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Evitar nuevas elecciones: o apoyo de Podemos o alternativa ‘Borgen’

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Evitar nuevas elecciones: o apoyo de Podemos o alternativa 'Borgen' 1

Dos meses después de las elecciones del 20 de diciembre, ni hay presidente del Gobierno ni hay matemáticas que cuadren para que lo haya en las próximas semanas, a pesar del optimismo de Pedro Sánchez, quien en su momento recomendó la serie sobre política danesa Borgen para explicar el momento actual, la cual muestra posibles soluciones para desbloquear este escenario que no pasan ni por el propio Sánchez ni por Mariano Rajoy.

ABSTENCIÓN DE PODEMOS VS. SOLUCIÓN ‘IN EXTREMIS’

El presidente del Gobierno en funciones describía ayer la situación poselectoral como “un lío enorme”. “Uno tiene 69 (Podemos), otro 40 (Ciudadanos), y luego hay unos cuantos con 7 u 8 (nacionalistas)”, ha dicho sobre el reparto de diputados en el Congreso a otros líderes europeos en Bruselas, ‘pillado’ por las cámaras. “Yo creo que (Pedro Sánchez) no va a salir. Lo más probable es que haya elecciones el 26 de junio, lo más probable”.

Pero más allá de los pronósticos de Rajoy, lo único seguro es que el líder del PSOE intentará la investidura el 2 de marzo y, en caso de no conseguir el apoyo mayoritario del Congreso, lo volverá a intentar el 5 de marzo. De hecho, Sánchez ha asegurado que confía en llegar a un acuerdo para formar Gobierno a finales de mes aunque, por ahora, lo que único que sabemos es que Podemos presentó un documento con medidas económicas que incluyen un aumento del gasto público de 96.000 millones de euros, y exige un referéndum en Cataluña, dos puntos que dificultan el pacto.

Pese al rugido de los titulares –y algún que otro ‘globo sonda’- una música empieza a sonar de manera más suave que habla de la posibilidad de un escenario táctico muy de la ‘vieja política’. En ese sentido, algunos medios han publicado y diversas fuentes cercanas confirman la existencia de negociaciones ‘subterráneas’ entre PSOE y Podemos para alcanzar un acuerdo ‘in extremis’. En este contexto, tras la fallida investidura de Sánchez, los grupos de Iglesias habrían cumplido con su ciclo narrativo –especialmente centrado en no pactar con “las derechas”, en referencia a Ciudadanos- y acudirían al ‘rescate’ del gobierno progresista para evitar un giro ideológico conservador. Aunque es cierto que parece una estrategia ganadora –muy tradicional y utilizada, eso sí, en política: primero, crear el problema y luego ofrecer la solución- lo cierto es que presenta muchos más problemas que los aparentes y a buen seguro los de Iglesias deben estar ya valorando internamente. Especialmente tres.

El primero es que ese gobierno ‘in extremis’ daría por quemado a Pedro Sánchez, porque obligaría a reactivar todo el mecanismo de investidura con un candidato que ya habría pasado por el calvario de pedir a unos y otros durante meses primero y luego en el Congreso de manera pública, un acuerdo de mínimos. Parece muy difícil, con semejante deslegitimación de cara a la opinión pública e incluso dentro de su propio partido, que tenga fuerza para constituir un Ejecutivo que, pese al apoyo de Podemos, sería aún más frágil de lo inicialmente previsto. Segundo, obligaría al Rey a acceder a abrir un nuevo turno con el mismo candidato. Si bien es cierto que, como aseguran diversas fuentes, no va a proponer a nadie más sin los apoyos necesarios, no dejaría de parecer atípico el volver por segunda vez consecutiva a darle el mandato a Sánchez si una vez no lo consiguiera.

En tercer lugar, el escenario ‘in extremis’ correría contra Podemos, aunque parezca lo contrario. En ese sentido, no olvidemos que la construcción de la base de votantes de dicho partido se ha beneficiado de dos factores: de un lado, la crisis económica salvaje que ha golpeado a España y, del otro, de atraer a un electorado amplio que abarca a muchos votantes del PSOE, es decir, del centro izquierda, la gran bolsa de votantes de España. Un acuerdo ‘atípico’ con los socialistas podría desincentivar al votante de esta tipología, que desconfiaría de la capacidad de los de Iglesias para ajustarse al protocolo democrático y expulsaría votantes de vuelta al PSOE . En este sentido, la lógica es aplastante: ¿Por qué no se acepta el ofrecimiento de Sánchez con ‘luz y taquígrafos’ y sí posteriormente, en el tiempo de descuento? Y, principalmente, expondría a Podemos al efecto catalán. Es decir, parecería que la gran condición, por la que veremos después, por la que se ha ‘volado’ la investidura de Sánchez es porque hay más convicción de la aparente a la hora de convocar un referéndum en Cataluña. Mala señal para muchos de los votantes más moderados de Podemos en varios focos regionales estratégicos.

