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Mujeres, hombres y diferencias

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Mujeres, hombres y diferencias 1

En plena resaca por los sucesos acaecidos esta semana en España, nos reunimos, como siempre, mis tres amigos y yo, cansados de una nueva semana gloriosa y plagada de éxitos. No podemos cargar con tanta felicidad. Aunque el panorama patrio se esté poniendo gris, a nosotros lo que de verdad nos preocupaba en ese momento era discutir sobre Piqué y su excesivo uso de la libertad de expresión. Tres de nosotros llegamos a la conclusión, después de escuchar al gran Manu Carreño en la Cadena Ser, de que la libertad de expresión de Piqué termina donde empiezan sus medias azules, las que viste con el combinado nacional. “A ver si aprende de Rafa Nadal”, dijo uno de nosotros, al que más le duele España, mientras pedía otra cerveza. Cuando se nos acabaron los temas de conversación, el más insoportable de nosotros comentó, sin venir a cuento, que las mujeres siguen teniendo un papel secundario en el mundo, que vivimos “en una sociedad machista”.

“Pero, ¿a qué viene eso?”, preguntó el patriota. “Viene a que… –hizo una pausa dramática, mirando fijamente nuestras bebidas– las cervezas, por ejemplo. Es un invento que se lo debemos a la mujer. El otro día leí que, según la historiadora inglesa, Jane Peyton, este elixir de la buena vida se remonta a las épocas antiguas de Mesopotamia y Sumeria, hace más de siete mil años. Aquellas mujeres eran las únicas capaces de producir y preparar la cerveza. Incluso se pensaba que la cerveza era un regalo generado por la diosa Ninkasi”.

“¿Y solo por eso ya vivimos en una sociedad machista? No sé quién inventó lo que fumas, pero deberías dejarlo”, comentó el tercero de nosotros, que hasta ahora había permanecido al margen de la conversación. “En realidad, quiero ir algo más allá, esto era tan solo un exordio”, dijo, elevando el tono, el insoportable. Ahora que tenía nuestra atención, o, al menos, la de los otros dos, ya que yo tuve que buscar en Google qué era eso del ‘exordio’, continuó con su discurso: “Estos últimos días se han estado entregando los Premios Nobel de Medicina, de Física, de Química y de Literatura. Como probablemente no sabréis, todos los ganadores han sido hombres. Repasando un poco los datos, me he dado cuenta de que los galardonados, desde 1901 a 2016, han sido en su inmensa mayoría hombres: de los 911 reconocimientos concedidos, solo 49 lo han recibido mujeres, un 5,4 %. El Nobel de Economía, que comenzó a entregarse en 1969… tan solo ha sido otorgado a una mujer”.

“O sea que ‘exordio’ significa preámbulo de un razonamiento”, pensé para mis adentros mientras ponía cara de “oh, dios mío, qué injusto eso que nos cuentas”. “Pero eso no es machismo ni nada que se le parezca”, comenzaba su argumentación el patriota, “es meritocracia, ¿no? Quiero decir: si un hombre descubre la vacuna contra el cáncer o el bosón de Higgs, es más lógico que sea premiado este y no una mujer que realice un mérito inferior”. Este juego dialéctico parecía empezar a tener un claro ganador, pero su contrincante no iba a tirar la toalla. “A eso me refiero, precisamente. Por supuesto que defiendo la meritocracia. No estaríamos como estamos si los altos cargos ocupasen esa posición por méritos propios. En cualquier caso, volviendo al tema que nos atañe, lo que creo es que la mujer siempre ha tenido un papel secundario, siempre se le ha dejado a cargo de los niños o de la casa, y por eso no han sobresalido. Ahora, afortunadamente, hemos avanzado algo, pero sigue sin ser suficiente. Yo, por ejemplo, he pasado por dos colegios, un instituto y una universidad y siempre, sin ninguna excepción, la primera de la clase era una chica”, dijo.

Nuestros ojos miraban a aquel orador que no tocaba su cerveza, pero nuestras mentes se hallaban lejos de aquel bar, al menos la mía, que trataba de recordar quiénes eran los más brillantes de las aulas por las que había paseado mi neurona sin pena ni gloria. Y, efectivamente, eran mujeres. “Si no cambiamos algo, las cosas seguirán igual. Ahí va otro ejemplo: en Estados Unidos hay menos compañías dirigidas por mujeres que por hombres llamados John. No creo que esto sea del todo justo. Como tampoco creo que sea de recibo la ridícula prima que recibieron las integrantes del Atlético de Madrid femenino por ganar la Liga Iberdrola: 54 euros por jugadora. Vale, vosotros me diréis que el fútbol masculino mueve y genera más dinero, pero también es cierto que la irrupción de la mujer en el fútbol ha sido mucho más tardía porque ellas se dedicaban a otras cosas. Quizá, si hubiese sido de otra manera, si a las mujeres se les hubiese permitido desarrollarse profesionalmente desde hace muchos años, ahora no tendríamos que estar hablando de esto. ¿Están cambiando las cosas? Esperemos que así sea. Por nuestras parejas, por nuestras hermanas, por las niñas que vendrán”, finalizó.

Y así acabó la tarde. Pagamos, nos fuimos y deseamos que los próximos Premios Nobel estuviesen plagados de mujeres galardonadas para que nuestro amigo no nos diese nunca más el coñazo con este tema.

analytiks

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