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¿Modificar el sistema electoral? Sobre las elecciones a dos vueltas

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Sistema electoral a dos vueltas

El pasado sábado se constituyeron los ayuntamientos de toda España. Una vez más, quedó claro, en la mayoría de los casos, que los intereses de partido y las ambiciones personales adelantaban por la derecha al interés general. Por ello, resulta lógico y normal que en ciertos círculos políticos y académicos brote la idea de modificar el sistema electoral vigente para implantar un modelo a dos vueltas.

Aquellos que demandan esta modificación, en parte defensores desde hace muy poco de que gobernase la lista más votada, una fórmula que privaría al PP de gobernar la Comunidad y el Ayuntamiento de Madrid, optan por implantar el modelo únicamente en los comicios municipales (de hecho, solo podría realizarse en estas elecciones). En este artículo de 2015 publicado por La Razón recuerdan cómo el expresidente Mariano Rajoy planteó en su día que para las municipales debería gobernar la lista más votada.

El sistema a dos vueltas es mayoritario y no proporcional, por lo que su aplicación a las elecciones españolas precisaría una revisión constitucional. El Artículo 62.2, referido al Congreso de los Diputados, impone criterios de representación proporcional en la elección. Por otra parte, el 152.1, que se refiere a las Asambleas Legislativas de las CC. AA., dispone que serán elegidas mediante un sistema de representación proporcional que asegure, además, la representación de las distintas zonas del territorio.

El artículo 140, referido a los Ayuntamientos, es algo más abierto: los concejales serán elegidos por los vecinos mediante sufragio universal y los “alcaldes serán elegidos por los concejales o por los vecinos”.

Sistema electoral no aplicable a las generales ni a las autonómicas

Echemos un vistazo a los sistemas mayoritarios a dos vueltas. Estos, en funcionamiento en los sistemas británico y francés, se basan en la división del territorio en distritos uninominales, es decir, en circunscripciones en que se elige a un solo representante de los varios que se presentan. Si en primera vuelta uno de ellos logra la mayoría absoluta, queda automáticamente elegido; si no, se celebra una segunda votación entre los dos mejores situados.

Este sistema no se puede aplicar en los comicios generales ni en los autonómicos, pero sí parece aplicable en los ayuntamientos, si bien es cierto que podría engendrar un modelo híbrido poco manejable. Por tanto, la redacción del artículo 140 permite la elección directa de alcaldes: un modelo presidencialista, superpuesto a la formación de una corporación municipal “elegida mediante sufragio universal, igual, libre, directo y secreto”.

Esta designación directa de alcalde podría llevarse a cabo por el sistema a dos vueltas. De este modo, se obtendría algo similar a un presidente de una corporación que, como sucede en los sistemas presidencialistas, debería compartir el poder normativo con la corporación, que estaría formada como hasta ahora. Hay diferentes maneras de organizar este dualismo, y una es seleccionando en primera vuelta a los concejales y realizando una segunda votación entre los líderes de los dos o tres grupos mayores para designar al alcalde.

Si el regidor no tiene suficiente apoyo, el bloqueo no se podrá evitar y el ayuntamiento nadará en el caos

Si el regidor no tiene suficiente apoyo, el bloqueo no se podrá evitar y el ayuntamiento nadará en el caos. Por otra parte, parece lógico que en este presidencialismo el alcalde va reforzados sus poderes y participe como colegislador junto a la corporación en la toma de decisiones y elaboración de normas, para lo que habrá que revisar la Ley de Bases de Régimen Local.

Es necesario acentuar la disposición a la negociación y al pacto en lugar de diseñar fórmulas que deleguen esta tarea en los ciudadanos. Son los partidos los que están obligados a entenderse y a renunciar a sus intereses particulares para conseguir la gobernabilidad pensando en la mayoría de los ciudadanos.

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