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Fusión fría entre PP y Ciudadanos y la ‘domesticación’ de VOX: ¿la estrategia final de la derecha?

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«Los costes de la estrategia de Ciudadanos son demasiado altos para España». Con estas palabras decía adiós Toni Roldán a Ciudadanos este lunes, una huida que algunos analistas ya barruntaban, y que no es sino la materialización del malestar general por la deriva derechista que está tomando la formación de Albert Rivera. Primero llegó el aviso en forma de carta firmada por varios de los fundadores; ahora, las deserciones. Todas las estrategias conllevan un riesgo y solo el tiempo medirá el grosor del descosido. Ciudadanos parece querer homogeneizarse en el bloque de la derecha, por lo que no es descabellada la idea de su unificación bajo unas mismas siglas. Ya se verá si entre las dos grandes formaciones consiguen ‘domesticar’ a Vox para que entre en este conglomerado o si continúa su andadura por el margen de la derecha.

Después de que Casado obtuviese los peores resultados de la historia de la formación conservadora en unas elecciones generales –pasó de los 137 escaños de 2016 a 66, menos de la mitad–, Albert Rivera se autoproclamó líder de la oposición y descartó, por enésima vez, la posibilidad de llegar a un acuerdo con Pedro Sánchez. La bilis que le produce el socialista ha hecho olvidar la buena sintonía que sonaba de fondo en 2016, cuando aquel ‘pacto del abrazo’ (porque fue sellado bajo el cuadro El abrazo, de Genovés) le señalaba como el vicepresidente de un hipotético Gobierno encabezado por Sánchez.

La estrategia de Albert Rivera estaba clara: convertirse en el primer partido de la derecha. Si Ciudadanos no lo ha conseguido en estos momentos, cuando el PP está en su momento más bajo, difícilmente lo pueda hacer en el futuro, cuando los conservadores se rehagan de sus quebrantos. No habrá sorpasso, y mucho menos ahora, cuando Rivera ha consolidado a Casado. No se entienden tantos esfuerzos por aupar al poder a aquella formación a la que ansías suplantar. No se entiende… a menos que el plan sea caminar bajo unas mismas siglas.

¿’España Suma’? El abrazo de Ciudadanos y PP

A finales de marzo, Pablo Casado tendió la mano a Ciudadanos para establecer una alianza de senadores “por España y la Constitución” con la que sumar más escaños en la Cámara Alta. Inés Arrimadas fue la encargada de declinar la oferta: «Tenemos un proyecto propio, vamos a salir a ganar, a ir a por todas y a defender nuestro proyecto. Ya veremos a qué acuerdos llegamos una vez que las elecciones se hayan celebrado».

El PSOE aseguró la Moncloa en los comicios del 28 de abril y consiguió una mayoría progresista en seis comunidades el 26 de mayo. En otras cuatro –Aragón, Castilla y León, Murcia y Madrid–, el papel de los naranjas era fundamental para decantar la balanza del poder a favor de PP o PSOE. Rivera se decantó por los primeros y, como dejó escrito Jorge Sáinz en Voz Pópuli, este capote no le saldrá gratis al popular: ya le pasará factura en las próximas generales.

Como dijo Thomas Hobbes en su Leviatán, «Los favores obligan, y la obligación es servidumbre». Quizá el desgaste por afianzar la figura de Pablo Casado es el peaje que tiene que pagar Rivera para sentar las bases de la reunificación de la derecha. Esta idea, como explica el propio Sáinz, aunque también la ha señalado Manuel Molares comparándola con la coalición ‘Navarra Suma’ (UPN, PP y Ciudadanos) podría llamarse ‘España Suma’. Casado debería responder a este favor con la obligación de otorgar el cetro de la derecha a Rivera.

¿Y Vox?

La pieza que falta en esta ecuación, Vox, tiene difícil encaje. Ciudadanos y PP invitarían a la formación a firmar un manifiesto en el que abandonasen todos sus postulados ultraderechistas. Si la derecha testosterónica suaviza su discurso para acoplarse a la nave nodriza de la derecha será absorbida; si no, si siguen por esta senda, continuarán en la extrema derecha, siendo una formación residual.

Los ultraderechistas están haciendo todo lo posible por hacerse notar, por no arder en ese segundo plano en el que se encuentran. Mientras se escriben estas líneas, Vox ha roto las negociaciones con el PP en Madrid, con lo que dejan la investidura de Isabel Díaz Ayuso en el aire a 16 días de que se cumpla el plazo para su investidura como presidenta de la Comunidad.

Hay que recordar que de nada servirían sus chantajes si Ciudadanos hubiese cerrado la puerta a la ultraderecha, como sí han hecho los liberales europeos. En cualquier caso, si la derecha termina fusionándose, esperemos que se queden fuera los postulados más retrógrados de Vox.

Iberia Alexa
Sergio García M.
Periodista. Redactor jefe de Analytiks.

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