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Los europeístas de Escocia

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Los europeístas de Escocia 1

El compositor siciliano Vincenzo Bellini obtuvo con su última ópera, Los puritanos de Escocia –que se representa estos días en el Teatro Real de Madrid con un notable elenco en la parte vocal–, un éxito fulminante tras su estreno en 1835 en París. Su historia se desarrolla en Plymouth durante la guerra civil entre los puritanos, que era como se conocía a los partidarios de Oliver Cromwell, y los realistas, que apoyaban a la casa Estuardo. En medio del conflicto bélico, un drama amoroso, a lo capuletos y montescos, acaba con final feliz, no como el de Verona.

Imposible se antoja, sin embargo, avanzar a estas alturas una conclusión que contente a todos para el Scottish affaire que se ha desatado tras la victoria del Brexit en el reciente referéndum del Reino Unido. Aunque, claro, la felicidad última no es habitualmente extensible a todas las partes. Para que unos ganen, otros suelen tener que perder. En la ópera, el caballero Ricardo Forth se queda compuesto y sin novia porque Elvira logra obtener el consentimiento paterno para casarse con su enamorado Arturo, a pesar de ser realista y los Walton, la familia de la heroína, puritanos y vencedores de la contienda.

La primera ministra (PM) de Escocia, Nicola Sturgeon, ha decidido dar la batalla para que el europeísmo demostrado por las 32 circunscripciones de su región –todas ellas se decantaron por el Bremain, que se llevó un 62% de los votos de los escoceses y un 74,4% de los que acudieron a las urnas en Edimburgo– se traduzca en la permanencia del territorio en la Unión Europea. Con ese fin se reunió la semana pasada con el presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker y el del Parlamento, Martin Schulz.

Un encuentro que se produjo sin pérdida de tiempo después de que la Cámara escocesa acordara dar luz verde al intento de la política de mantener los lazos con la UE y que suscitó las críticas inmediatas de Mariano Rajoy y de Françoise Hollande. ¿Cómo explicarían los dos líderes que Juncker o Schulz, cuya forma de actuar con Sturgeon, cuando menos precipitada, les puede pasar factura, recibieran al presidente catalán o al máximo dirigente corso para hablar de quedarse en Europa como estados escindidos del país al que pertenecen?

Sin embargo, a pesar de la pronta acogida a la PM, no hay indicios de que la Unión vaya a otorgar a Escocia una suerte de trato de favor, si bien sus circunstancias son diferentes a las de Cataluña y Córcega –donde el partido independentista Pa Corsica obtuvo la mayoría en los últimos comicios– puesto que España y Francia mantienen su compromiso con el club comunitario. Cuando el Reino Unido lo abandone, si tiene lugar otro referéndum y los escoceses, frente a lo que decidieron en 2014, optan por dejar una de las principales economías del mundo, el nuevo país debería solicitar su adhesión. Un proceso en el que llevan años tanto Albania como Turquía, a los que habría que explicar por qué con Escocia el proceso sería más fácil y rápido. En definitiva, muchos futuribles y no precisamente a corto plazo.

Scottish independence referendum - scissors cut Scotland from rest of United Kingdom of Great Britain. Decision of autonomy area to stay or separate and disintegration of UK or maintenance of union

Mientras tanto, Sturgeon ha amenazado con el veto del Parlamento de Holyrood –dominado por su formación, SNP, siglas del Scottish National Party– a aprobar la normativa precisa para que el Reino Unido diga adiós a la UE. ¿Tiene esa institución poder para bloquear el Brexit? Según expertos de los que se hacen eco los medios británicos, sus diputados podrían no dar su consentimiento a las medidas legales que deberán ponerse en marcha, pero eso no quiere decir que puedan poner trabas a que se produzca la salida de la Unión Europea.

No deja de ser, pues, una más de las cartas con las que juega Sturgeon, quien afirma que su principal motivación reside en evitar a sus ciudadanos las “profundamente dañiñas y dolorosas consecuencias” que va a acarrear la marcha del Reino Unido de Europa. Lo hace, además, con el respaldo de las encuestas. Porque, a pesar de haber fallado al predecir el Bremain y no haber estado nada acertadas ante los resultados de las elecciones generales en España, los políticos las invocan cada dos por tres. Esas encuestas cifran en estos momentos en alrededor de un 52% el porcentaje de votantes a favor de la independencia, siete puntos más que hace dos años, y vaticinan una tendencia ascendente a este pronóstico que impulsaría en particular el parecer de los más jóvenes. Si atendemos a una llevada a cabo por ScotPulse, nada menos que el 73% de los menores de 25 años respaldaría separarse del Reino Unido.

