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Repetir elecciones: vuelve el bipartidismo

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Bipartidismo. Repetición de elecciones

Aunque Pablo Iglesias se atrevió a sugerirlo, el presidente en funciones no quiere segunda vuelta en septiembre y al decidir la fecha de la investidura para el próximo día 23, traslada la presión al resto para desbloquear el horizonte político durante el mes de julio con los mismos protagonistas de la moción de censura, un bloque que no garantiza la gobernabilidad, seguimos con los presupuestos y la reforma laboral de Rajoy, mientras Ciudadanos y PP practican el acoso y derribo en defensa de la unidad de España.

Bipartidismo, pasando por la repetición de elecciones

Se llegó a decir que era fundamental acabar con el bipartidismo para asegurar la democracia en España. Era el momento en que emergían dos nuevas fuerzas políticas, Podemos y Ciudadanos, para disputar el voto de los dos partidos, PSOE y PP, que se habían turnado en el ejercicio del poder en nuestro país.

Si la Transición había creado las condiciones para normalizar la vida democrática del país, los dos nuevos partidos aparecieron como figuras rutilantes que atraían el interés de la sociedad y, en ocasiones, el estupor de algunos ciudadanos en el centro de una atención inusitada de los medios de comunicación.

Tras una larga y profunda crisis económica de consecuencias gravísimas para el conjunto de la sociedad, en especial para las clases medias menos favorecidas, los nuevos partidos se presentaban como salvadores de una situación muy deteriorada en la que era urgente la regeneración y uno de los grandes alicientes era acabar con una interminable lista de casos de corrupción que generó un rechazo público generalizado.

Bipartidismo y estabilidad

Este es el escenario al que hemos llegado, pero después de cuatro años de parálisis y falta de entendimiento, por no hablar de la bisoñez e inexperiencia de los nuevos líderes a la hora de negociar o de ponerse de acuerdo, los ciudadanos vuelven a mirar el formato del bipartidismo como un modelo en el que, al menos, la gobernabilidad y una cierta estabilidad se presenta como deseable. Estamos por tanto ante el deseo general de un revival político que nos facilite una cierta comodidad a la hora de elegir en cada momento la opción menos mala, por utilizar una de las mejores definiciones de la democracia.

Tampoco exageremos y tengamos algo de memoria, porque la democracia española ya se apoyó, en un modelo de cuatro actores en las primeras elecciones tras la dictadura franquista, contando con dos partidos, uno de centro derecha, la Unión de Centro Democrático de Adolfo Suárez, el artífice que dirigió los años de consenso para aprobar la Constitución del 78; mientras que el líder conservador Manuel Fraga encabezaba la opción más de derechas, Alianza Popular.

Por su parte, el Partido Socialista Obrero Español y el Partido Comunista eran las dos fuerzas que se disputaban el voto de izquierdas. El equilibrio era imperfecto porque el Congreso de los Diputados lo conformaban además las minorías catalana y vasca, que tuvieron siempre una gran influencia, con unos y con otros.

Aquel modelo de cuatro formaciones políticas de carácter nacional se vino abajo por el hundimiento de la UCD, la marginalidad del PCE primero y de Izquierda Unida después, para dar paso a las mayorías absolutas de PSOE y PP, alternando gobiernos de ambos partidos sustentados en un equilibrio imperfecto por los nacionalistas.

¿Se repite la misma situación?

La diferencia con la situación actual estriba en un hecho sustancial. En los inicios de la democracia, todos supieron anteponer el interés general al partidista y el resultado fue una brillante arquitectura que ha permitido cuatro décadas de convivencia y concordia en torno a una Carta Magna que, a pesar de sus aristas mejorables, es homologable al modelo de los estados más avanzados del mundo.

Después de dos meses transcurridos desde la última consulta electoral, los partidos han avanzado poco o nada para conformar un nuevo ejecutivo que gobierne y se responsabilice de la cosa pública. Un equipo que impulse las reformas imprescindibles.

