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Los tontos de Europa

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Los tontos de Europa 1

Volvíamos de las vacaciones los cuatro amigos de siempre y lo hacíamos con las caras más largas que nunca, aunque algo más morenas, eso sí. Maldecíamos tener que volver a nuestros respectivos puestos de trabajo, pero agradecíamos tenerlo. “Al menos podemos permitirnos tomar estas cervezas”, dijo uno. “E incluso librar un día a la semana”, apuntó otro. Intentábamos medicarnos con tópicos optimistas nuestra depresión posvacacional. Ya casi lo teníamos, nos empezábamos a convencer de que hay quien se encuentra en peor situación, pero al tercero de nosotros se le ocurrió decir que “somos los tontos de Europa”, y que lo seremos por mucho tiempo si seguimos consolándonos con el mal de muchos.

“¿Qué dices?”, preguntó el que libraba un día a la semana. “Pues que somos los tontos, los parias de Europa. Nos estafan por todos los lados. Nos mean y dicen que llueve. Nos dicen que la cosa va mejor, y sí, es cierto… ¡pero mejor para ellos!”, respondió. Paranoico perdido, comenzó a decir: “Pensad, si no, en el rescate bancario. El Banco de España calculó que las ayudas públicas del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria, el FROB, suman más de 56.000 millones de euros. Un dinero que hemos puesto nosotros, los españoles. ¿Y qué pasa? Que el Banco de España da por perdidos más de 42.000 millones”.

“Pero hombre, no seas ‘anarcorojo’, un país no puede funcionar sin su sistema bancario. Es lo que hay, al menos ya podemos decir que estamos viendo los brotes verdes”, resolvió el primero. Resoplando, nuestro incómodo y rebotado colega preguntó que quién ha recogido esos brotes, pero justo cuando yo iba a decir algo, me cortó: “¿Sabéis quiénes se han recuperado de verdad? Los ricos. El número de supermillonarios, es decir, aquellos cuyo patrimonio supera los 30 millones de euros, ha crecido un 23,9 % desde finales de 2012, según cifras de la Agencia Tributaria”.

Menos mal que no abrí la boca. “Bueno, pero no tengas la piel tan fina, hombre. Sin duda, estamos mejor ahora que hace seis años, al menos ya no hay tanto paro. A todos nos gustaría ganar algo más, ya cambiará la situación y mejoraremos todos”. Así trataban de calmar sus ánimos, pero no tuvo éxito. En España nos torean, dijo, desde todos los ámbitos. Después de mencionar la cantidad de dinero público que se cuela por el desagüe de la corrupción, relató varios ejemplos de lo que significaba para él eso de “ser los tontos de Europa”.

Entre sus argumentos, recuerdo que dijo que los españoles recibimos un sueldo medio que supone “menos de la mitad del de los países con salarios más altos en Europa”. Aseguró que, mientras en Noruega el salario medio es de 61.680 euros, en Luxemburgo de 55.552 € y en Dinamarca de 54.416 €, en España esa cifra se sitúa en los 26.259 € anuales brutos (la información la sacó de aquí). Por supuesto, ninguno de nosotros llega a esa cifra, así que este punto nos dolió bastante. También dijo algo sobre la estacionalidad del empleo en España: “El porcentaje de empleados temporales sobre el total de empleados en 2016 es del 26,5 %, solo superado por Polonia (26,7 %); por tanto, tenemos la segunda mayor tasa de temporalidad de todos los países de la Unión Europea” (ver). El que libraba un día a la semana, que tan feliz se encontraba de estar con nosotros, trabaja en la hostelería, el sector de oro de la temporalidad. Se le nubló el rostro repentinamente.

Como no teníamos unas tapas decentes –es lo que tiene ir a bares de mala muerte– comenzamos a comernos la desazón. Mientras, nuestro amigo agorero, seguía a lo suyo: “¿Ya no os acordáis de cuando, a comienzos de año, el precio de la luz no dejaba de subir? Pues que sepáis que es porque tenemos la tercera electricidad más cara para los hogares antes de impuestos. Además, también somos los que más pagamos por la tarifa de telefonía fija e internet. ¿Queréis saber cuánto? Un 24 % más que de media que los principales países de Europa (Reino Unido, Francia, Italia y Alemania)”. Ahí sí que nos había dado a todos, con lo que nos gusta navegar por internet… (ver)

Y justo cuando ya nos íbamos, después de que cada uno pagase religiosamente su parte de la cuenta, va y nos habla de los alquileres. “Que sepáis que vivís en una ciudad, Madrid, donde se requiere hasta el 40 % del sueldo para pagar un alquiler” (aquí la información). Cada uno se fue a su casa con la sensación, efectivamente, de que algo no va bien, como si fuésemos un poco tontos.

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