zapatero, Joaquín Almunia y Felipe González, nueve meses después del 39 Congreso. Lo lógico sería que, como pedía recientemente Jordi Sevilla, los viejos actores, todavía con gran vitalidad, reconocieran que hay que construir un nuevo PSOE adaptado a las demandas de las nuevas generaciones y dieran un voto de confianza ilimitada al secretario general que ha recogido inequívocamente el testigo de manos de la mayoría. Ya se sabe que un líder de un partido de gobierno no sólo ha de llevarse bien con las bases, que son las personas más sensibilizadas y activas del electorado, pero hoy ya no cabe debatir sobre la necesidad de que las fuerzas políticas recuperen parte del crédito perdido mediante la democracia directa.

De cualquier modo, la remontada del PSOE tendrá que esperar al resultado de este encuentro y a otros gestos de los barones territoriales que mantienen claramente un profundo resquemor todavía contra Sánchez. Por añadidura, la crisis está siendo artificialmente jaleada por una parte del aparato mediático, que no perdona el despecho del líder socialista frente a quienes siempre se creyeron propietarios del progresismo de este país; en tanto duren las arbitrarias campañas frontales contra Sánchez, el PSOE tendrá una dificultad suplementaria para levantar el vuelo.

En definitiva, el PSOE ha recompuesto la figura, respaldado por la militancia, pero no se ha reconstruido internamente. Algunos barones con mando en plaza no han aceptado la nueva situación, fruto del proceso democrático interno, y una parte significativa de los sectores sociales sobre los que se debería sustentar el partido, tampoco arriman el hombro al proyecto común. Así las cosas, va a ser muy difícil que el todavía principal partido de la oposición remonte el vuelo, consiga difundir sus mensajes y congregue a su alrededor el segmento de la opinión pública que por razones intelectuales y de clase constituye su clientela natural.

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Antonio Papell
Director de Analytiks

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