Cada vez más figuras públicas predicen que Escocia será independiente dentro de unos años, como el antecesor de la PM en su actual responsabilidad y diputado del SNP, Alex Salmond, que ha asegurado haber tratado esta posibilidad con Fabian Picardo y Sadiq Khan, los políticos al frente de las administraciones de Gibraltar y Londres. “Juncker no quiso hablar en 2014 conmigo, pero ahora su disposición es muy distinta”, declaraba hace unos días a El Mundo. Un diagnóstico en el que coincide JP Morgan, que incluso ha puesto fecha a tal circunstancia: 2019. La fuerza de Escocia, no obstante, se ve seriamente limitada por una población que tan solo alcanza el 8% del electorado del Reino Unido. El SNP es la tercera fuerza política en Westminster con 56 de los 59 escaños que se reparten en la región pero no tiene la mayoría absoluta –la roza, eso sí– en Holyrood.

Habrá que estar muy atentos a la labor de lobby que Sturgeon y los suyos son capaces de hacer entre los estados miembros de la UE. Por lo pronto, la PM ha anunciado que invitará a los diplomáticos comunitarios instalados en Escocia a una reunión en su residencia oficial de Edimburgo y que creará una comisión de expertos en finanzas, leyes y diplomacia para aconsejar a su Gobierno sobre las opciones de mantener su estatus como miembro de la Unión Europea. El diario The Guardian advertía hace unos días de lo numerosa que es la delegación diplomática en Edimburgo, que incluye cónsules de las principales potencias internacionales y por supuesto de países comunitarios.

El momento es bueno para la política escocesa dada la debilidad no ya solo del Ejecutivo británico con un David Cameron dimisionario y sin que se conozca quién va a sucederle en el liderazgo de los tories –con uno de los más firmes defensores del Brexit fuera de la carrera, Boris Johnson– sino también del laborismo, dividido entre los que cuestionan y los que aún apoyan a Jeremy Corbyn. Por no hablar de la sorprendente dimisión de Nigel Farage al frente del gran vencedor del Brexit, el conservador UKIP. Puede, como ha comentado la BBC, que Sturgeon no tenga aún una clara hoja de ruta sobre cómo alcanzar sus objetivos, pero sí parece saber hacia dónde ir y su notoriedad sube como la espuma mientras que los principales líderes británicos parecen noqueados e incapaces de afrontar la situación.

Por eso, uno de los principales movimientos de la PM ha sido poner sobre la mesa la posibilidad de convocar un segundo referéndum. Ha declarado que su gabinete trabaja en dotarse de las medidas legislativas oportunas para poder incluirlo en su agenda cuando sea preciso, sin dejar de intentar concitar el apoyo de los laboristas y los tories escoceses, que suman entre los dos 54 escaños en la Cámara de Holyrood, frente a los 63 del SNP. Algo para lo que cuenta con el apoyo de medios como el Glasgow Herald, que justificó en un editorial el derecho de Sturgeon a explorar esa opción.

Su intención es llevar a cabo el referéndum en un plazo de dos años durante los cuales Escocia habría negociado una suerte de asociación con la UE que no significara su abandono. Se trataría de mantener los lazos con Europa mientras se pone en marcha el camino hacia la independencia, una eventualidad que no tiene precedentes en la historia de la Unión, que jamás ha rubricado acuerdo alguno con un territorio de un estado miembro que le conceda un estatus diferente al de aquel del que forma parte. Sí se dio el caso del abandono de Groenlandia en 1984 como protesta a sus políticas de pesca, pero se trataba de una región autónoma de Dinamarca y existen islas con un régimen especial de pertenencia o que no están en la UE –como es el caso del archipiélago danés de las Faroe–aunque siempre integradas en los países comunitarios.

El tiempo, en fin, señalará vencedores y vencidos e iluminará una situación que ahora mismo parece casi tan oscura como la escenografía que Emilio Sagi ha ideado para Los puritanos. La versión de la ópera que ha coproducido el Real es correcta y va de menos a más, al compás de los intérpretes, pero le falta garra tanto en la dirección musical de Evelino Pindò como en la de escena, en particular en la primera parte. Muy destacable, eso sí, la actuación de la soprano Venera Gimadieva, más brillante que el tenor Celso Albelo. En cuanto al segundo reparto, a cuya representación me correspondió acudir. Diana Damrau, Javier Camarena y Annalisa Stroppa aparecen en el primero y lo convierten, a priori, en más atractivo, pero nunca se sabe.

Foto: Javier del Real.

Foto: Javier del Real.

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