Por lo tanto, considerando que en ambos escenarios se acabaría produciendo el pacto, la lógica –frente a los titulares y posicionamientos enconados dentro y fuera de Podemos – invita a pensar que lo más evidente –y la estrategia más lógica- no sería otra que Podemos y confluencias se abstuvieran en la segunda ronda de votaciones a Sánchez o apoyaran al PSOE con concesiones sobre su propuesta inicial, inaceptable para los socialistas.

Y es que frente a las voces –internas en su partido y externas- que aseguran que Podemos está interesado en unas nuevas elecciones y pese a que los números y sondeos le den la razón, la lógica y la coyuntura no lo hacen. Utilizando el famoso símil de Syriza y extrapolando el ejemplo al país heleno, se ve claro ese famoso titular de “España no es Grecia”: el contexto, aún por inercia de la economía de los siguientes meses, es de crecimiento económico continuado en nuestro país. Ese escenario de ‘ir a mejor’ o ‘no empeorar’, unido a todo lo anteriormente comentado, puede hacer volver a muchos votantes al PSOE. Aunque las encuestas no lo reflejen, repetir unas elecciones el 26 de junio forzaría aún más el voto útil al no haberse producido aún un cambio en la ley electoral. Todo esto, unido a la realidad de que Podemos está fracturado internamente, a que Sánchez de manera inteligente se ha acercado a IU y que Ada Colau, una de las líderes más carismáticas de la organización política, ha establecido públicamente su deseo de formar un nuevo partido, podría traer un deterioro superior del voto en un escenario que no ha descontado el factor tiempo –el devenir de los meses hasta los comicios-, que podría hacer retroceder a Podemos a los niveles de intención de voto que se publicaron tras estallar el famoso ‘caso Monedero’.

Item más: como decíamos, el hecho de que la negativa al acuerdo de cara a la galería se base en el titular repetido cientos de veces –el famoso sí al ‘referendum catalán’- y la estrategia de ‘dos voces’ del PSOE, con Felipe González de árbitro –Pedro Sánchez mirando a la izquierda y Susana Díaz a la derecha-, más la fuerza institucional que aún conserva el PSOE pese a su merma de votos, supone una amenaza clara para la posibilidad de Pablo Iglesias de seguir ganando ‘momento’ e incluso unas elecciones.

Conclusión: la lógica dice que Iglesias se abstendrá el sábado 5 de marzo –tras anunciarlo en el último momento para no exponerse demasiado de cara a su votante más radical- y que presionará desde la izquierda para generar una idea de inclusión en el sistema que le permita retener a la bolsa de votos del centro-izquierda y moderados.

OPERACIÓN ‘BORGEN’ VS. OPERACIÓN ‘SOLANA’

Resulta irónico que Pedro Sánchez fuera el que recomendara la serie sobre política danesa Borgen para explicar el momento actual… sin darse cuenta de que podría estar señalando una opción que le pusiera fuera de La Moncloa.

Si no se cumpliera el escenario anterior, es decir que Pedro Sánchez consiga salir investido con la abstención de Podemos y el apoyo de Ciudadanos, habría que pasar al siguiente posible escenario que también protagonizaría otro de los partidos de la ‘nueva política’. En este caso, Ciudadanos.

Retomando la ecuación desde la investidura fallida de Sánchez, habría que mirar al Rey. Si no tuviera los votos el líder del PSOE, conviene recordar que la Casa Real ya ha afirmado que no propondrá ningún candidato sin apoyos suficientes. Por lo tanto, y como Rajoy volvería a encontrarse como mucho de nuevo con el apoyo de Ciudadanos –insuficiente para abordar al investidura-, deja sólo un escenario posible: o encontrar un candidato que no sea Rajoy o Sánchez o bien acudir a nuevas elecciones el día 26 de junio –la apuesta de Rajoy-.

A priori, tras la –oportuna- ‘pillada’ a Rajoy de ayer- todo el mundo apuesta por nuevas elecciones: esto es así porque beneficia a actores que suman entre ellos 189 diputados –PP y Podemos- y ‘ahoga’ a sus rivales en todas las encuestas –Ciudadanos y PSOE-. Más aún: el tono con el que Rajoy comentó ayer a Cameron este escenario era de total naturalidad. Conclusión: parece que se transmite que el Estado está preparado –e incluso la economía española- para poder esperar a unos nuevos comicios y la posterior formación de un Gobierno que, como bien recuerda Felipe González, podría funcionar en Septiembre, sin mayor perjuicio para la estabilidad política o económica del país.

