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No tiene por qué salir mal la coalición entre PSOE y Unidas Podemos

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Pablo Iglesias pacto PSOE

Como estaba previsto, Sánchez no ha sido investido a la primera porque no ha contado con la mayoría absoluta de los diputados (124 votos a favor; 52 abstenciones; 170 en contra). Pero a pesar de la crisis desencadenada entre Iglesias y Sánchez al final de la primera jornada, cuando ambos se tiraron recíprocamente los trastos a la cabeza, la opción de que la investidura prospere el jueves, ya por mayoría simple, continúa intacta. Sólo falta que el sentido del Estado de los dos contendientes/potenciales socios predomine sobre los egos respectivos. Y si no se es supersticioso y no se cree por tanto ciegamente en la célebre Ley de Murphy —si algo puede salir mal, saldrá mal—, no es inevitable que la fórmula de una coalición PSOE-UP resulte una catástrofe.

Un sector de opinión, al que pertenece al arriba firmante, cree que, con los mimbres parlamentarios de que se dispone, lo ideal hubiera sido una fórmula de gobierno a la portuguesa: gobierno monocolor del PSOE, basado en un pacto programático muy bien elaborado y sólido entre PSOE y Unidos Podemos, que podría complementarse con otros acuerdos con las demás minorías.

Pero para que varios actores acepten realizar una representación, debe haber primero voluntad de ello, y en este caso la formación de Pablo Iglesias no acepta el modelo, que es también el que acaba de implantarse en Dinamarca: el líder de Unidas Podemos quiere una verdadera coalición, pretensión a la que es difícil negarse cuando se piensa que UP tiene 3,73 millones de votos y 42 escaños, frente a los 7,48 millones de votos y 123 escaños del PSOE. Es decir, el segundo partido obtuvo la mitad del apoyo logrado por el primero, aunque tan sólo disponga de la tercera parte de los escaños.

De la hipotética coalición, la clave es la presencia de Iglesias

En la hipotética coalición que ha reclamado con insistencia desde el primer momento, el elemento clave era/es/será la presencia de Iglesias en el gobierno, que, en nuestro poco avezado sistema parlamentario, hubiera resultado muy difícil de gestionar. No hay normas en la democracia parlamentaria de nuestro entorno, pero de nuestra Constitución se infiere que el Presidente es el actor políticamente relevante que encarna el Poder Ejecutivo: “dirige la acción del Gobierno y coordina las funciones de los demás miembros del mismo” (Art. 98.2 CE). Y “los demás miembros del Gobierno serán nombrados y separados por el Rey, a propuesta de su Presidente”.

De este planteamiento se desprende que un gobierno de coalición no podría ser un ente bicéfalo que crearía disfuncionalidad; la coalición ha de ser previa y externa al Gobierno, ya que en este la jerarquía presidente-vicepresidentes-ministros es rigurosa, y se manifiesta en la potestad presidencial de designar y nombrar libremente a todos los miembros del gabinete. Por si valen de algo los precedentes, en la época del pentapartito italiano (1981-1991), de infausto recuerdo por cierto por la corrupción que caracterizó a aquel periodo, los primeros espadas —Andreotti, Craxi, De Mita, Forlani, etc.— ocupaban por turno la jefatura del gobierno, y se mantenían al lado en los periodos intermedios.

Evitar equívocos e incongruencias

En nuestro caso, la coalición parte de la evidencia de que entre PSOE y UP hay afinidades y desafinidades, por lo que es muy importante confeccionar un programa de gobierno que evite equívocos e incongruencias. Programa que no sólo ha de incluir lo que vaya a hacerse sino lo que no se abordará en ningún caso, así como el sistema que vaya a utilizarse para que la opinión gubernamental sea diáfana en los asuntos en que haya conflicto, como es la cuestión catalana, la acomodación de la política económica a las reglas de Bruselas y la política exterior en los aspectos más sensibles.

La acomodación de los dos partidos a una disciplina no va a ser fácil, tanto por el ego de los dos líderes como por la inexperiencia de todos en estas lides

Nadie ha dicho que la acomodación de los dos partidos a una disciplina recíproca vaya a ser fácil, tanto por el ego notorio de sus líderes cuanto por la inexperiencia de todos en estas lides, pero es absolutamente necesario intentarlo y resultaría dramático que no se tuviera éxito en la intentona. A fin de cuentas, frente a todas las diferencias conocidas, PSOE y UP tiene objetivos y convicciones comunes: entienden el papel subsidiario del Estado allá donde falla la equidad, son partidarios de mejorar y potenciar los grandes servicios públicos, creen en valores como la solidaridad, la laicidad, la igualdad, etc. y combaten con el mismo énfasis el racismo, la homofobia, cualquier fórmula de discriminación…

Sobre esta base, es perfectamente posible que, si cuaja la fórmula, el país aproveche los cuatro años de la legislatura para dar un gran salto en el camino de su modernización, así como en la obtención de ciertos consensos —el educativo— que todavía o se han logrado en cuarenta años de democracia. Sería absurdo no ponerse al trabajo con ilusión.

Iberia Alexa
Antonio Papell
Director de Analytiks

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1 Comentario

  1. Yo no se si el sector de opinión del Sr Papell se plantea que los objetivos de estos dos partidos que conformarían el nuevo gobierno (utópico uno y corrupto otro) no van a servir para catalizar la desintegración de nuestro País . El artículo tiene intenciones tranquilizadoras que son respetables pero cimentadas en arcillas expansivas. Ojalá el nuevo gobierno consiga cambiar en la Cámara entre otras la Ley de Murphy.

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