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No puede haber terceras elecciones: el Rey debe tomar parte activa en la concertación de voluntades

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Elecciones 10N

Los presagios se han cumplido tras las elecciones de este 10N. Las tendencias se han confirmado. A babor, el PSOE mantiene trabajosamente su hegemonía, en tanto a estribor el PP sube sin salir de la irrelevancia y las tres formaciones de derechas no suman suficientes escaños para sugerir la pretensión de gobernar, VOX crece a un ritmo que amenaza el predominio del PP en su espacio político, Unidas Podemos experimenta un nada desdeñable descenso que compromete su futuro, Ciudadanos se desvanece como un azucarillo en un vaso de agua, Errejón se suicida políticamente y la izquierda —nacionalista y no nacionalista— tendría que sumar sus votos para entronizar al líder socialista, que encabeza la formación más votada, que queda sin embargo desairada y al borde del ridículo al no haber sido capaz de mejorar su posición. Pobre balance de unas elecciones que se han celebrado por la incapacidad de las fuerzas progresistas para acordar una fórmula de gobierno.

Lo grave es que hasta ahora estaba en juego la gobernabilidad —los gobiernos en funciones tienen escaso margen de maniobra— pero, con la llegada de la ralentización, que podría convertirse en recesión, se está poniendo además en riesgo la prosperidad, toda vez que, dada la escasa capacidad del Banco Central Europeo para emprender políticas expansivas (ya estamos con tipos de interés negativos), la caída de la actividad requiere medidas keynesianas de política económica, que no podrán adoptarse en las circunstancias actuales (Alemania, sin ir más lejos, prepara 40.000 millones de euros para salir de la leve recesión en que se ha sumergido). Por eso, por la urgencia de tener un gobierno capaz de enfrentarse a la crisis, a partir de ahora también estará en riesgo el sistema, que si fracasase, se demostraría incapaz de funcionar con los mimbres políticos que la ciudadanía le proporciona.

Aunque en Cataluña no ha sucedido lo que muchos temíamos —una nueva eclosión de violencia y fuego, encaminada a dificultar las votaciones y a exacerbar a la opinión pública española—, es muy difícil, por no decir imposible, que el PSOE pacte la investidura con UP —que ahora exigirá la presencia de Pablo Iglesias en el futuro gobierno—,  con el PNV y con una fracción del nacionalismo catalán.

Escenarios tras las elecciones

Tampoco es sencillo que el PP, que acaba de firmar un desconcertante acuerdo con VOX para ilegalizar a los partidos independentistas en un gesto humillante de sumisión de la derecha democrática al fascismo, concierte con el PSOE un pacto de supervivencia que consista en dejar gobernar en cada caso al más votado (como ya hizo González en 1996 con Aznar, por cierto), a cambio de unos pactos genéricos de Estado (reforma del Estado autonómico y de la LOFCA, gran pacto educativo consensuado, estabilización de la Seguridad Social, etc.)

Así las cosas, el magma pastoso del bloqueo nos envuelve de nuevo, y si nuestros estadistas no elevan el nivel y se cargan de magnnanimidad, nos encontraremos de nuevo abocados a unas terceras elecciones, algo que este país no se puede permitir.

Llevamos cuarenta años preguntándonos qué quiere decir exactamente que el Rey de España, jefe del Estado, “arbitra y modera el funcionamiento de las instituciones”. Pues bien: quizá ya sea hora de que esta misión incluya la de conciliar voluntades para conseguir el consenso que nos saque del atolladero. La neutralidad del Monarca no peligrará si don Felipe decide sentar a los líderes políticos en torno a una mesa durante el tiempo que haga falta hasta que decante una fórmula de gobernabilidad. Aunque tal fórmula suponga el sacrificio político de los propios líderes, que serían en este caso sustituidos por otros más flexibles y dispuestos al sacrificio personal.

Muchos entendimos las razones que desaconsejaron un pacto de izquierdas que, con el conflicto catalán exacerbado, hubiera saltado por los aires en cuestión de días; ahora, ya no hay justificación para que se lleven a cabo las necesarias transacciones hasta conseguir una mayoría. Y, si es necesario, la Corona tendrá que implicarse en esta situación límite, cuya única alternativa es ya el abismo.

Iberia Alexa
Antonio Papell
Director de Analytiks

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