Pero este escenario ‘ideal’ se cruza con la realidad de los propios partidos políticos y, sobre todo, con la situación actual de Cataluña. El hecho de que no se conformara un Ejecutivo a tiempo para negociar o intentar solucionar la fractura catalana antes de que se deteriore la situación más aún o que pueda suceder cualquier situación económica inesperada supone que ese medio año no deje de ser un riesgo. El actual presidente en funciones, ‘tocado’ además por los casos de corrupción, y la muy sutil y poco comentada divergencia en la idea de la construcción del modelo territorial entre él y el líder de la oposición –más federalismo frente a mantener el ‘status-quo’-, Pedro Sánchez, unido a la incapacidad de acometer una solución real por no existir Gobierno si fuera necesario, pone sobre las cuerdas este intento de dejar ‘sede vacante’ durante al menos medio año al país.

Volvamos, entonces, a la hipótesis de un tercer candidato independiente. Descartadas de manera rotunda por parte de los dos grandes partidos a cambiar a sus candidatos, se ha venido comentando –Bolsamanía fue de las primeras en hacerlo, de hecho- la existencia de una operación para encontrar un candidato de consenso‘ y otra, mucho menos mencionada, a la que se le denomina operación ‘Bergen’. De las dos, la lógica invita a pensar que la que puede llegar a materializarse es la segunda.

¿Por qué? De un lado, un gobierno con un nuevo candidato ‘externo’ –la famosa y ya comentada ‘operación Solana’- pondría en peligro no sólo el futuro de los dos principales partidos políticos sino que también podría conducir –aquí, sí- a unas elecciones que ganara Podemos en alianza con IU tras una legislatura corta.
Efectivamente, España no es Italia y la fractura que atraviesa nuestro país es algo realmente insólito. Para una opinión pública que aún no acaba de digerir el hecho de que no parece posible cerrar un gobierno pese a haber votado el pasado 20 de diciembre, ofrecer una solución de contexto con alguien diferente a los líderes que está negociando no solo parece complicada de cara a la opinión pública frente a la implicación en las negociaciones que ha ofrecido Albert Rivera. En resumidas cuentas, podría incluso parecer que se refuerza el discurso de la ‘vieja política’ al buscar un presidente ‘fuera’ cuando ya hay uno ‘dentro’ asimilado por los principales actores del sistema español y los votantes.

¿Cómo se resolvería esta situación? Recordemos que en ‘Borgen’, la narrativa se basa en negociaciones a distintas bandas, ya que la líder de los moderados forma Gobierno con el Partido Laborista y con el Partido de los Verdes, y los tres tienen Ministerios y llegan a acuerdos de Estado. Además, Nyborg se ve obligada en ocasiones a pactar con los partidos de la oposición, que en este caso son los conservadores.

A esta alternativa la lógica obliga a tirar de la nueva serie televisiva que tiene enamorados a nuestros políticos –o mejor dicho, a sus llamados ‘fontaneros’, aquellos que marcan las estrategias de los candidatos- y que ha dado ya lugar a una operación en los mentideros que se llama como la ficción noruega, ‘Borgen’. La serie, en cierta manera inspirada en la política danesa es una asombrosa pieza sobre estrategia y política que produjo la cadena pública Danmarks Radio entre 2010 y 2013 en Dinamarca y, también, en España por Canal Plus.

En este drama político hay un parlamento fragmentado con dos partidos mayoritarios, laboristas y conservadores, y un tercero en discordia en el centro, el Partido Moderado liderado por la protagonista, Birgitte Nyborg.

La serie empieza con unas elecciones parlamentarias (lamentamos el spoiler, pero recordamos que todo lo que narramos ocurre en los dos primeros capítulos) para el Palacio de Christiansborg (el Congreso de Dinamarca, que recibe el nombre coloquial de Borgen). Antes de estos comicios, se conoce un escándalo en torno al líder conservador, y después de ellos, el candidato laborista se ve obligado a dimitir por otro escándalo. Con ambos partidos castigados en las urnas, cuestionado el primero y descabezado el segundo, los moderados aumentan el número de parlamentarios y, aunque siguen en tercer lugar, Nyborg se convierte en la única capaz de contar hasta 90 (cifra que da la mayoría absoluta) y, por lo tanto, tener el apoyo suficiente para formar Gobierno en coalición.

Albert Rivera ha negado, sistemáticamente, que se vaya a prestar para la operación, lo que demuestra altura a la hora de abordar un momento político en España que parece más centrado, hasta ahora en la búsqueda del poder personal y menos en la propuesta de pactos que se centren en la gobernabilidad y el futuro de España. Sin embargo, la lógica –de nuevo- y las matemáticas pueden jugar en su contra y obligarle a aceptar un acuerdo de este tipo.

En este sentido, tirando de las matemáticas, la operación es simple: basta con que uno de los actuales ‘socios’ de Ciudadanos –El PP en la Comunidad de Madrid o el PSOE en Andalucía- apoyara la investidura y el otro se abstenga o incluso que se alcance un pacto de rotación de presidentes durante una legislatura, que sería corta y enfocada a llegar a consensos amplios de corte constitucionalista, con reforma de la ley electoral y que permitiera llegar a un nuevo marco de estabilidad.

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