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España y Marruecos: solidaridad, democracia y altura de miras

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Banderas de España y Marruecos

En pocas ocasiones un acto de solidaridad desemboca en una crisis institucional entre dos países vecinos. A Marruecos no le ha sentado bien que el Gobierno de España acogiese en abril al secretario general del Frente Polisario, Brahim Ghali, para tratarse de la Covid-19 y un cáncer avanzado en Logroño, donde ingresó bajo un nombre falso. Por ello, desde Rabat se apremiaron en responder el gesto “desleal” relajando el control migratorio. La postura de España es la que se le presupone a una nación que protege y respeta los Derechos Humanos, la dignidad de las personas y que no comercia con vidas. Por otro lado, de un país que en medio de un rifirrafe diplomático no duda en poner en peligro a sus ciudadanos, poco más se puede decir.

Entre el lunes y el martes se registró la mayor entrada de migrantes irregulares desde Marruecos a la ciudad autónoma de Ceuta. Pisaron territorio español unas ocho mil personas, de las cuales más de cinco mil regresaron, algunas voluntariamente; otras fueron devoluciones en caliente. Y entre todas estas cifras se esconden muchos menores.

Ya se sabe que el Frente Polisario –el movimiento de liberación nacional del Sáhara Occidental que persigue la autodeterminación del pueblo saharaui– es enemigo de Marruecos. De hecho, el pasado mes de noviembre el FP dio por roto el alto el fuego y declaró el ‘estado de guerra’ tras la entrada del ejército marroquí en el paso de Guerguerat, en la frontera con Mauritania, según explica eldiario. Pues bien, la muestra de solidaridad del Gobierno español causó ampollas en Rabat, donde rápidamente se llamó a consultas al embajador, Ricardo Díez-Hochleitner Rodríguez, y se realizaron dos comunicados en los que se solicitaba a las autoridades españolas que juzgasen a Ghali por crímenes de lesa humanidad.

Los acontecimientos que se sucedieron, aunque posiblemente ya los conozcan a estas alturas, fueron, resumidamente, los siguientes: España no responde a los comunicados, Marruecos lanza otro aviso –“tomamos nota”–, la embajadora sostiene que “todos los actos tienen consecuencias que hay que asumir” y España se convierte en el ‘coladero’ del sur de Europa, provocando que la crisis toque a la puerta de Bruselas.

La llegada de migrantes fue a menos el miércoles, debido al aumento de la presencia policial en el lado marroquí de la frontera y las devoluciones en caliente. Dichas devoluciones, sostienen desde el Ministerio de Interior, al tratarse de rechazos en la frontera, son completamente legales.

Un aliado complicado

Por su proximidad, Marruecos y España mantienen una relación que va más allá de lo territorial y de lo económico. Los padres de los actuales reyes, Juan Carlos I y Hasán II, guardaban una gran relación. Tanto, que entre sí se consideraban “hermanos”. La relación entre Felipe VI y Mohamed VI no es ni de lejos similar, como tampoco lo son ambas casas reales. Mientras Felipe VI mantiene una línea de actuación discreta y, en la medida que es posible en una monarquía austera, Mohamed VI ha protagonizado en los últimos años numerosos excesos y escándalos. Vanity Fair recuerda cómo en 2014 Mohamed VI, molesto después de que las autoridades españolas le pidiesen la documentación mientras conducía su moto de agua para ir a Ceuta, ejecutó una jugada similar dos semanas después de aquel suceso.

En España preocupan sobremanera todos estos exabruptos de Rabat porque allí se encuentran (datos del ICEX, 2018) 357 empresas españolas. Además, España, según el ICEX,  supone el 24,1% de las exportaciones y el 15,6% de las importaciones. En 2019, un año antes de la pandemia, más de 21.800 empresas españolas exportaron a la economía marroquí por valor de 8.454 millones, un 2,7% más que un año antes. Este conflicto, como señala elEconomista, puede además poner en rieso la renovación de la concesión del gasoducto del Magreb, que vencerá el próximo mes de octubre. Naturgy y Galp llevan prácticamente dos años tratando de renovar este acuerdo, firmado hace 25 años con Marruecos.

Toda la actividad y la presencia española en su economía se pueden ir al traste en pocas semanas. Existen voces que opinan que “se teme un escenario de represalia, que conlleve un freno a las inversiones españolas en los grandes proyectos de infraestructuras y turismo que tiene en marcha Marruecos”. Unas sospechas que no terminan de calmarse por mucho que Rabat haya aflojado la presión, pues nunca se sabe y, en el momento en que se escriben estas líneas, el juez Santiago Pedraz ya ha descartado acordar cualquier medida cautelar contra Ghali y ha emplazado a los querellantes a su comparecencia el próximo 1 de junio.

Una cuestión de Estado. La oposición haciendo la zancadilla

En la sesión de control al Gobierno celebrada en el Congreso de los Diputados volvieron a producirse los mismos encontronazos de siempre. Pablo Casado, del PP, le ha recriminado al presidente Sánchez que han sido sus errores diplomáticos los causantes de la crisis con Marruecos. “Le queda grande el cargo”, la ha dicho, reclamándole después que se dejase ayudar. El líder del PSOE le acusa de deslear y de utilizar cualquier resquicio para derribar o perjudicar al Ejecutivo.  “No me ha quedado claro. ¿Usted apoya al Gobierno de España o no apoya al Gobierno de España? Por la mañana tenemos una conversación privada y usted dice que apoya y hoy aquí hace todo lo contrario. Siempre ocurre lo mismo. Utilizan cualquier calamidad para intentar derribar al Gobierno de España”,le espetó.

El único en la oposición que parece tener los pies en la tierra y no dejarse llevar por la ultraderecha es el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo. El gallego, quien primero censuró el lenguaje bélico de Santiago Abascal —aunque también culpó a Sánchez por el efecto llamada de sus primeros meses de mandato y el rescato del ‘Aquarius’—, apeló a la unidad como respuesta al desafío marroquí. Sin embargo, poco después, desde Génova se trasladó un mensaje de arrepentimiento y asunción del error. Qué poco dura la cordura en estos tiempos.

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