Política

La descomposición de CyL

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La descomposición de CyL 1

No ha habido sorpresas en los resultados de las elecciones castellanoleonesas, que por el contrario lanzan el mensaje preocupante de que prosigue el debilitamiento relativo de las dos grandes opciones centristas en beneficio de la periferia y de los extremos. Por lo demás, se mantiene en la vasta región una mayoría conservadora que se prorrogará más allá de los últimos 35 años, por lo que el análisis debe versar sobre las circunstancias de contorno, que en esta ocasión son más relevantes que las nucleares.

Los argumentos de los exitosos grupos provinciales son idénticos: PP y PSOE nos han olvidado y nos han engañado

Por un lado, prosigue la provincialización  del voto en las provincias de la España vaciada. Si el fin del bipartidismo imperfecto que se hizo patente a partir de las elecciones generales de 2016 se debió al fracaso del PP y del PSOE en la gestión  de la crisis económica 2008-2014, el crecimiento de las opciones localistas que arrancó con “Teruel existe” y que se ha extendido a varias provincias de CyL tampoco ha sido espontáneo: se ha debido al abandono de la ‘España despoblada’, a la falta de servicios y de estímulos, en un Estado en el que el concepto ‘ordenación del territorio’ está hueco desde hace décadas. Los argumentos de los exitosos grupos provinciales son idénticos: PP y PSOE nos han olvidado y nos han engañado. Poco se puede oponer a su declaración.

Por otro lado, el PP ha recuperado la primacía objetiva por escaso margen pero es obvio que  no ha conseguido sus principales propósitos, que eran dos: uno, lograr un resultado cercano a la mayoría absoluta que, como le ha ocurrido a Ayuso en Madrid, le permitiera gobernar sin demasiada presión de Vox, cuya abstención es suficiente para que Ayuso controle  la mayoría de la cámara. Y dos, potenciar la figura de Casado, muy debilitada por los éxitos y la popularidad de la lideresa madrileña, que al fin ha sido también paseada como una milagrera por Castilla y León toda vez que el ímpetu de Mañueco y Casado juntos no era suficiente. Casado sale personalmente debilitado de esta prueba, que muestra falta de sentido del Estado en el aspirante a La Moncloa.

Vox ha crecido de forma exorbitante en CyL

Por último, es un drama de ámbito nacional que VOX haya crecido de forma exorbitante en CyL, lo que revela no solo la incapacidad del PP para representar íntegramente el espacio conservador, sino también una irritación social notoria contra el establishment, al que se le cuestiona abiertamente su capacidad para dirigir los destinos del país. Del mismo modo que la indignación de la ciudadanía tras la gran crisis económica y financiera pasada generó el 15-M y auspició el surgimiento de Podemos, la crisis sanitaria, también devastadora, sumada a los rescoldos de la anterior crisis, ha impulsado la emergencia de Vox.

No había otro modo de parar esta irrupción potente de la extrema derecha que la declaración tajante y dura del PP de que nunca, en ninguna situación, el PP pactaría con Vox un gobierno ni un proyecto político. Una actitud firme en este sentido hubiera entregado a Casado la envergadura de estadista que le falta. La ambigüedad en cambio lo ha convertido en marioneta de Vox, puesto que Abascal, con la mera declaración de que su partido aspira a una vicepresidencia en CyL, ha sido capaz de desarbolar toda la estrategia declarativa del PP y de lograr que los portavoces de Casado empezasen a balbucir explicaciones incoherentes.

Todavía está a tiempo el PP de plantarse ante VOX y de negociar con los restantes grupos un gobierno del PP en minoría. Ni siquiera habría que descartar un pacto de gobernabilidad con el PSOE, que todo el mundo entendería si se tratara de evitar que una formación que niega la violencia de género, que desprecia a los inmigrantes y que ve con malos ojos nuestra pertenencia política europea, tenga ascendiente sobre las instituciones autonómicas.

En todo caso, y a su pesar, el PP ha logrado con esta convocatoria electoral volver inaplazables sus definiciones frente a VOX. Casado ha sustituido a un socio poco fiable, Ciudadanos, por otro compañero de viaje todavía menos recomendable. Ha hecho, como diría el clásico, un pan como unas tortas, ya que ese camino que había de servir para desarrollar un proyecto de victoria en victoria hasta el triunfo final se ha frustrado en la primera estación del viaje.

La próxima parada había de ser Andalucía, cuyo presidente, Moreno Bonilla, no ha tenido éxito al implorar a su colega Mañueco un buen resultado que marcase la senda en la región sureña, donde el PP gobierna con C’s y Vox no ha permitido que el Ejecutivo andaluz sacara adelante los presupuestos para 2022. Es de imaginar que la lección castellanoleonesa habrá reducido el afán electoral del presidente andaluz y la consulta ya no se adelantará como estaba previsto, pero en algún momento tendrá que plantearse igualmente qué hacer con Vox.

El PSOE tampoco tiene motivos para echar las campanas al vuelo. Con independencia de que la campaña de su candidato haya sido más o menos atinada, deberá provocarle honda preocupación la caída sistemática de su partenaire en la coalición de gobierno estatal, Unidas Podemos, que está atravesando un declive notorio.  En definitiva, todos los actores deberían reaccionar ante  fenómenos novedosos –el ascenso de VOX, la irrupción de los provincialismos, nueva versión del malhadado localismo hispano- que son síntomas de una descomposición política bastante más grave que la superficial que reflejan las urnas.

Antonio Papell
Director de Analytiks

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