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Gobierno en dos fases: del pacto a la portuguesa a la coalición

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La izquierda europea. Pacto a la portuguesa
Pedro Sánchez y Antonio Costa

Sánchez ya ha manifestado que da por cerrada y definitivamente fracasada la hipótesis de una coalición PSOE-Unidas Podemos, por lo que todo indica que el próximo paso será la presentación de un programa, elaborado en colaboración con los distintos actores sociales —sindicatos, feministas, ecologistas, etc.—, que acabará ofreciendo como base de negociación a los partidos que deberían respaldar su opción en el Parlamento, UP en primer lugar. Las organizaciones sociales no se decantan por una de las dos fórmulas (coalición o adhesión a un programa, es decir, pacto a la portuguesa), pero esta neutralidad favorece a Sánchez porque lleva implícita la oposición a unas nuevas elecciones, que la negativa de Iglesias provocaría.

Es ya evidente que después de que algunos analistas aludiéramos con insistencia a las bondades del modelo portugués como vía de salida de la actual encrucijada española, los políticos han comenzado a mirar hacia el país vecino, que está culminando una esplendida legislatura en que el primer ministro Antònio Costa, del PS, ha gobernado en solitario, gracias al apoyo del Bloco —formación semejante a Podemos y con el que mantiene relación—, el PCP y los Verdes. Las cuatro formaciones firmaron el pacto de la “gerigonça” —jerigonza en castellano significa “jerga, lenguaje especializado y difícil de comprender para las personas que no pertenecen al grupo”—, que aquí se llamaría pacto “frankenstein”, que les comprometía a desarrollar un programa notablemente pormenorizado y, lógicamente, a apoyar al gobierno monocolor de izquierdas.

Balance del pacto a la portuguesa

Iván Gil, de El Confidencial, ha explorado en Portugal el balance de tal acuerdo, ya en la cercanía de las elecciones de otoño en el vecino país. Y la conclusión más elocuente es la que formuló durante el último debate sobre el Estado de la Nación en el Parlamento portugués Catarina Martins, líder del Bloco de Esquerda: “En las mismas condiciones, volveríamos a firmar los acuerdos”. En el referido debate, socialistas, bloquistas y comunistas coincidieron en considerar positiva la fórmula pese a que, como es natural, ha tenido que capear también sus riesgos, básicamente dos: que quien esté en el gobierno ensaye fórmulas de geometría variable contando en algunos asuntos con la oposición conservadora, y que quien ostente el poder tienda a rentabilizar el éxito en solitario.

Sobre el primer asunto, el líder del PCP, Jerónimo de Sousa, admitió que “el gobierno falló en las áreas en que los acuerdos fueron menos concretos”. De sus declaraciones se desprende que la queja de los comunistas se refiere a la excesiva sumisión del Gobierno a los objetivos de déficit impuestos por Bruselas, cuando a su juicio el ministro de finanzas luso y presidente del Eurogrupo, Mario Centeno —con gran prestigio en Europa—, debió haber actuado con más osadía y agresividad en lugar de lucirse y buscar el aplauso de sus congéneres neoliberales. La objeción es más bien retórica porque siempre fue evidente que el aspecto clave que no se podía incluir en el ‘pacto de la gerigonça’ era precisamente el respeto escrupuloso a las reglas comunitarias. No se puede olvidar que Portugal fue uno de los países rescatados durante la gran crisis 2018-2014.

En lo referente a la rentabilización política del pacto, en el referido debate se planteó la posibilidad, inquietante para las minorías, de que los socialistas que han tenido todo el protagonismo consigan imponerse con mayoría absoluta, con lo que ya no necesitarían apoyos en lo sucesivo. De momento, el Bloco está estabilizado en sus porcentajes habituales pero el PCP ha retrocedido tanto en las municipales como en las europeas. Los socialistas suben en intención de voto y molesta a sus socios que algunos dirigentes socialistas pidan al electorado mayoría para gobernar en solitario, “sin bloqueos”. Martins se preguntaba con ironía “¿qué bloqueos molestan al PS? ¿Los que impidieron congelar las pensiones?”… Esta discusión es seguramente inevitable, fruto de la sana rivalidad democrática.

El periodista Iván Gil aclara en todo caso que “el guante blanco entre los partidos que firmaron el pacto de legislatura, más allá de los roces propios de un contexto de precampaña, y en consenso para repetir esta operación, chocan con el contexto en España. El apoyo desde fuera al Gobierno socialista ha permitido además una legislatura estable, sin bien trasladar la experiencia portuguesa a España es una quimera además de un reduccionismo absoluto, incluso dejando de lado el conflicto en Cataluña”.

