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¿Estamos ante la segunda Transición?

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Después de las elecciones del 20 de diciembre, se ha instaurado en España el estado de confusión. Unos hablan de la necesidad de garantizar la gobernabilidad, otros de que es necesaria una segunda Transición para responder a los retos de la crisis económica. Mientras, los mas radicales apuestan por salir de Europa y romper la unidad del Estado español dando la independencia a Cataluña.

Los estados de confusión han sido tradicionalmente fuente de graves problemas políticos en la historia de Europa. Recordemos por ejemplo la crisis de identidad y los graves problemas sociales que anticiparon la Primera Guerra Mundial de tan devastadoras consecuencias para Europa y el mundo. En el estado de confusión actual, los políticos españoles se centran en discutir cuestiones accesorias en vez de ir al fondo de los problemas y reclaman una segunda Transición, mas como un slogan político para mostrar la grandeza que no tienen. Y ello sin voluntad real de afrontar los problemas de España a través de un gran pacto.

No lo neguemos, pactar entre los partidos moderados de España seria muy beneficioso para el país, pero realmente no solucionaría gran cosa en el fondo. Lo que se reclama es una reforma del Estado mediante una segunda Transición, es decir una reforma del sistema político. El sistema político español tiene muchos defectos y una reforma constitucional (electoral, educativa, del estado de la autonomías, etc.) seria muy beneficiosa, pero los problemas de fondo no se van a resolver por mejorar el sistema político, ya que las cuestiones de fondo no son políticas sino sociales y estructurales.

Por ejemplo, los políticos se empeñan en decir que hay que poner freno a la corrupción, pero nunca dicen cómo, solo tienen a su alcance medidas legislativas para frenarla, como aumentar las penas por delitos de corrupción mediante agravantes, por ejemplo, pero la causa de la corrupción es bien distinta. Hay quien afirma que la corrupción es connatural al hombre y que a todos en el fondo nos gusta que nos den sobres con abundantes billetes con que abanicarnos, como lo hacía el señor Gottlieb con el dinero de la señora Dreyfuss en “Una noche en la opera”.

Lo cierto es que España no es Inglaterra en tradición democrática ni Alemania en riqueza. La gente ha salido hace bien poco de la pobreza o la ha vivido muy de cerca y no tiene decoro democrático, porque solo llevamos 30 años en un régimen de libertades que, en realidad, es defectuoso. El deficiente sistema educativo no ha ayudado a construir valores y el estado de bienestar ha fracasado para convertirse mas bien en un modelo de expolio del Estado por el ciudadano, debido a la mentalidad y al background social de la ciudadanía española.

Como consecuencia, los partidos políticos se han convertido en enjambres de individuos, sin capacitación profesional alguna, en busca de rentas fáciles. Lo que la gente no encuentra en un sector privado ‘tumefacto’, lo intenta en las facilidades de acceso a rentas de dudoso origen que provienen de un sector público de incandescente amor por lo crematístico. La verdadera reforma sería simplificar el Estado, eliminar los distintos niveles de administración que se superponen unos sobre otros y reducir drásticamente el numero de cargos públicos para que los 800,000 militantes del PP (de los que tanto se vanagloria Rajoy) no puedan encontrar en las rentas ilícitas de un cargo público, lo que su falta de esfuerzo y su estulticia, no han conseguido darles. La crisis económica ha exacerbado estas cuestiones, pero estaban ya mas que latentes en la sociedad española. Recordemos los casos de corrupción de los gobiernos socialistas de Felipe González, que pensábamos serian insuperables y han quedado empequeñecidos por la corrupción en masa del Partido Popular.

Otro ejemplo: la tan cacareada reforma educativa. Sin duda, es esencial. Pero cómo vamos a enseñar a las futuras generaciones la importancia de los valores democráticos, el esfuerzo y el trabajo, si nosotros somos mas corruptos y no respetamos las instituciones democráticas o lo hacemos incluso menos que nuestros padres? La educación que se recibe en el colegio es solo un pequeño porcentaje del cúmulo de valores que identificarán a los hijos en el futuro. Y esos valores vienen de la familia. Ahí esta la base de la educación. Mientras la sociedad no cambie, tendrá los políticos corruptos que se merece.

Otro problema de fondo en relación con la educación es que la llegada de la democracia ha supuesto la eliminación de todas las instituciones que aportaban educación de valores a la ciudadanía, como la Iglesia o el Estado, durante la dictadura. En si, no parece un problema, dados los excesos que esas instituciones cometieron, pero la libertad mal entendida ha tenido consecuencias funestas para los valores educativos de la sociedad. La gente se ha hecho mas egoísta, mas apegada al dinero, mas inculta y probablemente mas vaga, incluso de lo que era. Y los que han ganado dinero no lo han usado para buenas causas, sino que lo han dilapidado en vicios. En definitiva, es una sociedad en la que la gente que ha ganado dinero, gracias a la entrada en la Unión Europea y los fondos de cohesión europeos, se ha hecho mas egoísta y acomodada, lo cual ha aumentado las desigualdades con las clases trabajadoras y el odio larvado que tenían contra “los ricos”. De ahí, fenómenos como Podemos.

En resumen, la política es un resultado, no una causa, con cierta capacidad de influir en la sociedad, pero mas bien limitada. Lo único deseable después del resultado de las elecciones del 20 de diciembre es que haya un Gobierno lo mas razonable posible, a través de alguna componenda entre políticos y que el país se centre en seguir adelante con su evolución social, abriéndose a otros países europeos de mayor nivel de vida, seriedad y tradición democrática, lo cual ha venido sucediendo como consecuencia de la diáspora de jóvenes a Europa en busca de trabajo. Los cambios del sistema político a través de una segunda Transición, con pocas posibilidades de éxito con la cortoplacista clase política actual, no traerían grandes consecuencias ya que es la sociedad española y su evolución la que determinará el sistema político en el futuro.

 

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