En un principio, se trasladó el mensaje de la conveniencia de no interferir en las elecciones municipales, autonómicas y europeas; más tarde, en la necesidad de no turbar los pactos en ayuntamientos y comunidades;  finalmente, se recuerda que debe ser julio el momento, pero eso sí, buscando una fecha de final de mes, añadiendo que podría no haber otra opción en septiembre, utilizando para ello una frase muy didáctica “septiembre es de malos estudiantes”.

Es decir, que o hay investidura en julio o nos vamos a una repetición electoral. En Analytiks ya adelantamos el 3 de junio la posibilidad de unas nuevas elecciones, en el artículo “Pactos o nuevas elecciones”.

Lecciones tras el 28-A: batacazo del PP

Tras las generales del 28 de abril, el retroceso histórico del PP y el avance del PSOE facilitó, voluntaria o artificialmente, crear la imagen de un gran triunfo socialista. Mientras, los dos partidos emergentes no veían cumplidos sus objetivos. Podemos no solo se alejaba aún más del sorpasso, sino que recibía un duro quebranto a sus expectativas; mientras Ciudadanos, aún creciendo, tampoco conseguía alzarse con el liderazgo de la oposición. La repetición de elecciones no les dejaría en una mejor situación.

Con estos mimbres, seguramente los asesores de Moncloa aconsejan a su jefe la conveniencia de no ceder a las exigencias de Pablo Iglesias para entrar en el Gobierno con varios ministros. Y ello por varias razones de peso, intentarían cumplir sus propuestas de aumento de gasto excesivo, lo que no sería bien recibido en Europa y, menos aún, en los mercados internacionales en los que España necesita seguir financiándose, especialmente si se aprueba un presupuesto muy político dirigido a sus bases o, lo que es lo mismo, demasiado expansivo.

Pero con ser este argumento valioso, no es definitivo. Hay otro elemento que ha encendido todas las alarmas entre los gurúes del presidente, cuando han escuchado a Pablo Iglesias su referencia al brazo ejecutor de la moción de censura a Rajoy. Iglesias ha recordado estos días que fue él y su partido quienes “se curraron los votos” para que la censura al PP saliera ganadora. Ahora, es él quien puede forzar la repetición de elecciones.

Unidas Podemos y el acoso de la oposición

Esta es la clave. Junto a Unidas Podemos va unido el voto de los independentistas, en concreto el apoyo de ERC y su líder Oriol Junqueras, juzgado en el Tribunal Supremo y en espera de sentencia. Recuerdan la reunión en casa de Jaume Roures y también las palabras de Pedro Sánchez dirigidas a Junqueras, en su encuentro en la sesión constitutiva del Congreso, que pudo parecer profética: “No te preocupes”.

El presidente en funciones sabe que contar con el apoyo de Podemos, que incluye en el paquete el de ERC, supone ganarse el acoso constante, durante toda la legislatura, de PP y Ciudadanos, que rivalizarán en erosionar al ejecutivo con este material estrella. Estamos ante la clave de bóveda de la investidura fallida y el motivo por el que Pedro Sánchez sería feliz con el apoyo de Ciudadanos. Lo que pasa es que para lograrlo necesita ofrecer a Albert Rivera la vicepresidencia y varios ministerios, los mismos que no quiere ofrecer a Iglesias.

Ahora estamos en el momento crítico. Casado ya ha repetido, esta vez junto al expresidente Aznar, que el PP no prestará apoyo a la investidura de Sánchez. Por tanto, quedan dos alternativas. Una, que Rivera forme parte el Gobierno, lo que ya descartó incluso antes de las elecciones, es decir imposible. Y dos, que Sánchez acepte que Iglesias y varios dirigentes de Podemos entren en el ejecutivo, es decir imposible o, al menos, muy improbable.

Así las cosas, la solución parece fácil, el sueño de los asesores de Moncloa, repetir las elecciones.

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