Más sobre el “gobernismo” de Pablo Iglesias

La afición de Pablo Iglesias a estar en el Gobierno y a separarse por tanto de la ‘vía portuguesa’ ha dado lugar a la acuñación de un término, ‘gobernismo’, que a este paso terminará haciendo fortuna e ingresando en los anales de la Academia. Hemos encontrado el término en un artículo de Manuel Garí, “La razón gobernista”, aparecido en Viento Sur, y en un editorial de El Salto: “Gobernismo era esto”.

Podemos no acepta la realidad portuguesa, rechaza el pacto de legislatura y esgrime su argumentación de este modo (se transcribe un párrafo del documento enviado a los inscritos el 26 de julio pasado, con ocasión del pintoresco referéndum interno): “Estos tres años de experiencia institucional nos han demostrado que es imposible aquel anhelo del 2015 de gobernar desde el Parlamento. La realidad es que el diseño institucional del Estado otorga mucho más poder, capacidad e influencia al Gobierno que al Congreso y al Senado. Muchísimo más. Lo comprobamos durante tres años de triquiñuelas, vetos, cupos limitados y declaraciones muy bonitas, pero que nadie cumple. Las leyes se cambian con el empuje de las calles —el movimiento de pensionistas es un buen ejemplo de ello—, pero se materializan en el BOE. Y la capacidad de hacerlo desde el Gobierno es infinitamente mayor que desde la oposición. Lo comprobamos en nuestras propias carnes. De ahí nace nuestra insistencia en formar parte del próximo Gobierno”.

No toda la izquierda está de acuerdo con semejante visión. Así por ejemplo Manuel Garí, en un artículo publicado el 3 de agosto (“La razón gobernista” en Tiempo Sur), explica el proceso por el que ha discurrido Podemos: “Para una fuerza que nació con carácter impugnador, que se planteaba de forma clara un nuevo proceso constituyente en ruptura con el régimen de 1978 y que se enfrentaba a la oligarquía financiera e industrial con suma decisión, la transformación no es baladí. Ha habido un cambio en la correlación de fuerzas en la sociedad y comienzan a cerrarse las ventanas de oportunidad, pero también hay cambios en la naturaleza, ideas, prácticas y expectativas del propio Podemos, a la par que han ido desapareciendo actores fundamentales de sus inicios que fueron sustituidos por otros llegados posteriormente. Hoy, más que acabar con la casta, el objetivo es realizar una sustitución —por cierto, limitada— de las elites. Ello ha venido acompañado de un progresivo debilitamiento de Podemos y las confluencias, el abandono del proyecto de construir un partido-movimiento de masas antineoliberal, la reducción del núcleo decisor a los más allegados y a centrar todo el esfuerzo en el grupo parlamentario”.

Y el autor cree chocante que para Podemos, la rectificación y la recuperación de la iniciativa pasen simplemente por lograr la presencia en el gobierno, y como socio minoritario. De hecho, Garí razona precisamente en sentido contrario.

En primer lugar —explica— “formar parte de un gobierno implica que la independencia de propuesta y actuación de los partidos que lo componen se ve mermada. Por lo que el BOE es un arma de papel que no solo puede quedar en papel mojado, sino que sus líneas no las escribe cada ministro/a, sino el conjunto del gobierno y depende de la correlación de fuerzas en el seno de este, pero sobre todo en la sociedad. Y con la correlación de fuerzas existente entre PSOE y Unidas Podemos más sus confluencias es falso afirmar que no pugnar por un gobierno de coalición supone una renuncia, cuando lo que hemos visto en el hemiciclo es que el PSOE exigía unas renuncias políticas y programáticas de gran envergadura para las fuerzas de izquierda que claramente suponían subalternidad y renunciar al propio proyecto independiente. Bien al contrario, actualmente mantener la capacidad práctica de disentir y poner en cuestión al gobierno se asegura mejor desde fuera del mismo”.

En segundo lugar, desmiente que para influir sólo tenga interés “rogar desesperadamente una presencia en el gobierno de turno. En muchas ocasiones, desde fuera de los gobiernos, los sindicatos y las organizaciones feministas, ecologistas y sociales —que obviamente prefieren gobiernos amigos— han redactado los contenidos de las leyes y decretos. Por no hablar de los condicionantes que se pueden imponer al gobierno desde la acción parlamentaria, máxime si se apoya sólo en una minoría mayoritaria, como es el caso del PSOE hoy. Actualmente, el campo de trabajo de las fuerzas de izquierda es más fértil fuera que dentro del gobierno, siempre y cuando se construya una amplia coalición en la sociedad que abarque desde las organizaciones políticas a las sindicales, feministas, sociales y ecologistas para plantear, exigir, vigilar y arrancar presupuestos, medidas y políticas favorables a la mayoría social”.

Garí formula aún más objeciones a la postura de Pablo Iglesias, que es quien marca la doctrina después de que en Podemos ya no haya una cúpula plural de debate y toma de decisiones, pero con los dos pilares apuntados se sostiene mejor la postura de Izquierda Unida, de Anticapitalistas y de otras  confluencias y organizaciones vinculadas o próximas a Podemos que no acaban de entender esta pasión gubernamentista del líder, que ya viene de antiguo y que algún malintencionado atribuiría al ego del personaje y al afán de lucirse sobre las moquetas mullidas del Estado.

La formula mixta: del pacto a la portuguesa a la coalición

Así las cosas, y puesto que provocar nuevas elecciones es, como mínimo, una imprudencia —los electores pueden interpretarlo como una falta de respeto, ya que se les dice que su decisión soberana no ha sido operativa—, las discrepancias entre PSOE y UP podrían zanjarse mediante un arreglo/transacción procesal que consistiría en lo siguiente:

En primer lugar, pónganse de acuerdo en un programa de legislatura ambicioso y posibilista, compatible con Bruselas y capaz de terminar de aglutinar una mayoría de investidura. El precedente del pacto sobre los presupuestos generales del Estado, que se consiguió plenamente aunque no cuajó porque el nacionalismo catalán echó por tierra el intento, demuestra que existe una amplia zona de consenso sobre la que establecer un proyecto de futuro que estabilice el país y permita encarar los grandes retos pendientes, básicamente la recuperación de las condiciones de equidad y progreso anteriores a la crisis y la obtención de un desenlace satisfactorio del conflicto catalán.

En segundo lugar, acuerden que, tras la rúbrica del pacto, se investirá a Pedro Sánchez, quien, con un gobierno monocolor en el que irán encajando técnicos y expertos de sus socios, comenzará a desarrollar lo proyectado. Y si transcurrido un plazo razonable se ha generado verdadera confianza entre las partes, se reformará el gobierno para dar entrada en el consejo de ministros a representantes de UP y otras fuerzas y alumbrar así una coalición. Si a la hora de revisar lo logrado no hay confianza ni la fórmula ha sido todo lo operativa que cabía esperar, podrá decidirse conjuntamente dar por concluida la legislatura y convocar nuevas elecciones.

Mediante un modelo como este, podrían perder peso las susceptibilidades que hoy frenan el avance hacia una solución que no debería demorarse. Las urgencias pendientes se hacen con el tiempo cada vez más apremiantes.

Iberia 350
Antonio Papell
Director de Analytiks

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1 Comentario

  1. Clara Campoamor: “No cometáis un error histórico que no tendréis nunca bastante tiempo para llorar» Si esto no cambia, vamos camino de ello. Del pacto a la portuguesa se pasó al Gobierno de coalición y ahora volvemos al principio. Un Congreso elegido por el pueblo bloquea la formación de Gobierno. Las derechas afilando los cuchillos, relamiéndose, esperando que la izquierda se aniquile sola para seguir poniendo mordazas, arrebatando los derechos conseguidos, como lo están haciendo pactando con VOX, que les sirven de excusa, porque ellos están en lo mismo. Una derecha ridícula hasta no poder más, pero que, debido a la poca cultura democrática de la ciudadanía, no pasa nada, irresponsable hasta decir basta, con su última humorada de pedir que el Psoe se abstenga para que Casado gobierne o que echen a Pedro y sea otro el candidato como Page. Por otro lado, Pablo Iglesias que es el verdadero obstáculo para que haya un Gobierno de izquierdas. Su soberbia, su engreimiento, sumado a la debilidad de su partido presenta una gran incógnita de cuál será su decisión. No se puede estar dentro y fuera, no puede haber dos gobiernos. No sé en qué deparará el conflicto, pero creo que no será positivo esté donde esté, ni dentro del Gobierno, ni con pactos programáticos, porque lo que tiene que cambiar es su actitud. Su objetivo no puede ser su beneficio y me temo que el asunto va por ahí. El de “Yo soy la izquierda” tiene que demostrarlo, todavía no lo ha hecho en estos años que lleva en el centro mediático. La confianza se gana trabajando, por eso yo también pienso como Antonio Papell, un Gobierno a la portuguesa y con el tiempo se puede llegar a que estén dentro del Gobierno. Si se hace bien, los dos partidos sacarán mejores resultados y se podrá consolidar un Gobierno de izquierdas. ¡Ojalá se pueda conseguir, por ahora lo veo muy difícil! La única esperanza es la fuerza que hagan tanto IU, como Anticapitalistas, las organizaciones sociales y no tenga más remedio que claudicar. 🌹✊

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